La Cuaresma repite una palabra: Conviértete. Y esa palabra es la clave para tu vida.
Conviértete… en la persona que quieres ser, conviértete en aquello que quieres tener. ¿Quieres tener paz? Conviértete en una persona pacífica. ¿Quieres tener alegría? Conviértete en una persona alegre… y así con cualquier otra cosa. Comienza a practicar lo que quieres ser y lo serás. Eso se llama desarrollar HABITOS.
Nada se logra sin hábitos ni decisión personal.
Deja ya de echarles la culpa a los demás, al universo, a las galaxias, a tu pasado.
Conviértete significa ELIGE y ACTUA. Tú solo, no esperes a los demás.
El gran problema de la vida de muchos, es que en realidad no eligen, sino que se dejan llevar… por las costumbres, por los años, por los demás, por su historia de vida, por el miedo o simplemente por la flojera de seguir siempre en lo mismo, total “me da igual”. Entonces, no te quejes.
¿Quieres seguir amargado? Perfecto. ¿Quieres convertirte en otra cosa mejor? Da el paso… y entonces, Dios te dará la Gracia. (Además, si no quieres cambiar, aparte de no quejarte, recuerda que los demás no tenemos obligación de aguantarte).
Te invito a que medites qué quieres ser, y luego un paso a la vez, un paso cada día. Esto es trabajo espiritual real, concreto.
Donde estás y cómo eres AHORA, ¿es una elección o es algo que “es así y que le vamos a hacer”, yo soy así, genio y figura hasta la sepultura? Mi viejo profesor de Ética repetía siempre esta sentencia: “estamos condicionados, pero no determinados”, para recordarnos que tenemos libertad de elección, siempre algo se puede hacer, basta querer y gota a gota, perseverar.
Seguramente, tú y yo tenemos en nuestra vida una cantidad de cosas externas sobre las cuales no tenemos control ni poder inmediato (el clima, la economía, la guerra, los huecos en la calle…) pero sí tenemos control sobre nuestra actitud interior ante las cosas.
Yo decido cómo reaccionar ante las cosas y ante los demás. Puedo elegir actuar o dejarme afectar.
Por eso, la palabra “conviértete”, tan propia de la Cuaresma, tiene un significado muy profundo. ¿En qué te quieres convertir REALMENTE? ¿Quién quieres ser, como persona, como esencia? ¿Qué huella quieres dejar? Dios no hará nada sin ti.
El joven Francisco de Asís, desilusionado de la guerra, decidió ser una persona pacífica y pacificadora. Se convirtió. Es decir, decidió comenzar a ser de otra manera.
Ignacio de Loyola, misteriosamente derribado en una batalla, decidió militar bajo la bandera de otro rey, un Rey no temporal sino Eternal. Se convirtió.
Para nosotros, la persona de Jesús de Nazaret debe iluminar nuestras elecciones cada día. Se supone que somos discípulos porque hemos elegido a Jesús como nuestro modelo de vida.
No puede ser solamente una costumbre aprendida ni una religión medio supersticiosa (esperando premios o temiendo castigos)
No es ninguna vanidad decir “quiero ser como Jesús”. Pero no por premio o castigo, sino porque Jesús me ha convencido, me ha fascinado. Y eso no ofende al Señor, más bien le agrada, como a un papá le agrada que su hijo lo admire y lo siga, o a un buen profesor le satisface que sus alumnos sean excelentes.
Pero decir eso, es acción (por aquello de que Jesús es verbo, no sustantivo), es conocer (leer) y practicar los modos de proceder de Jesús, en sus opciones, en sus palabras, en sus actos… hasta el final, compartiendo con El la cruz.
Dios quiere que te conviertas… en algo mejor y más positivo, para ti, para los demás, para El.
P Juan José Aldaz.-