Oficina de Prensa – 17 de septiembre de 2026 – En un ambiente de profunda fraternidad y alegría, este miércoles 16 de septiembre del presente año, la sede de la Curia Arquidiocesana abrió sus puertas para celebrar la Misa de Apertura y la Lectio Inauguralis del nuevo año lectivo 2026-2027 de los colegios arquidiocesanos. El encuentro logró reunir a más de 200 personas, entrelazando en comunión a docentes, personal administrativo, obrero y directivos, quienes se acercaron con disposición y humanidad para poner en las manos de Dios esta noble e importante misión.
La Sagrada Eucaristía estuvo presidida por nuestro Arzobispo, Monseñor Polito Rodríguez Méndez, acompañado por el Pbro. Dr. Jhonny Zambrano, sacerdote de la diócesis de San Cristobal y Vicario Episcopal de Comunicaciones de la Diócesis de San Cristobal, quien estuvo a cargo de la ponencia central del día; y el Padre Daniel Piñango, representante y coordinador de la educación de los colegios arquidiocesanos. La jornada congregó a la inmensa familia educativa de seis instituciones hermanas: el colegio Nuestra Señora del Carmen, el colegio Diocesano Padre Machado, el colegio Monseñor Benítez, el colegio Madre María, y desde Quíbor, el colegio Nuestra Señora del Valle.
La vocación de transformar vidas
Durante el desarrollo de su homilía, Monseñor Polito Rodríguez compartió un mensaje maravillosamente humano y cercano, recordando que enseñar trasciende el ejercicio de una profesión para convertirse en una verdadera vocación. “Hay profesiones que transforman objetos, pero la educación transforma personas. Y transformar una persona es tocar una obra que pertenece a Dios”, expresó.
Inspirado en la primera carta de San Pablo a los Corintios, Monseñor Polito invitó a los presentes a interiorizar el himno de la caridad como un verdadero tratado de educación, animándolos a cambiar la palabra “amor” por “educador”: el educador es paciente, es servicial, no busca su propio interés, todo lo disculpa, lo cree, lo espera y lo soporta. Asimismo, alentó a los maestros a mirar con los ojos de Cristo y comprender las realidades de cada estudiante, recordando que muchos llegan al aula cargando “un bolso invisible lleno de heridas familiares, soledad, ansiedad o falta de afecto”. En ese sentido, resaltó que la gran tarea del docente es enseñar esperanza y apostar por quienes más lo necesitan.
Formar mentes brillantes y corazones buenos
Un punto central de la reflexión episcopal fue el desafío que representa educar en la actual era digital. Monseñor reflexionó sobre la paradoja de vivir en el tiempo con mayor acceso a la información y tecnología, pero enfrentando profundos vacíos emocionales.
“Google puede ofrecer millones de respuestas, pero solamente una conciencia bien formada puede distinguir entre la verdad y el error. Una inteligencia artificial puede procesar datos, pero solamente un corazón educado puede amar”, enfatizó. Apoyándose en el pensamiento del educador Antonio Pérez Esclarín, concluyó que las instituciones tienen el hermoso reto de no solo compartir contenidos académicos, sino de “enseñar a vivir”.
El pilar de la educación católica
El encuentro también propició un espacio para resaltar la esencia que caracteriza a las escuelas diocesanas. Más allá de entregar un plan de evaluación, el educador católico vive un carisma movido por la evangelización, la empatía y la cercanía. La riqueza de estas instituciones radica en sembrar valores cristianos, cultivar la oración, acercar a los sacramentos y educar para la fe, brindando a los estudiantes la certeza de que son amados por Dios y acompañados por la Virgen María.
El evento concluyó con un hermoso espíritu de servicio, encomendando este nuevo año escolar al Señor, para que, con paciencia y entrega, cada colegio sea un espacio donde la fe ilumine la inteligencia y el amor sea siempre la primera lección.