El embajador del Rey de Portugal, pidió al Papa Paulo III que mediara ante San Ignacio, para enviar misioneros a la India. La elección recayó sobre los dos candidatos que el embajador Mascareñas deseaba: los jesuitas Rodríguez y Bobadilla.
Llegado el momento de la partida, se presenta un inconveniente imprevisto. San Ignacio, enfermo y en cama, manda llamar a su secretario, Francisco Javier y le dice: “Ya sabes que por orden de Su Santidad han de ir dos de nosotros a la India y que habíamos elegido uno de ellos a Bobadilla, el cual, por enfermedad no puede ir. Esta es tu misión”. Entonces, el padre Francisco Javier, con mucha alegría y rapidez, respondió: “Pues, ¡sús!, heme aquí”
Como vemos, el embajador pensaba una cosa, pero Dios dispuso otra. El destino de Francisco Javier no estaba en quedarse en Roma como secretario de san Ignacio. Estaba más allá.
Por eso, con la mejor disposición de espíritu, esa disposición que nos hace felizmente libres, sin publicidad, sin instagram, sin tanta foto, sin lloros ni lamentos… Javier se va.
“Vayan por el mundo entero y prediquen el Evangelio” (Marcos 16,15)
Para eso nos preparamos en el Seminario y para eso fuimos ordenados. Una cosa hemos de pedir siempre a Dios: tener esa misma disposición de espíritu.
El mismo Javier, desde la India, escribe a sus antiguos compañeros de la Universidad de París: “Muchas cosas se dejan de hacer en estas tierras por no haber personas que en ellas se ocupen. Muchas veces me viene el pensamiento de ir a los estudios de allá, especialmente a la Universidad de París, diciendo a los que tienen más ganas de sacar títulos que de dar fruto, ¡cuántas almas se pierden por la negligencia de ellos!”
“Muchas cosas se dejan de hacer”…por estar ocupados en cosas que en el fondo, solo alimentan el ego. Lo realmente importante es que nuestra gente necesita a Dios. Vamos allá, con la misma rapidez y alegría de San Francisco Javier.
Te invito a vivir y obrar, amar y servir, con libertad de espíritu. Una circunstancia imprevista le cambió la vida a Francisco Javier, pero él supo fluir en Fe y con alegría, aunque las dificultades no faltaron, como no faltan en ninguna vida.
¿No te gustaría ser libremente santo para Dios?
P JUAN JOSE ALDAZ