La Iglesia existe para evangelizar. Por ello, una nueva evangelización es la primera prioridad de nuestro Plan de Pastoral para el periodo 2025-2030. Una evangelización que deber ser, como lo indicó en su momento Juan Pablo II, nueva en su ardor y nueva en sus métodos.
Evangelizar es siempre una Buena Noticia. “Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría” (Papa Francisco, Evangelii Gaudium 1), y “Jesús es el camino, la verdad y la vida” (Juan 14,6) para todos los pueblos.
Si no evangelizamos, estamos dejando que el maligno, en todas sus formas, influya en numerosas vidas y decisiones, sin Dios.
Por ser tan importante en el plan de Dios para la humanidad, la evangelización tiene elementos que la obstaculizan, externos e internos.
A nivel externo, la acción del demonio es un factor nada despreciable, como lo revela San Pablo en Efesios 6,12 y siguientes.
A nivel interno, de la propia comunidad de creyentes, encontramos las divisiones y contiendas como un fuerte impedimento para una evangelización eficaz, pues el mismo Jesús ha dicho: “Que todos sean uno, para que el mundo crea” (Juan 17,3).
Es pues necesario que tomemos las armas que nos permitirán corregir y avanzar en una nueva y efectiva evangelización.
En primer lugar, la oración, Jesús ya ha indicado “Sin mí, nada pueden hacer” (Juan 15,5). Es en la oración profunda que el Señor nos irá transformando, comunicándonos su Espíritu. Solo un verdadero orante, solo una comunidad en oración, podrá verdaderamente evangelizar.
En segundo lugar, la unidad. Como ya hemos indicado. La unidad entre nosotros, revestidos de caridad es la primera evangelización, pues será nuestro testimonio que atraerá (o alejará) a los demás.
La tarea que nos espera es mucha, pero Jesús está vivo y Él es el fundamento de nuestra, la razón de nuestra esperanza y el motor de nuestro amor, para que todos se salven.
Pbro. Juan José Aldaz