Arquidiócesis de Barquisimeto

Artículos semanales de formación, reflexión y espiritualidad.

Sinodalidad en buena nota

P. Juan Aldaz

08/03/2024

Etimológicamente, sinodalidad significa “caminar juntos”. Bien. Pero una cosa es caminar por caminar, dando vueltas, y otra es caminar sabiendo por qué y hacia dónde.

Nuestro caminar juntos (como Iglesia) tiene una dirección bien definida: la evangelización. No es por tanto, hacia dónde queremos caminar, sino hacia dónde debemos caminar juntos.

Y la evangelización tiene un solo objetivo: la conversión para que todo mejore.

Escuchemos las palabras del primer Papa (san Pedro):

“Arrepiéntanse y conviértanse, para que sean borrados sus pecados y de la presencia de Señor, vengan tiempos de refrigerio” (Hechos 3,19)

La sinodalidad tiene que ayudarnos a superar la fragmentación (el grupismo) y el antagonismo (la malsana competitividad).

Es triste ver como las “fuerzas del mal” que actúan poderosamente en el mundo, son profundamente “sinodales” (caminan juntas, en perfecto acuerdo de pensamiento y acción… pero para el mal), mientras que las fuerzas del bien están divididas, desunidas y enfrentadas. Deberíamos aprender de los malos.

La sinodalidad requiere por tanto, como actitud primaria, la propia conversión. Y esto no es posible sin la acción del Espíritu Santo. Hagamos de la sinodalidad nuestra oración. Que yo me convierta, que todos nos convirtamos, para mejor convertir y salvar a todos. Lo primero y principal será entonces, promover el encuentro con Jesucristo Vivo.

Es también requisito para una buena sinodalidad, participar, asumir y responsabilizarnos. Estamos todavía muy acostumbrados a que “pocos” decidan y hagan, para bien o para mal. Pasarles siempre la pelota a “otros” es la forma más cómoda de no responsabilizarnos. Y esto se da en todos los ámbitos (familia, iglesia, país)

Para superar esta forma de ser Iglesia (pasiva, consumidora, emocional) se impone una tarea: dar a todos los bautizados , conciencia de su dignidad, misión y llamado. No se trata de un pulso de fuerzas (a ver quién puede más, quien manda ahora), sino de despertar y activar la belleza y la vivencia de la vocación cristiana, cada quien en su propia situación, como miembros diversos de un solo cuerpo de Cristo. Sin clericalismos y sin mundanismos.

Caminar juntos, alegrándonos de lo que el Espíritu hace, sin celos ni rivalidades, para llevar el Evangelio a los lejanos, para que “la multiforme sabiduría de Dios sea dada a conocer por medio de la Iglesia… conforme al propósito eterno que hizo en Cristo Jesús” (Efesios 3,10-11)

Como vemos, la auténtica sinodalidad mala no es, si surge y se alimenta DE CRISTO, buenísima cosa será. Una sinodalidad siempre en referencia con la Palabra de Dios, la Tradición y el Magisterio, bajo la luz del Espíritu Santo. Si estos elementos se pierden o se tuercen, la sinodalidad terminará desviándose y corrompiéndose y dando frutos contrarios a los esperados (y nada le dará más gusto a Satanás).