Estos días de fin de año, son días de proyectos, planes y propósitos, cargados de ilusión. ¿Cuáles son nuestros planes como seguidores de Jesús?
Si somos seguidores de Jesús, Él nos muestra el CAMINO y es a la vez el Caminante que va a nuestro lado, el Maestro que nos guía, la Luz que nos da claridad.
No hay duda que todos los seres humanos sensatos anhelamos la PAZ y la pedimos a Dios (“venga a nosotros tu Reino”), pero Jesús al venir entre nosotros, nos mostró con sus Acciones y Palabras, que el Reino no es algo automático sino que requiere movimiento y esfuerzo.
Si no nos movemos (en oración y acción), nada sucederá.
Somos discípulos (seguidores) pero también somos apóstoles (enviados) y ya “es hora de despertar del sueño” (Romanos 13,11). Tomemos pues, “las armas de la Luz” (Romanos 13,12) y “revistámonos de Jesucristo” (Romanos 13,14) para ser:
Pacificadores: como creyentes en el Evangelio del que es llamado “Príncipe de Paz” (Isaías 9,6), estamos llamados a ser artífices de paz, pero no de una paz falsa, de dejar las cosas así, de quedarnos callados, sino de la paz verdadera, que nace de la justicia, pues “la justicia y la paz se besan” (salmo 85)
El mundo entero, la misma Iglesia y nuestra amada nación necesitan un auténtico liderazgo, que solo puede brotar de la integridad espiritual, de hombres y mujeres dispuestos a servir al Señor con “santidad y justicia, en su presencia todos nuestros días” (Lucas 1,75)
En la luz de la Verdad: Afirmemos con claridad que el plan de Dios para cada ser humano, para la familia, para todas las realidades humanas, es el correcto, porque “la sabiduría que desciende del cielo es ante todo pura, y además pacífica, bondadosa, dócil, llena de compasión y de buenos frutos”. (Santiago 3,17)
Apartarnos de ella (¡y ya vemos cómo están las cosas!) da frutos amargos, de lágrimas y sufrimiento.
Con amorosa paciencia: El Señor no tarda su promesa, como algunos la tienen por tardanza; sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento (2 Pedro 3,9)
Nuestra paciencia como seguidores de Jesús no es una paciencia resignada ni pasiva, sino activa, perseverante, pedagógica, para conducir a todos “al conocimiento de la verdad” (1 Timoteo 2,4); pues “la verdad los hará libres” (Juan 8,32)
Respecto a este modo de proceder, nos ilustran las palabras de San Juan de Kety, pronunciadas en la Vigilia de Navidad de 1473, en Cracovia:
“Velad cuidadosamente la doctrina, conservad el depósito sin alteración y combatid, sin cansaros jamás, toda opinión contraria a la verdad, pero revestíos en este combate de las armas de la paciencia, de la dulzura y la caridad, recordando que la violencia, aparte del daño que hace a nuestras almas, daña las mejores causas. Aunque hubiera estado en el error sobre un punto verdaderamente capital, jamás un violento hubiera conseguido sacarme de él; muchos hombres están sin duda hechos como yo. Tened cuidado de los pobres, de los enfermos y de los huérfanos”.
Para todos, buena Navidad, Buen Año… y Buenos Planes.