Oficina de Prensa – 01 de abril de 2026. En un acontecimiento sin precedentes para la fe católica de la región. Quíbor, la capital del municipio Jiménez, celebró este Miércoles Santo una histórica Eucaristía de unidad. Por primera vez en la historia local, las cuatro parroquias del municipio convergieron en un solo punto, la Avenida 4 frente a la Casa de la Cultura “Alí Primera”, para honrar la devoción al Nazareno.
Una procesión de fe y misión
La jornada inició con procesiones simultáneas desde cada sede parroquial. Los fieles de Nuestra Señora de Altagracia, Nuestra Señora de Guadalupe, Santa Rita de Casia y Nuestra Señora de Coromoto caminaron junto a las sagradas imágenes del Nazareno. Un elemento distintivo de este año fue la presencia activa de los misioneros, quienes, desplegados en diversas comunidades y caseríos, acompañaron el recorrido junto a los fieles, simbolizando una Iglesia en salida y constante movimiento.
Clero unido en el altar
La Santa Eucaristía fue presidida por el Excelentísimo Monseñor Políto Rodríguez Mendez, acompañado por un nutrido grupo de sacerdotes que sirven con entrega: los padres Leonardo Arias, Edgar Yépez, Ray Pérez, Juan Márquez y Edwin Giménez, junto a los Padres Misioneros Orionistas.
Durante la celebración, Monseñor expresó su profunda alegría por estar en Quíbor y agradeció a Dios por la labor de los misioneros en comunidades como La Ermita, La Ceiba y El Hato. Dirigiéndose a los sacerdotes, elogió su “entrega fiel y silenciosa”, recordándoles que “todo sacrificio tiene recompensa” y exhortándolos a confiar siempre en la gracia divina.
Homilía: Del corazón de Judas a la humildad del discípulo
La reflexión central de la noche contrastó la fidelidad con la traición. Monseñor, desglosó el misterio del corazón humano a través de la figura de Judas y los discípulos:
“Mientras uno confía, el otro calcula”, señaló el prelado al referirse a Judas, quien, teniendo las condiciones para ser un gran líder, permitió que la avaricia y la ambición desordenara su vida al quitar a Dios del centro. Advirtió que la traición no ocurre en el acto final, sino que germina mucho antes en lo oculto del corazón.
Además, resaltó la actitud de los demás discípulos que, con humildad, preguntaron: “¿Seré yo, Señor?”, invitando a los presentes a verse reflejados en el relato bíblico como una historia de vida actual.
“No estamos solo ante un acontecimiento histórico, sino ante un misterio que nos involucra a todos. No hay neutralidad ante Cristo”, expreso Monseñor, instando a los asistentes a ser discípulos auténticos que sirven sin esperar recompensa.
Llamado a la familia y la ciudadanía
Al cierre de la celebración, el Padre Edwin Giménez invitó a la feligresía a seguir creciendo como cristianos y agradeció el apoyo de los servidores de todas las parroquias, así como a los movimientos Proyecto de Amor, Manos a la Obra y Regnum Christi.
Por su parte, el Arzobispo Rodríguez Méndez, dejó un mensaje final enfocado en el tejido social y espiritual: La Familia como base; enfatizó que el núcleo familiar es la “primera escuela” donde se aprenden valores, principios y el amor a Dios. Instó a los padres a formar no solo creyentes, sino grandes ciudadanos.
Valentía ante el mundo: “No le tengan miedo a Dios. Ténganle miedo al alcohol, las drogas y la pereza”, exhortó, animando a los jóvenes a ser solidarios, buenos amigos y personas de bien.
Bajo el amparo de Nuestra Señora de Altagracia, la comunidad de Quíbor selló esta noche histórica con una renovación de su fe, marcando un antes y un después en las celebraciones de la Semana Santa larense.