Arquidiócesis de Barquisimeto

Artículos semanales de formación, reflexión y espiritualidad.

Una nueva esperanza

P. Juan Aldaz

23/10/2024

La Iglesia existe (existimos) para Evangelizar. Para el mundo, para cada persona, la única alternativa a la muerte, al vacío, a la tristeza, a la frustración… es JESUS.

Jesús es el camino, la verdad y LA VIDA (Juan 14,6) y “Quien tiene al Hijo, tiene la vida; quien no tiene al Hijo de Dios, no tiene la vida” (1 Juan 5,12)

La alegría del Evangelio llena al corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús (Evangelii Gaudium 1). Estamos llamados por lo tanto, a anunciar a todos a un Jesús Vivo.

El Plan Pastoral que nuestro Arzobispo nos propone construir, tiene que alentarnos para emprender con nuevos ánimos nuestra Misión como discípulos: hacer llegar a todos,  la alegría y la fuerza transformadora del Evangelio.

Podemos tener la tentación de pensar que “otra vez lo mismo”, pero también podemos vivir esta nueva etapa con espíritu de Fe, como un nuevo momento de Gracia que Dios nos ofrece. Siempre estaremos tentados a ser la iglesia que “se queda en Jerusalén” con las puertas cerradas por miedo, pero es más emocionante ser la iglesia que “sale” con la audacia de Pablo.

La rigidez, la inmovilidad, siempre son signos de decadencia y muerte. El movimiento, la creatividad son señales de vida. Y esto no tiene nada que ver con la edad, sino con la actitud, con el espíritu. Si en nosotros, Jesús está vivo, El mismo nos moverá.

La gente necesita, requiere, una esperanza viva, una luz en medio de tanta incertidumbre y oscuridad personal,  social, política, y somos nosotros (la iglesia) quienes tenemos la solución, que es Jesús. Si no hacemos esto, nuestro pueblo seguirá buscando  en cisternas agrietadas (Jeremías 2,13) y morirá.

El nuevo plan pastoral nos invita a la CONVERSION. Ya en su momento, san Juan Pablo II habló y llamó a una Nueva Evangelización, nueva en sus métodos y nueva en su ardor.

 

Vamos a creerle al Señor, que nos invita a ir mar adentro, más allá de los límites que tal vez por temor o por la fuerza de la costumbre nos han ido ralentizando y fragmentando.

Busquemos sin miedo la asistencia del Espíritu Santo. Nuestra Iglesia Arquidiocesana ha sido testigo de la acción del Espíritu en los tiempos anteriores, con tanta riqueza de movimientos, grupos, iniciativas. ¿Por qué pensar que ahora y para el porvenir lo será menos?

Para nuestra sociedad, para nuestra nación y para el mundo, “Una sola cosa es necesaria” (Lucas 10,42) y se llama Jesucristo.

Presentar a Jesús, dar testimonio de Jesús en comunidades de fe y amor, celebrar a Jesús en la liturgia, mostrar a todos, especialmente a los pobres, la caridad de Jesucristo. ¡Que buen plan!

Y para ello, miremos a la primera Evangelizadora: la Santísima Virgen de la Visitación. Que no se queda sola en Nazaret, sino que sale a casa de Isabel, llevando a Jesús tan vivo (porque lo tiene adentro), que cuando llega allá, Isabel queda llena del Espíritu Santo y su vida se transforma en una nueva alabanza.

P JUAN JOSE ALDAZ