Arquidiócesis de Barquisimeto

Artículos semanales de formación, reflexión y espiritualidad.

Verdadera Devoción

P. Juan Aldaz

08/01/2024

Ya estamos en el ambiente del 14 de enero. Si bien es cierto que todas las manifestaciones Marianas tienen una fuerte carga de emotividad (y mucho más en nuestra cultura venezolana donde la presencia e influencia de la madre es central), debemos ir más allá y ver la celebración de la Divina Pastora como un momento de Gracia para todos los participantes y vivirlo desde la Fe.

El gran mariólogo san Luis María Grignon de Monfort nos advierte sobre las varias devociones falsas, especialmente los llamados “devotos exteriores”, que se limitan a unas prácticas externas, ocasionales e inconstantes, pensando que con eso ya es suficiente, sin reformar su vida.

En cambio, la Verdadera Devoción a la Virgen, dice Monfort, es una Consagración, es decir, una decisión de ser como María, vivir y obrar en todo momento y lugar, como Ella y con Ella.

Esta Consagración no es algo adicional ni de un momento, sino vivir con conciencia despierta nuestra condición de bautizados, es decir, seguidores de Jesús y miembros vivos y activos de la Iglesia. Es vivir en Gracia de Dios y santidad. Así ha vivido la Santísima Virgen, este es el espíritu de María.

Ser verdaderos devotos de la Virgen es, por lo tanto, un camino de conversión personal, para “agradar a Dios antes que a los hombres” (Gálatas 1,10)

La Santísima Virgen María es ante todo, el modelo de una vida totalmente centrada en Jesús. Ella es la primera y más perfecta discípula fiel. En las amargas horas del viernes y sábado Santo no me cabe duda que fue referencia fundamental para los confundidos Apóstoles, sosteniéndolos con su oración.

Este año, como Iglesia Arquidiocesana, estamos llamados a profundizar la “espiritualidad de Comunión” de la mano de nuestra Santa Madre.

Ciertamente, la comunión eclesial (en la parroquia, en el Clero, en todos los carismas y comunidades, en el Seminario) es el primer testimonio evangelizador y a su vez, la falta de comunión entre nosotros, es un obstáculo que le quita fuerza y eficacia a la predicación y a la acción, por más bien intencionada que esté.

Pero la realidad es que todos, sin excepción, estamos afectados por el pecado y humanamente es muy difícil vivir y mantener la comunión, ya que nuestro EGO siempre sale a relucir. Cuando mucho, logramos “momentos” de comunión emotiva (como pasa por ejemplo en los días de Navidad).

El verdadero artífice, el constructor de la Comunión es el Espíritu Santo pues “cuánto más dará el Padre el Espíritu Santo a quienes se lo pidan” (Lucas 11,13) y para ello, la presencia de la Virgen es fundamental, ya que junto a Ella, (Hechos 1,14) la Iglesia se preparó para el gran Bautismo en el Espíritu Santo el día de Pentecostés… y eso lo cambió todo.

Únicamente animados desde dentro por el Espíritu Santo “que nos ha sido dado” (Romanos 5,5) podremos valorar (sin celos) la diversidad de carismas dentro de la Iglesia, discernir lo que en verdad es de Dios, ver a todos con la mirada de Dios (deseando y obrando el bien) y de esta forma, construir la Comunión en la verdad y la caridad, buscando sólo la Gloria de Dios.

Sabremos que tenemos el Espíritu Santo, cuando podamos decir como san Francisco de Sales: “Señor, Padre Eterno, amo a estos prójimos porque Tú los amas. Me los has dado por hermanos y hermanas y quieres que los ame como Tú los amas”

Para destruir todo intento de bien, el maligno se sirve de la división y el conflicto. Por el contrario, cuánto bien hará (no solo en la Iglesia sino incluso en nuestra sociedad venezolana y en el mundo entero) un puñado de hombres y mujeres renovados por el Espíritu Santo.

Esto es lo que vio proféticamente san Luis María de Monfort: un ejército de servidores, de toda clase y condición, bajo el estandarte de María, con la Cruz y el Evangelio, encendidos con el fuego del Espíritu Santo.

No de otro modo debemos esperar, pedir y preparar, la renovación del Sacerdocio, de la Iglesia, de Venezuela y del mundo.