Arquidiócesis de Barquisimeto

Artículos semanales de formación, reflexión y espiritualidad.

Oración y Penitencia, ¿Valen todavía hoy?

P. Juan Aldaz

14/02/2024

Me admira cómo otras religiones (musulmanes, budistas) valoran sus textos sagrados, las enseñanzas de sus maestros y son fieles a sus prácticas. Bastante menos lo hacen muchos de los que proclaman ser católicos.

Cercano ya el tiempo de Cuaresma, algunas prácticas como la oración y la penitencia, son consideradas por un grupo no pequeño de “creyentes” e incluso de sacerdotes, como cosas anacrónicas, anticuadas,  inútiles… que hay que sustituir o suprimir.

Pero los tales, no tendrán ningún reparo en aprobar y recomendar la conveniencia (más aún la necesidad) de hacer dietas, ejercicios y asistir asiduamente al gimnasio, para recuperar o mantener la salud y la belleza física.

Para resolver la cuestión, un punto esencial es: ¿creo como cristiano católico que la Sagrada Escritura es Palabra de Dios, o no?

Porque la Escritura en varios textos,  es clara:

LA ORACION es, en primer lugar, un acto de ADORACION, es decir, de reconocimiento de la majestad de nuestro Dios. Todos los creyentes, de todas las religiones, adoran a su dios. ¿Cómo puede un católico no adorar diariamente a su Dios? “Te ofreceré Señor, un sacrificio de ALABANZA” (Salmo 116 y Hebreos 13,15).

En segundo lugar, la oración es el reconocimiento de nuestra debilidad e impotencia. Lo dice Jesús:

“Sin Mí, NADA pueden hacer” (Juan 15,5)

 Pasemos ahora a considerar la PENITENCIA.

Miremos a donde queramos, la realidad es que “el mundo entero yace bajo el poder del maligno” (1 Juan 5,19). Esto se refiere primeramente al mundo sin Cristo, es decir, a MILLONES de personas que o bien no conocen todavía a Jesús o aun teniendo un cierto conocimiento, viven de espaldas a Él, atrapados (con más o menos conciencia) en el pecado. Y nosotros, aunque estemos “en el camino de Dios”, también experimentamos que el pecado nos afecta, dificultándonos para orar, para hacer el bien, para practicar las virtudes cristianas.

Y aquí nuevamente, la Palabra de Dios es clara: 

“La paga del pecado es la muerte” (Romanos 6,23) y además de la muerte física, existe una “muerte segunda” en el lago de fuego, que se definitiva (Apocalipsis 20,14 y 21,8).

“Fortalézcanse en el Señor y en su fuerza poderosa. Revístanse de las armas de Dios para poder resistir a las asechanzas del diablo. Porque nuestra lucha no es contra la carne y la sangre, sino contra los principados, contra las potestades, contra los dominadores de este mundo tenebroso, contra los espíritus del mal, que están en el aire” (Efesios 6, 10-12)

Por eso, es NECESARIA la Penitencia: para reparar nuestros propios pecados, para fortalecer nuestra voluntad y nuestra Fe frente a las asechanzas del maligno, y todavía más: para ayudar a otros y liberarlos del pecado.

Eso es la “comunión de los santos”, esa realidad misteriosa que nos une a todos y por la cual, podemos intercambiar bienes espirituales, para beneficio de las almas. “Llevad unos las cargas de los otros, así cumpliréis la ley de Cristo” (Gálatas 6,2)

ASI PIENSA Y ACTUA UN VERDADERO CRISTIANO.

Piensa como Cristo, con la mente de Cristo (1 Corintios 2,16) y la mente de Cristo se adquiere leyendo la Palabra de Dios; actúa “con los mismos sentimiento de Cristo” (Filipenses 2,5) y se mueve con el amor de Cristo (2 Corintios 5,14), sintiendo compasión (igual que Jesús) por todos los que están muertos por el pecado.

Y esto es para todos los bautizados, sean laicos o religiosas o sacerdotes. Escuchemos al apóstol Pedro:

También ustedes, como piedras vivas, entran en la construcción de un edifico espiritual, para un sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales, que Dios acepta por medio de Jesucristo” (1 Pedro 2,5)

Si hacer penitencia (sacrificio, ayuno) no es necesario, ¿Entonces por qué Jesús pasó cuarenta días de ayuno y oración en el desierto? ¿Por qué el pueblo elegido tuvo que purificarse de sus pecados  de idolatría, murmuración y rebeldía, caminando cuarenta años por el desierto, antes de llegar a la Tierra Prometida?

Si hacer penitencia no es necesario, ¿por qué Jesús dijo a sus Apóstoles, que cierta clase de demonios “solo sale con ayuno y oración”? (Mateo 17,21) ¿Por qué el Espíritu Santo habló mientras en la Iglesia estaban orando y ayunando? (Hechos 12,2-3)

Entremos con alegría en este “tiempo” de Cuaresma, pero mejor aún, que la Cuaresma entre en nosotros como ACTITUD de vida, muy agradable al Señor, pues estamos llamados a ser “cooperadores de Dios” (1 Corintios 3,9). Sin olvidar que una cosa es vivir la Cuaresma y otra muy distinta es “tener cara de Cuaresma”.  Un santo triste es un triste santo.

Sin que sea una “lista cerrada”, hay tres cosas básicas que pueden orientar:

1.- Ofrecimiento de obras al comenzar el día (ofrezco el trabajo, el estudio, lo que tenga que hacer, lo que tenga que padecer, y lo ofrezco por…)

2.- Una oración constante (diaria): puede ser el Rosario, el Vía Crucis o la Divina Misericordia

3.- Una penitencia personal que escojas para toda la Cuaresma

Finalmente, se está extendiendo muy saludablemente en muchos bautizados,  la Consagración al Inmaculado Corazón de María, según san Luis María de Monfort. Efectivamente, es deseo de Jesús que su Reino llegue a través del triunfo de Su Corazón y el Corazón de su Santísima Madre, para así (como Nuevo Adán y Nueva Eva) llevar a plenitud el diseño original de Dios, en “un cielo nuevo y una tierra nueva, donde habite la justicia” (2 Pedro 3,13)

Es un medio muy efectivo para profundizar nuestra vida espiritual. Te animo a que la vivas.