El Bautismo es el sacramento de la fe. En el sacramento del Bautismo, somos bienvenidos en la Iglesia y nos convertimos en hijos de Dios.
El fruto del Bautismo, o gracia bautismal, es una realidad rica que comprende (CEC, n. 1279):
– El perdón del pecado original y de todos los pecados personales.
– El nacimiento a la vida nueva, por la cual el hombre es hecho hijo adoptivo del Padre, miembro de Cristo, templo del Espíritu Santo.
– La incorporación a la Iglesia, Cuerpo de Cristo.
– Hace partícipe al bautizado del sacerdocio de Cristo.
Todos los trámites sacramentales se realizan ante la respectiva parroquia.
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La Eucaristía es “fuente y culmen de toda la vida cristiana” (LG 11). “Los demás sacramentos, como también todos los ministerios eclesiales y las obras de apostolado, están unidos a la Eucaristía y a ella se ordenan. La sagrada Eucaristía, en efecto, contiene todo el bien espiritual de la Iglesia, es decir, Cristo mismo, nuestra Pascua” (CEC, n. 1324).
Recibir en la Comunión al mismo Cristo produce grandes frutos:
-La comunión acrecienta nuestra unión con Cristo.
-Conserva y renueva la vida de la gracia.
-La comunión nos separa del pecado.
-Como el alimento corporal sirve para restaurar la pérdida de fuerzas.
-La Eucaristía fortalece la caridad que, en la vida cotidiana, tiende a debilitarse; y esta caridad vivificada borra los pecados veniales.
-Por la misma caridad que enciende en nosotros, la Eucaristía nos preserva de futuros pecados mortales.
-Nos hace crecer en el amor al prójimo.
-La unidad del Cuerpo místico: La Eucaristía hace la Iglesia.
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Con el Bautismo y la Eucaristía, el sacramento de la Confirmación constituye el conjunto de los “sacramentos de la iniciación cristiana”. La recepción de este sacramento es necesaria para la plenitud de la gracia bautismal.
El efecto del sacramento de la Confirmación es la efusión especial del Espíritu Santo, como fue concedida en otro tiempo a los Apóstoles el día de Pentecostés.
La Confirmación confiere crecimiento y profundidad a la gracia bautismal:
– Nos introduce más profundamente en la filiación divina que nos hace decir “Abbá, Padre” (Rm 8,15).
– Nos une más firmemente a Cristo.
– Aumenta en nosotros los dones del Espíritu Santo.
– Hace más perfecto nuestro vínculo con la Iglesia (cf LG 11).
– Nos concede una fuerza especial del Espíritu Santo para difundir y defender la fe mediante la palabra y las obras como verdaderos testigos de Cristo, para confesar valientemente el nombre de Cristo y para no sentir jamás vergüenza de la cruz (cf DS 1319; LG 11,12)
En este sacramento sólo se nombra un solo padrino. Para ser admitido como padrino, es necesario:
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El sacramento del Matrimonio significa la unión de Cristo con la Iglesia. Da a los esposos la gracia de amarse con el amor con que Cristo amó a su Iglesia; la gracia del sacramento perfecciona así el amor humano de los esposos, reafirma su unidad indisoluble y los santifica en el camino de la vida eterna (cf. Concilio de Trento: DS 1799).
Este sacramento confiere a los esposos la gracia necesaria para alcanzar la santidad en la vida conyugal y acoger y educar responsablemente a los hijos (CEC, nn. 1638-1642).
Del expediente:
De la ceremonia:
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