Oficina de Prensa – 17 de julio de 2026 – En el marco de una de las festividades más entrañables y esperadas por el pueblo católico de Lara, la Catedral Metropolitana de Barquisimeto vistió sus mejores galas espirituales la tarde de este jueves 16 de julio para acoger la Solemne Eucaristía en honor a Nuestra Señora del Carmen, patrona principal de esta jurisdicción eclesiástica. La Santa Misa, que inició formalmente a las 6:00 de la tarde, fue presidida por el excelentísimo Monseñor Polito Rodríguez, Arzobispo Metropolitano.
La celebración litúrgica se revistió de una gran solemnidad espiritual. Durante el inicio de su alocución, el Arzobispo Rodríguez expresó con viva emoción que «hoy está de fiesta nuestra Iglesia local por ser el día de la patrona de la Arquidiócesis de Barquisimeto», haciendo memoria agradecida de que la solemnidad del año anterior contó con la distinguida presidencia del Nuncio Apostólico en Venezuela, mientras que la histórica jornada de este año estuvo marcada por las gozosas ordenaciones diaconales acontecidas durante la mañana. Asimismo, el prelado hizo propicia la ocasión para referirse con espíritu pastoral a los problemas estructurales que aquejan a la planta física de la Catedral tras los efectos del sismo registrado en la región, exhortando a la feligresía a perseverar con fe en la restauración de su casa común.
La Liturgia de la Palabra guio de manera mística el mensaje de la velada. La proclamación de la profecía de Zacarías trajo consigo un bálsamo de esperanza y salvación a los presentes, seguido por el canto unísono del Salmo Responsorial que proclamó: «Dichosa tú, Virgen María, porque llevaste en tu seno al Hijo del eterno Padre… Su misericordia llega a sus fieles de generación en generación». Seguidamente, el Evangelio de la Anunciación revivió el diálogo sagrado donde el Ángel proclama que el Espíritu Santo vendría sobre María y que «para Dios nada hay imposible», a lo que la Madre de Dios respondió: «Yo soy la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra». Aludiendo a este texto, el Arzobispo recordó que el Evangelio nos enseña que pasamos a formar parte de la verdadera familia de Jesús cuando vivimos obedientes a la voluntad del Padre.
En su homilía, Monseñor Polito Rodríguez desmenuzó con un hondo lenguaje litúrgico la belleza teológica de la escena de la Anunciación, describiéndola como un sublime e íntimo diálogo entre el Arcángel Gabriel y la joven de Nazaret, escogida desde la eternidad para dar a luz al Salvador de la humanidad:
«El Arcángel le dice: “Alégrate, llena de gracia”. La gracia no es otra cosa sino la mismísima vida de Dios transmitida al ser humano, quien ha sido capacitado por medio de la fe para que acepte libremente este don divino. Ella es la que debe acompañarnos en este camino de la salvación. Ante la natural inquietud de María de cómo habría de suceder esto al no conocer varón, el ángel la conduce con paciencia mediante una catequesis de sencillez: “El Espíritu del Señor vendrá sobre ti y te cubrirá con su sombra”… dándole como signo a su pariente Isabel, porque para Dios nada hay imposible».
El prelado compartió una confidencia de orden personal e íntimo sobre el lema que ha custodiado su propio caminar eclesial, enfatizando el poder de la confianza ciega en los designios del Padre:
«La frase “nada hay imposible” es una máxima que me ha acompañado fielmente a lo largo de todo mi ministerio; la confianza absoluta en Dios es lo que hace posible todo en nuestra existencia. La Virgen María, tras esta excelsa catequesis celestial, no tiene otra opción más que el abandono de fe: “Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra”. Ella se abre de par en par a la gracia divina, y es allí donde contemplamos las obras maravillosas que Dios hizo en su pequeñez. Es Dios en nosotros quien hace realizable aquello que para el hombre resulta imposible».
Finalmente, el Arzobispo Metropolitano recordó que esta misma gracia transformadora que habitó en María se ofrece de manera viva a cada cristiano en el día a día, de forma particular a través de la recepción asidua de los Santos Sacramentos y la meditación de la Sagrada Escritura. Concluyó elevando una plegaria comunitaria para que «María, bajo la advocación del Carmen, nos ayude a comprender la inmensidad de este misterio y nos sostenga como arquidiócesis».