Oficina de Prensa – 03 de agosto de 2026 – El 1 de agosto en día en que la Iglesia celebra la memoria del doctor de la Iglesia, San Alfonso María de Ligorio, el Arzobispo de Barquisimeto visitó a los padres redentoristas y celebró con la feligresía y ellos la Eucaristía.
En la homilía expresó que con inmensa alegría nos reunimos para celebrar la memoria de San Alfonso María de Ligorio, fundador de la congregación del Santísimo Redentor y maestro de la vida espiritual.
El Obispo saludó con afecto a los padres redentoristas quienes siguen el carisma de san Alfonso y han consagrado su vida a anunciar la redención de Cristo, especialmente a los más pobres y abandonados. Que el ejemplo de su santo fundado de su santo fundador renueve en ustedes la pasión misionera y la alegría del Evangelio.
Saludó también a todos los ministerios de la parroquia quienes con su servicio mantienen viva la fe de esta comunidad y también a toda la feligresía, a la cual agradeció su presencia. Que esta celebración fortalezca nuestra esperanza y renueve nuestro compromiso de seguir a Jesucristo.
La santidad de san Alfonso estuvo en cumplir extraordinariamente bien aquello que Dios nos confía cada día, Él es quien anunció el Evangelio donde nadie quería ir. Comprendió que la victoria del mundo pasa y que la salvación de las almas permanecen para siempre.
Abandonó sus privilegios y se hizo sacerdote pero no quiso quedarse en la comodidad, fue hacia quienes nadie evangelizaba y aquí comprendió algo que marcó su espiritualidad, nadie está demasiado lejos para la misericordia de Dios, por eso fundó la congregación del Santísimo Redentor, porque estaba convencido de que el Redentor había venido para todos, especialmente para quienes se sentían excluidos.
San Alfonso no anunció un Dios lejano, severo o inaccesible, sino cercano, que busca, que perdona y nunca se cansa de esperar; por ello, llegó a ser doctor de la Iglesia y un gran maestro de la Teología Moral, precisamente porque enseñó que la Iey de Dios jamás podrá separarse de infinita misericordia.
San Alfonso se dedicaba a evangelizar con libros, sermones, recorrió kilómetros para predicar y administrar el sacramento de la confesión por muchas horas y enseñando que el corazón de Jesucristo siempre permanece abierto, y es que san Alfonso se hizo fuerte con la gracia de Dios quien lo sostuvo en su ministerio.
San Alfonso fue un soldado de Cristo quien Jamás abandonó la misión, fue un atleta espiritual que nunca dejó de luchar y fue un agricultor paciente que sembró el Evangelio con lágrimas sabiendo que Dios haría crecer la cosecha.
La misión la hace un corazón que sabe conmoverse, quien ya no tiene compasión difícilmente podrá anunciar el Evangelio y san Alfonso no evangelizaba desde un escritorio sino mirando el sufrimiento de la gente, escuchando sus heridas, compartiendo sus lágrimas.
La Iglesia hoy, porque la cosecha es mucha y los trabajadores pocos, sigue necesitando sacerdotes santos, religiosos generosos, familias que eduquen en la fe, jóvenes capaces que digan sí al Señor, catequistas apasionados, laicos comprometidos, laicos qie comprendan que todos somos discípulos misioneros.
El Obispo rogó al fundador de la congregación del Santísimo Redentor, que nos enseñe la pasión por anunciar el Evangelio incansablemente. “Que los padres redentoristas sigan siendo en medio de esta comunidad un signo visible de la abundante redención de Cristo y que cada uno de nosotros se pregunte: ¿a quién me está enviando el Señor para llevarle su amor?
Porque la mejor manera de honrar a san Alfonso no consiste solamente en recordar su historia consiste en continuar su misión”.