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Arquidiócesis de Barquisimeto

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Monseñor Polito Rodríguez preside la apertura del Año Jubilar Coromotano con un llamado a la renovación espiritual y nacional

Bajo el lema "¡Bajo tu manto, Venezuela se renueva!", miles de peregrinos conmemoraron los 374 años de la aparición de la Patrona de Venezuela en la ciudad de Guanare

Oficina de Prensa – 08  de septiembre de 2026 –   En un ambiente de profundo fervor mariano y comunión eclesial, el Santuario Nacional Basílica Menor de Nuestra Señora de Coromoto se vistió de fiesta este 8 de septiembre del año en curso, para conmemorar los 374 años de la aparición de la Madre de Dios en tierras venezolanas. A las 10:00 de la mañana, la solemne Eucaristía y la Gran Peregrinación marcaron el inicio oficial del Año Jubilar Coromotano (2026-2027), un tiempo de gracia concedido a la Iglesia que peregrina en el país bajo la premisa pastoral: “¡Bajo tu manto, Venezuela se renueva!”.

La magna celebración eucarística estuvo presidida por monseñor Polito Rodríguez Méndez, arzobispo de la Arquidiócesis de Barquisimeto, quien estuvo acompañado en el Altar Mayor por una destacada representación del episcopado venezolano. Como anfitrión de la diócesis, concelebró monseñor Oswaldo E. Araque Valero, obispo de la Diócesis de Guanare, junto a monseñor Gerardo E. Salas, obispo de la Diócesis de Acarigua-Araure; monseñor Helizandro Terán Bermúdez, arzobispo de la Arquidiócesis de Mérida; monseñor José de la Trinidad Valera Angulo, obispo emérito de la Diócesis de Guanare; y monseñor Rubén Delgado Carmona, obispo de la Diócesis de San Felipe. Asimismo, la sagrada liturgia contó con la presencia del presbítero Allender José Hernández Bastidas, rector de la Basílica Menor Santuario Nacional Nuestra Señora de Coromoto, acompañado por un nutrido grupo de sacerdotes del clero diocesano de Guanare y de la Arquidiócesis de Barquisimeto, seminaristas, miembros de la vida consagrada y miles de laicos que colmaron el recinto.

El histórico encuentro dio inicio con el solemne rito de la apertura de la Puerta Santa, un gesto litúrgico presidido por monseñor Polito Rodríguez que simboliza el paso hacia la reconciliación, la indulgencia y la misericordia divina para todos los peregrinos durante este jubileo. La rica herencia histórica y cultural de esta advocación se hizo presente mediante los Indios Cospes, quienes rindieron un emotivo tributo a la Virgen con un baile típico indígena. Esta ofrenda recordó los orígenes de la aparición al cacique Coromoto y reivindicó el título de María como la “Virgen de la Familia“, al haber elegido el seno de un hogar originario para manifestarse y dejar su sagrada reliquia.

Durante la homilía, el arzobispo de Barquisimeto dirigió palabras de profundo agradecimiento a la feligresía y al obispo de Guanare por la acogida, para luego adentrarse en el significado espiritual de esta convocatoria eclesial. “Un año jubilar no es solamente cantos, procesiones o actos multitudinarios. No basta con eso; un jubileo es un tiempo de gracia, es una puerta que Dios abre para que su pueblo vuelva a Él”, reflexionó. Monseñor interpeló a los presentes invitándolos a cuestionarse qué es lo que Dios desea sanar en las familias, despertar en los jóvenes y transformar en el corazón de cada ciudadano.

En un llamado a vivir un cristianismo coherente y encarnado, Monseñor Polito Rodríguez, exhortó a la asamblea a revisar sus raíces bautismales: “No basta llevar una cruz en el cuello si no dejamos que Cristo entre en nuestro corazón. ¿Se nota en nuestros hogares que somos cristianos, en la honestidad con la que trabajamos y en cómo tratamos al que piensa distinto? La fe verdadera se convierte en amor, verdad, servicio, justicia y misericordia”.

Con un tono pastoral firmemente arraigado en la realidad nacional, el prelado enfatizó que la devoción mariana no es sinónimo de pasividad ni conformismo. “María no viene a ofrecernos una fe de evasión, no viene a decirnos que olvidemos los problemas ni que crucemos los brazos mientras otros sufren; bajo el manto de María no nos escondemos del mundo, allí encontramos fuerza para asumir nuestra responsabilidad. Un país se renueva cuando sus ciudadanos recuperan la confianza en que vale la pena trabajar, estudiar y producir”. Además, alertó sobre los vacíos de la sociedad actual, pidiendo a los padres bendecir a sus hijos y exhortando a no permitir que los jóvenes crean que el sentido de la vida se reduce al dinero o al número de seguidores, recordando que “la vida se hace grande cuando se entrega por amor“.

En uno de los momentos más conmovedores de su predicación, el arzobispo recordó que, aunque la imagen original de Nuestra Señora de Coromoto es tan diminuta que cabe en la palma de una mano, “en ese pequeño signo, pero inmenso en el amor de una madre, cabe el corazón de Venezuela”. Subrayó que el Evangelio revela a un Dios que es Emmanuel (Dios con nosotros), y proclamó con firmeza: “La última palabra no la tiene el dolor, el miedo ni la división; la última palabra la tiene Dios. ¡No tengan miedo, familia venezolana! No caminamos solos”.

Para finalizar su homilía, el celebrante elevó una oración de intercesión pidiendo que el “agua viva” del Espíritu Santo sane las fracturas del país: “Madre de Coromoto, aquí está tu pueblo. No te ofrecemos una Venezuela perfecta, te ofrecemos una Venezuela real: te ofrecemos la Venezuela que llora, la Venezuela que espera y la Venezuela que cree”.

La solemne Eucaristía, que marca una hoja de ruta de conversión para los próximos meses en todo el territorio nacional, culminó en un ambiente de profundo recogimiento y devoción con el canto del Salve Regina, mediante el cual el clero y el pueblo fiel renovaron su consagración a la Madre Virgen de Coromoto.

 

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