San Francisco de Asís descubrió en la creación la huella amorosa de Dios. Llamaba “hermanos” y “hermanas” al sol, al agua y a todas las criaturas, y vivía en armonía con la naturaleza y con quienes lo rodeaban. Su vida nos invita a cuidar la casa común y a reconocer la bondad de Dios en todo lo creado.
También fue un hombre de paz, dispuesto a acercar a quienes estaban enfrentados. Su saludo, «El Señor te dé la paz», expresaba el deseo de llevar reconciliación y fraternidad a todos. Siguiendo su ejemplo, podemos ser constructores de paz en nuestra familia y comunidad, con gestos de respeto, perdón y servicio.
Su sencillez y su confianza en Dios hicieron de él un ejemplo de pobreza evangélica. Francisco eligió desprenderse de los bienes materiales para vivir con libertad y compartir con los más necesitados. Que su testimonio nos ayude a valorar lo esencial, servir con alegría y vivir cada día en armonía y paz.