Santa Teresita del Niño Jesús, también conocida como Teresa de Lisieux, vivió una vida sencilla en el Carmelo. Allí descubrió su «caminito»: confiar plenamente en el amor y la misericordia de Dios, y responder a ese amor con fidelidad en las cosas pequeñas de cada día.
Aunque no partió a tierras lejanas, su corazón ardía en deseos de anunciar el Evangelio. Sostuvo con su oración y entrega a los misioneros, y por ello fue reconocida como Patrona de las Misiones. Su vida recuerda que la misión de la Iglesia también se sostiene con la oración, el amor y la entrega cotidiana.
En 1997, san Juan Pablo II la proclamó Doctora de la Iglesia, reconociendo la profundidad de su enseñanza. Su camino espiritual nos invita a vivir con sencillez, confiar en Dios y amar a los demás en cada circunstancia.