Oficina de Prensa – 18 de julio de 2025. En un emotivo cierre de su visita pastoral a la Arquidiócesis de Barquisimeto, el Nuncio Apostólico, Monseñor Alberto Ortega, manifestó su profunda alegría y esperanza, en un breve encuentro con los medios de comunicación. Sus palabras reflejaron la cercanía de la Iglesia con su pueblo, el amor por la Virgen y la confianza en un futuro lleno de bendiciones.
Monseñor Ortega Martín compartió con los periodistas sus impresiones sobre esta enriquecedora visita. “Estoy muy contento de haber podido visitar esta diócesis en un momento tan especial para la Iglesia y para Venezuela. Celebramos el Año Santo de la Esperanza, un tiempo para renovar nuestra fe y confianza en Dios. Además, también celebramos la imposición del palio al arzobispo, monseñor Polito Rodríguez Méndez, un signo de unión y servicio al Santo Padre. Es una alegría sentir que la Iglesia aquí está viva, participativa, alegre, y con un espíritu de esperanza que nos llena el corazón”, afirmó.
El Nuncio resaltó que durante su estadía pudo apreciar una comunidad eclesial que, a pesar de los desafíos, mantiene un fuerte compromiso con su misión. “He visto una Iglesia llena de vida, con muchos sacerdotes, seminaristas y laicos entregados. La presentación del plan pastoral arquidiocesano es una luz que guiará los próximos años, y uno de los frutos que esperamos es el aumento de vocaciones. La oración sigue siendo fundamental, porque la mies es mucha y los obreros son pocos; por eso, debemos seguir rezando y confiando en la gracia de Dios”, añadió.
Sobre las festividades y devociones, monseñor Ortega destacó la presencia de la Virgen del Carmen y de la Divina Pastora, símbolos de una fe arraigada en la cultura larense. “Es una tierra bendecida, con una devoción profunda a la Virgen”, comentó por la presencia de estas advocaciones en la vida cotidiana de los fieles y resaltó que es un testimonio hermoso de su amor y confianza de los fieles en Dios.
Al ser consultado sobre lo que se lleva de esta visita a Barquisimeto, el emisario del Papa León expresó: “Me llevo esperanza. La alegría, el amor al Papa y la cercanía que he sentido en cada parroquia son signos de una Iglesia viva, llena de fe y de esperanza en un futuro mejor. La Iglesia aquí nos muestra que, pese a las dificultades, siempre hay motivos para confiar en la misericordia de Dios y en la fuerza de la comunidad”.
En relación a los desafíos que enfrenta Venezuela, monseñor Ortega subrayó el papel del diálogo, la colaboración y que la Iglesia invita a todos a mirar como hermanos, a poner en primer lugar el bien común y a buscar caminos de diálogo y reconciliación. Afirmó que la paz no se impone con armas, sino construyéndola desde el corazón. La esperanza no es una ilusión, sino un don de Dios que debemos cultivar en nuestras vidas y en nuestras comunidades.
Respecto a la cercanía con los futuros santos venezolanos, el Nuncio expresó su entusiasmo por la canonización del doctor José Gregorio Hernández y la madre Carmen: “Son ejemplos de santidad accesible, figuras que inspiran a todos a vivir con amor, entrega y fe. La próxima conmemoración del 19 de octubre será un momento de gracia para Venezuela, que celebra a sus santos como modelos de vida cristiana”.
Finalmente, monseñor Ortega envió un mensaje de aliento y esperanza a los venezolanos, reiterando la invitación del Papa Francisco a vivir en comunión, en misión y en paz. Y resaltó además que el Papa León XIV, incluso en su lema episcopal, “En Cristo todos somos uno”, quiere decir que en aquel que es único. Reflexionó en que todos somos uno y que el Papa está insistiendo mucho en la comunión porque es muy importante. “Y unido con esa unión, yo creo que un mensaje muy importante para los venezolanos y para todo el mundo es la misión. Tenemos una misión. Y esa misión no es para unos pocos, no es para los sacerdotes y las religiosas, sino que es para todos los cristianos”. Resaltó que la conciencia de ser misioneros, de colaborar con el plan de Dios allí donde estamos, es lo que va generando el cambio.
“La Iglesia en Venezuela tiene una misión grande: ser testimonio vivo de Cristo en medio de las dificultades. Cada uno de nosotros está llamado a vivir la santidad cotidiana, a construir una sociedad más justa y fraterna, y a promover la paz que solo Dios puede dar. La esperanza no defrauda porque está fundada en la misericordia del Señor, que nos acompaña y nos fortalece en nuestro caminar”, concluyó.
Con esta última jornada, la Arquidiócesis de Barquisimeto cierra un capítulo de encuentro fraterno y esperanza renovada, dejando abiertas las puertas a futuras visitas y a un compromiso aún mayor con la misión evangelizadora en Venezuela. La presencia del Nuncio Apostólico y la devoción a Nuestra Madre, la Virgen María, a través de sus advocaciones dejan en el corazón de todos un mensaje claro: la esperanza y la santidad son caminos posibles para transformar la realidad y construir un país mejor, guiados por la gracia de Dios.