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Arquidiócesis de Barquisimeto

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Misión humanitaria de la Arquidiócesis sigue llevando esperanza a los afectados por los terremotos

Oficina de Prensa – 04  de julio de 2026 –  En su tercer día de despliegue, la misión humanitaria de la Arquidiócesis de Barquisimeto y Cáritas Diocesana atendió integralmente a damnificados en refugios, entregó insumos vitales y acudió al llamado de una madre que implora por la vida de su hijo, atrapado bajo los escombros desde hace nueve días.

‎Manteniendo la estrategia de abordaje simultáneo que ha caracterizado esta movilización sin precedentes, la delegación humanitaria de la Iglesia barquisimetana dividió sus esfuerzos este viernes 3 de julio de 2026. Un grupo de avanzada se adentró en las zonas de Playa Grande y el complejo Hugo Chávez, mientras que el resto del equipo multidisciplinario continuó robusteciendo la atención ininterrumpida desde el centro de acopio base en Catia La Mar.

‎El Santísimo Sacramento recorrió Playa Grande y refugios temporales

‎‎En las áreas más golpeadas de Playa Grande y el urbanismo Hugo Chávez, la jornada estuvo marcada por el consuelo espiritual y la asistencia directa. El Santísimo Sacramento fue expuesto en procesión frente a los edificios colapsados, donde los sacerdotes elevaron oraciones por las víctimas y los afectados.

‎Los misioneros ingresaron a dos canchas deportivas habilitadas como refugios temporales, compartiendo de cerca con las familias damnificadas. En un gesto de profunda fraternidad que trascendió cualquier barrera doctrinal; ciudadanos de diversas confesiones religiosas se sumaron a la Iglesia Católica, uniéndose en un solo clamor de oración comunitaria.

‎Además del acompañamiento, el equipo materializó la entrega de donaciones estratégicas, distribuyendo bolsas de alimentos, insumos médicos, herramientas de construcción para la remoción de escombros, artículos de uso personal y la dotación de dos carpas para el resguardo de familias damnificadas que lo habían perdido todo.

‎Historias de resiliencia en medio de la desolación

‎El trabajo de contención psicológica en el campo permitió abrazar realidades desgarradoras. Entre ellas, el caso de un padre de familia de 32 años que actualmente enfrenta un severo cuadro de afectación emocional tras perder su vivienda. Sin empleo y refugiado en un centro temporal junto a su esposa y sus cinco hijas (incluyendo una bebé de apenas un mes de nacida), recibió asistencia profesional y acompañamiento pastoral por parte del equipo, reafirmando que no están solos en esta lucha.

‎Otro momento de profunda conmoción se vivió durante el recorrido cuando una mujer se acercó a los servidores rogando que el Santísimo Sacramento fuera llevado hasta un vehículo estacionado en las cercanías. En su interior, sus pequeñas nietas aguardaban el doloroso momento de partir para dar el último adiós y cremar los restos de su madre. Allí, frente a tan irreparable pérdida, Cristo se hizo presente como bálsamo para estas niñas.

‎Atención masiva en el sector La Lucha

‎En paralelo, el campamento base establecido en la Capilla San José, en el sector La Lucha (Catia La Mar), experimentó un incremento significativo en la afluencia de ciudadanos. La jornada arrojó un balance altamente positivo en materia de salud pública y bienestar comunitario:

  • ‎49 pacientes atendidos a través de consultas médicas primarias.
  • 16 personas recibieron atención y primeros auxilios psicológicos.
  • Entrega continua de medicamentos y masiva distribución de agua potable para los habitantes de la comunidad.

‎Clamor en redes sociales: Oración de emergencia en la “zona cero”

‎Al caer la tarde, un hecho trascendental movilizó al equipo. A través de las redes sociales, una familia imploró la presencia del presbítero Edward Catarí y del Santísimo Sacramento en una de las zonas de mayor colapso estructural. Su único ruego: pedir a Jesús Sacramentado por el rescate con vida de su hijo Lucas, quien permanece atrapado bajo los escombros desde hace nueve días.

‎Atendiendo al llamado de emergencia pastoral, el contingente se trasladó al lugar a las 7:00 de la noche, elevando una súplica llena de esperanza frente a las ruinas, sosteniendo la fe inquebrantable de una madre que se niega a rendirse.

‎”Señor mío y Dios mío”: La paz del Cristo vivo

‎El tercer día de misión culminó con la celebración eucarística en la comunidad La Lucha presidida por el presbítero Rafael Salas. Durante su homilía, el sacerdote reflexionó sobre el don de la paz que otorga el Señor. Invitó a la asamblea a hacer eco de la experiencia del apóstol Santo Tomás: dejar atrás la mirada catastrófica del Jesús muerto, para contemplar al Cristo vivo y resucitado que trae consigo el gran regalo de la paz, la serenidad en medio de la tormenta.

‎”Por eso, junto a Santo Tomás, hoy reconocemos y decimos con fe en medio de esta prueba: ¡Señor mío y Dios mío!“, concluyó el celebrante, sellando una jornada donde la Iglesia volvió a ser hospital de campaña para el alma y el cuerpo de los guaireños.

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