Oficina de Prensa – 20 de septiembre de 2026 – Este domingo 20 de septiembre, del presente año, la devoción desbordó los linderos físicos de la parroquia Sagrada Familia de Los Rastrojos. A las 10:00 de la mañana, un mar de feligreses se congregó para conmemorar un hito eclesial de profunda significación para la comunidad larense: el XVIII aniversario de la elevación de su templo a Santuario Arquidiocesano de El Nazareno.
La masiva asistencia fue tal que el recinto sagrado resultó insuficiente. En una muestra de impecable organización, se dispuso una pantalla led en los exteriores del templo, permitiendo que decenas de familias que no lograron ingresar pudieran vivir, escuchar y participar de la Misa Solemne de Acción de Gracias con perfecta claridad.
La emotiva Eucaristía fue presidida por Su Eminencia, el Cardenal Baltazar Porras, quien estuvo acompañado en el altar por el presbítero Havis Escalona, párroco y rector del santuario, y el presbítero Wilmer Rojas.
El desafío de los 18 años: Un llamado a la acción y a la madurez eclesial
Durante su intervención, el Cardenal Porras ofreció una profunda reflexión pastoral sobre lo que representa alcanzar este decimoctavo aniversario, articulando un paralelismo entre la madurez humana y la eclesial. Fiel al mensaje del profeta Isaías y del apóstol Pablo, recordó a los presentes que la fe exige salir al encuentro de Dios de manera activa, asumiendo compromisos reales en lugar de adoptar una postura pasiva frente a la gracia divina.
Al analizar la evolución del templo, su eminencia subrayó que ostentar el título de Santuario Arquidiocesano no es un mero galardón decorativo, sino una inmensa responsabilidad conferida a una comunidad que fue elegida desde la sencillez. “El Señor nos llama desde lo pequeño y lo humilde. Esta no es la iglesia más grande del estado Lara, esto es Los Rastrojos. ¿Y eso significa ser menos?”, reflexionó el Cardenal ante la asamblea, reivindicando el valor de lo local.
En este sentido, comparó los 18 años de la elevación del templo con el alcance de la mayoría de edad. Utilizando un tono cercano, explicó que así como a un joven adulto se le exige comenzar a producir y dejar de depender exclusivamente de sus padres, a la comunidad de un Santuario se le demanda un salto hacia la madurez espiritual. El purpurado fue enfático al advertir que los fieles no pueden tener una «vocación de acaparadores» que solo buscan recibir favores y bendiciones. Por el contrario, la consolidación de este Santuario exige que su feligresía asuma un rol de servicio constante, transformándose en una fuente inagotable de atención, caridad y entrega hacia el prójimo.
El laicado como protagonista del Santuario
Para el Cardenal, ostentar el título de Santuario Arquidiocesano conlleva obligaciones ineludibles, centradas en la sinodalidad y la acogida. Insistió en que un peregrino no puede llegar buscando consuelo y encontrar “la iglesia cerrada, sucia, o a nadie que le explique nada”.
Haciendo gala de sus memorias como monaguillo en la Basílica de Santa Teresa en Caracas, Porras arrancó sonrisas al recordar sus travesuras infantiles, pero aterrizó la anécdota en una lección de pertenencia: todo miembro de la comunidad, desde la Cofradía del Nazareno hasta el feligrés de a pie, tiene el deber de conocer la historia de su parroquia para saber transmitirla.
Asimismo, destacó el rol cultural y formativo que debe emanar del santuario. Elogió la velada musical celebrada la noche anterior y subrayó la necesidad de multiplicar coros, formar a los jóvenes en la música y generar iniciativas de servicio que le den vida a la parroquia y alejen a la juventud del ocio.
El verdadero rostro del Nazareno
En uno de los momentos más profundos de su reflexión, el Cardenal invitó a no quedarse únicamente con la imagen del Nazareno sufriente. “Muchas veces nos quedamos viendo al Nazareno en el dolor: “¡Ay, lo que sufrió tanto!”, “¡tengan paciencia!”. ¡No! ¿Cuál es el ejemplo del Nazareno? Dar la vida. Lo que no cuesta, no es sacrificio”, sentenció, haciendo un llamado a integrar a todos, sin exclusiones ni prejuicios, a la vida pastoral.
Con fina ironía, aconsejó sobre el trabajo comunitario: “Si van a buscar gente para que se ocupe aquí, no busquen a los desocupados, porque los desocupados nunca tienen tiempo para nada”, desatando las risas de una feligresía que comprendió a la perfección el llamado a la proactividad espiritual.
Una despedida de gratitud fraterna
Antes de la bendición final, el padre Havis Escalona tomó la palabra para extender un saludo fraterno en nombre de monseñor Polito Rodríguez Méndez, Arzobispo de Barquisimeto, quien por compromisos de agenda no pudo estar presente, pero envió su bendición a la comunidad de Los Rastrojos.
El rector del Santuario cerró la jornada con un sentido agradecimiento al cardenal Baltazar Porras, reconociendo el inmenso valor de su presencia: un pastor que, haciendo un alto en su apretada agenda, dedicó su domingo para caminar junto al pueblo larense, celebrar la fe y recordarles que, a sus 18 años, este Santuario apenas comienza su verdadera misión de servicio, puertas abiertas y amor al prójimo.