Arquidiócesis de Barquisimeto

Artículos semanales de formación, reflexión y espiritualidad.

Volvamos al Siglo XVI

P. Juan Aldaz

12/02/2024

Resulta curioso encontrar en pleno siglo XXI ciertas formas de pensar en algunos católicos (sean clero o laicos), que manifiestan un rechazo, una resistencia casi automática hacia cualquier novedad.

Por eso, invito a que volvamos al siglo XVI.

Estamos en 1.543. El gran misionero jesuita, san Francisco Javier es enviado a evangelizar las lejanas tierras de la India y más allá.

¿Saben qué hacía? Por donde pasaba, después de un tiempo de evangelización, bautizaba, enseñaba las oraciones en la lengua nativa del lugar y luego se marchaba a otra comunidad, dejando allí un encargado (hoy diríamos un ministro laico) que reuniera y dirigiera la comunidad cristiana, hasta que él volviera u otro sacerdote pasara por allí.

¡Y esto en el año 1543!

Gracias a estos laicos encargados, por ejemplo,  la fe católica se mantuvo varios siglos en Japón, después del paso de san Francisco Javier por allí.

Si esta visión pastoral la tuvo un misionero del siglo XVI, no entiendo como todavía hoy (siglo XXI) hay resistencia (en algunos clérigos y también laicos) a estos recursos pastorales, cuando tenemos parroquias tan extensas, tanta necesidad y  un clero, que por más numeroso y santo que sea, siempre será  insuficiente.

Es cierto que el mismo Javier pedía en sus cartas a Europa, que enviaran más sacerdotes a las misiones, (indicando expresamente que no tenían que ser doctores, sino de buena salud, dispuestos a trabajar y obedientes).

No es menos cierto que él mismo se ocupó de fundar colegios para la promoción de las vocaciones nativas, pero no dejó de echar mano y formar a otros ministros laicos cuando lo vio necesario.

No se trata de “celos” ni de “competir”, ni de “clericalizar”, sino de mejor servir a la evangelización. Otra cosa muy distinta es tener ministros laicos cuando no son necesarios, por pura comodidad o adorno.

En conclusión, sin desmerecer la importancia, estima y valor del sacerdocio ministerial, no tengamos temor en promover creativamente las formas ministeriales necesarias para apoyar la fe de las comunidades. Lo hizo un santo misionero del siglo XVI, así que malo no debe ser en el siglo XXI.