Oficina de Prensa – 23 de enero de 2026. En un altar impregnado por el fervor de miles de fieles, en Quibor se celebró este viernes 23 de Enero, el momento cumbre de su identidad espiritual: la visita número 142 de Nuestra Señora de Altagracia a su Templo Matriz. Bajo un cielo cargado de esperanza, la Solemne Eucaristía fue presidida por el Excmo. Monseñor Polito Rodríguez Méndez, Arzobispo de Barquisimeto, quien junto a un nutrido grupo de sacerdotes, diáconos y autoridades locales, guió a una feligresía volcada por entero a la veneración de su Patrona.
La festividad, desarrollada bajo el inspirador lema “Con Altagracia, el Sagrario nos espera”, se convirtió en el epicentro de la jornada. Con la presencia de un nutrido número de sacerdotes no solo realzó la solemnidad del acto, sino que simbolizó la unidad de una Iglesia que camina junto a su pueblo. Asimismo, la atmósfera se vió enriquecida por la armonía de los ministerios de música de la Parroquia Nuestra Señora de Guadalupe, cuyas voces elevaron un himno de alabanza que conmovió a los presentes desde el inicio de la ceremonia.
Durante el momento de la reflexión, Monseñor Polito Rodríguez ofreció una homilía profunda y cercana. Basándose en la liturgia del día, recordó que “nada es pequeño cuando es tocado por la mano creadora de Dios”, explicando que la sabiduría no es un simple sentimiento, sino un don divino que otorga orden y armonía a la vida. En este sentido, advirtió que cuando se excluye a Dios, la existencia se desorienta.
Al abordar el pasaje de las Bodas de Caná, el Arzobispo destacó la sensibilidad de María como intercesora, comparándola con el corazón atento de una madre que sabe llevar las carencias de sus hijos ante Jesús. En consecuencia, exhortó a la comunidad a confiar en la transformación divina: “Jesús, podría hacerlo todo solo, pero quiere contar con nosotros para transformar nuestra escasez en confianza”.
Finalmente, el prelado aprovechó la ocasión para impulsar el Plan Pastoral Arquidiocesano, haciendo énfasis en la caridad que escucha el clamor de los pobres y en una conversión eclesial que supere el individualismo. “Que en Quíbor nunca falte el vino de la fe, de la esperanza y del amor”, pidió con énfasis.
Al concluir la Eucaristía, la emoción contenida estalló en aplausos cuando el lienzo sagrado cruzó el umbral del santuario, bañado bajo una lluvia de pétalos de rosa. Escoltada por más de 60 cargadores y una marea humana de devotos, la “Madre del pueblo” inició su recorrido de 1.5 kilómetros por la avenida Pedro León Torres.
En definitiva, la visita 142 no es solo un evento religioso, sino la reafirmación de un pacto de amor entre Quíbor y su Patrona. Entre el aroma de los nardos y las plegarias susurradas, la comunidad demuestra que, tras más de un siglo de historia, su fe sigue tan vibrante y renovada como el primer día.









