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El padre Nacho se va a la carpa del cielo para el encuentro con el Señor

Barquisimeto, 13 de junio de 2024 – El Pbro. Ignacio Gutiérrez falleció este jueves 13 de junio en la ciudad de San José, Costa Rica, a sus 89 años de edad. El Padre Nacho, como se le conocía, fundó en el sector El Tostao, al oeste de Barquisimeto, la Comunidad Misionera Alegría y Esperanza, en 1980, porque “a los jóvenes y personas en situación de pobreza urge llevar alegría y esperanza”, decía. Nació en Bogotá, Colombia, el 8 de setiembre de 1935. A los 8 años, sus padres encomendaron su educación a los salesianos; de allí la alegría y entusiasmo que recibió en la formación religiosa.

Estudió en la Universidad Salesiana de Turín. Se ordenó sacerdote y comenzó su misión. A finales de 1970, con permiso de sus superiores, organizó el primer Campamento Misionero Juvenil. El “Padre Nacho” materializó, en 1979, el llamado urgente por evangelizar a los jóvenes y personas en condición de pobreza que se hizo en la Conferencia de Puebla, México, y, un año después, aquí en Venezuela, fundó Alegría y Esperanza, el mismo nombre de la Constitución Pastoral del Concilio Vaticano II.

Su propuesta evangelizadora siempre fue puertas afuera, en barrios humildes. El padre Nacho alistaba su “ejército” de jóvenes alegres y buscaban un lugar para instalarse: una escuela, gimnasio o centro comunitario, hasta que un día vieron un circo. Preguntaron al dueño del Circo Acrobático Internacional si les alquilaba la carpa y accedió. Comenzaba la historia de un símbolo.

El Padre Nacho fue mentor y guía espiritual del administrador apostólico de la Arquidiócesis de Barquisimeto, Monseñor Owaldo Araque, quien fue formado en la Comunidad Misionera Alegría y Esperanza; siendo miembro fundador junto a otros compañeros, junto al Padre Nacho y la comunidad naciente, evangelizaron con sus campamentos misioneros sobre todo las zonas del oeste de la Arquidiócesis de Barquisimeto.

Bajo la carpa, ocurrían desde dinámicas, espectáculos de los misioneros, shows de magia, proyecciones de cine, presentaciones de danza, recreación… hasta momentos de oración, cantos de alabanza y la celebración de la Eucaristía, bautismos, confirmaciones y hasta matrimonios. El padre nacho partió al reencuentro con el Señor habiendo realizado su sueño de la iglesia trashumante, caminante, que no se queda en el mismo sitio a esperar a que vengan a buscarla, sino que va a buscar a sus ovejas. “Una carpa de circo es, de repente una iglesia, que camina”, comentó.

El portal costarricense Eco Católico recoge un recuerdo del padre Nacho:  aquel niño que le decía a su papá: “Papá, mira, el circo se volvió iglesia”. Sus Campamentos Misioneros Juveniles se propagaron por Colombia, Nicaragua y Costa Rica. Los misioneros recibían lecciones en campo: ver niños pobres buscando comida o juguetes en la basura o peleas de adultos por algo que encontraran entre desechos.

Desde el 2010, vivió en la Provincia de Guanacaste, en la Diócesis de Tilarán-Liberia, una circunscripción eclesiástica de la Iglesia católica en Costa Rica, con sede en el cantón de Tilarán, y sufragánea de la arquidiócesis de San José.  Desde allí, continuó con su misión y apoyando la propagación del el Evangelio a las periferias. En 2005, fue sometido a una cirugía de corazón abierto y por recomendación médica debía vivir a menor altura; su pueblo en Bogotá está a 2600 m de altura, por lo que se mudó a Costa Rica. Su legado perdurará en semillas que dan como fruto vocaciones misioneras, consagradas o laicas, dispuestas a servir a Dios y al prójimo.

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