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¿No estoy yo aquí que soy tu madre? La Virgen morena de Guadalupe

Oficina de Prensa – 12 de diciembre de 2025.  Una Virgen que es madre y emperatriz de un continente, esa es la Virgen de Guadalupe.

1537 fue un año de tensiones entre los pueblos indígenas recién descubiertos y la Corona del reino español, que traía entre sus misiones, llevar la fé católica a todos los lugares.

Un indígena sencillo, Juan Diego de Cuahtlatoatzin (en Na que apenas se había convertido al catolicismo, escucha una voz que lo llama y ve a una hermosa señora que le dice que  “es la madre de Dios, del único Dios de todos los tiempos y de todos los pueblos  y que la voluntad de Dios es que se construya una casa para ser honrada en el “cerrito” y poder dar todo su amor a todo ser humano por lo que le pide ser su mensajero y con la sencillez de su fé, comunica el mensaje.

Un pastor que no comprende que en lo sencillo y simple, Dios se manifiesta. Fray Juan de Zumárraga, pide una prueba irrefutable de “esa señora” para poder dar crédito a las palabras del indígena. Unas flores inexistentes en un cerro árido y lleno de pedazos son la prueba que da la madre. Una de inquebrantable de quién sabía no habían flores en ese lugar, pero obediente va  y una manta (tilma) que sirve de bolso para cargar las flores de un suavisimo olor. Y una pintura inexplicable que se forma a los ojos de quienes, rendidos por la dulzura de la imagen, comprenden el mensaje del cielo: ¿No estoy aquí, yo, que soy tu madre? ¿No estás bajo mi sombra y resguardo? ¿No soy yo la fuente de tu alegría?¿No estás en el hueco de mi manto, en el cruce de mis brazos?.

La aparición de la madre, pone fin a los sacrificios humanos que practicaban los indígenas por la conversión masiva que produjo. En la Virgen están representados dos culturas: la europea (la Virgen) y lo mesoamericano: el nähualt (la lengua que habló la Virgen y Juan Diego) el ayate o tilma (ropa tradicional del indígena), la faja de embarazo (propio de la cultura chichimeca). Una reconstrucción de un pueblo que había perdido la esperanza, pensando que sus “dioses” los habían abandonado. Un renacer del agua y del espíritu, a través de la administración de los sacramentos. Un pueblo que transformó su politeismo, en una fe cerrada en Jesucristo a través de la presencia de la madre.

Pongamos nuestras peticiones en este día, en manos de la Virgen morena. Que nuestro ser se vuelque en loores a la madre que nos mira con amor y nos lleva hasta su hijo Jesús, la fuente de agua viva, el camino, la verdad y la vida.  Recordemos hoy las palabras de Santa María de Guadalupe en el Tepeyac: “Que ninguna cosa te afliia, te perturbe..¿No estoy aquí, yo que soy tu madre?.

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