Podían (y podrán) seguir repitiéndose durante siglos los rituales religiosos y no pasaría nada, porque la trampa del diablo para tener esclavizados a los humanos, es la repetición y la sacralización de lo repetido, hasta producir aburrimiento. Definitivamente, el diablo (a su manera) es muy religioso.
A diferencia de eso, Jesús viene a traer ALGO NUEVO. Y la novedad de Jesús es el Padre-Amor-dador de Vida.
Esa es la clave y el sentido de la Resurrección, que de paso es el elemento CENTRAL de nuestra Fe.
El Padre Celestial, que ama a su Hijo Jesús (el Hijo Esencial, el primero de todos), no podía dejarlo en la muerte, por eso lo Resucitó. Dejarlo en la muerte habría implicado que no lo amaba o que la muerte es el mayor poder. Pero el Padre es Vida y Amor Infinitos.
Esta es realmente la BUENA NOTICIA: Si tú eres hijo(a) amado(a) de Dios, el Padre no te dejará en la muerte, te dará Vida Eterna.
Ahora bien, reconocer a Dios como Padre, se expresa de una sola manera: reconociendo a los demás como hermanos, en la natural y lógica diversidad (como es en todas las familias). Y la Iglesia debe ser la “comunidad matriz”
Como ves, el Evangelio de Jesús en cuanto Buena Noticia, es entrar en una dinámica diferente. No se trata solo de repetir (palabras, ritos, conceptos, actividades, consignas) sino de una “transformación”.
Esta “transformación” (que te lleva verdaderamente a una nueva vida) comienza por la conciencia de ser amado por el Padre, ASI SIN MÁS. Ya empieza tu Resurrección.
Continúa por entrar en la “escuela” de Jesús y convertirte en “discípulo”, con los demás. Si estás dispuesto, aprenderás, descubrirás… y el mismo Espíritu te irá mostrando COSAS NUEVAS, guiando, transformando tu mirada, tu mente, tu corazón.
Y la clave de todo es el Amor del Padre, cuya fuerza poderosa se manifiesta en la Resurrección, que siempre es y será NOVEDAD creativa, sorprendente, nunca repetición vacía.
Si de verdad creyéramos en la fuerza de la Resurrección, los discípulos de Jesús seríamos TRANSFORMADORES de la realidad, no meros repetidores ni estáticos esperadores.
Jesús es el hombre NUEVO, y nos mostró el Camino. Viviendo una vida común, como todos, fue sin embargo, movido por el Espíritu, fiel transparencia del Amor del Padre, venciendo así incluso al odio demoníaco que lo llevó a la cruz. “Pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo” (Hechos 10,38)
Salgamos pues de la trampa del diablo, pues “para ser libres nos liberó Cristo” (Gálatas 5,1), abramos el sepulcro y vayamos a la Vida.