La tarde de este jueves 1 de octubre, la comunidad de la parroquia Divino Niño del Trigal vivió un hito histórico con la dedicación de su templo y la consagración del altar. La solemne Eucaristía, celebrada a las 6:00 de la tarde y presidida por el arzobispo metropolitano de Barquisimeto, monseñor Polito Rodríguez Méndez, marcó su primera ceremonia de este tipo desde el inicio de su ministerio en la jurisdicción arquidiocesana.
Acompañado en el presbiterio por el párroco local, presbítero Jesús Ramírez Campos, el arzobispo bendijo los frutos de más de un año de trabajo arduo. La intervención arquitectónica incluyó la culminación del presbiterio, la edificación de la nueva pila bautismal y el sagrario, así como mejoras integrales en la fachada, iluminación y áreas verdes. Estas obras se materializaron gracias al compromiso inquebrantable de la feligresía a través de vendimias, rifas y aportes familiares, sumado al respaldo de fundaciones internacionales como Adveniat y Ayuda a la Iglesia Necesitada.
La concelebración eucarística reunió a los presbíteros Daniel Piñango, Humberto Tirado, Remberth Mendoza y al padre José Gregorio Hernández, antiguo párroco del Trigal. La presencia del padre Hernández subrayó la continuidad de la labor eclesial, un aspecto que el padre Ramírez ilustró al final de la liturgia comparando la construcción del templo con una gran torta. “El padre José Gregorio y otros sacerdotes hicieron la torta; a nosotros nos tocó el decorado. Nos quedó bello porque juntos, desde hace muchos años, hemos hecho este camino”, expresó al agradecer el esfuerzo colectivo.
Durante la homilía, monseñor Rodríguez Méndez articuló una visión pastoral centrada en la comunión y la acogida, alineada con el proyecto evangelizador de la Iglesia local. Al explicar el sentido teológico de la unción con el santo crisma sobre los muros y la mesa eucarística, recordó a la asamblea que la verdadera edificación trasciende la infraestructura física y debe reflejarse en una comunidad de puertas abiertas.
“De poco serviría tener un templo hermoso si una persona se sintiera aquí invisible”, exhortó el pastor arquidiocesano. Hizo un llamado directo a la feligresía a consolidarse como “piedras vivas” dispuestas a escuchar la Palabra, acompañar al necesitado y servir desde la pequeñez evangélica. Asimismo, pidió a la comunidad sostener espiritual y pastoralmente a su párroco, trabajando unidos sin rivalidades para consolidar una Iglesia verdaderamente viva y acogedora.
La liturgia alcanzó su cumbre visual y espiritual con la iluminación del recinto y el encendido de los cirios sobre el altar recién ungido e incensado, preparándolo para el banquete eucarístico. El rito selló el inicio de una nueva etapa para los fieles del Divino Niño del Trigal, quienes concluyeron la celebración encomendando el futuro de su parroquia a la protección de la Divina Pastora.