Arquidiócesis de Barquisimeto

Artículos semanales de formación, reflexión y espiritualidad.

La fuente de vida

P. Juan Aldaz

02/12/2024

Una pregunta que muchas personas se hacen es ¿para qué rezar?

Es cierto que Dios puede actuar independientemente de nosotros (al fin y al cabo, es Soberano Universal) pero no es menos cierto que Dios ha querido vincular Su Acción a nuestra oración.

Clama a Mí y Yo te responderé (Jeremías 33,3), Pidan y se les dará (Mateo 7,7) Si el Señor no construye la casa, en vano trabajan los albañiles (Salmo 127)

La oración es necesaria, porque somos limitados. Rezamos para obtener de Dios aquellas cosas que con nuestras solas fuerzas humanas no podemos lograr.

La oración no es un desentenderse de los propios deberes. Haz lo que debes hacer y pide lo que no puedes alcanzar.

Por otra parte, la oración es la expresión de tu fe, entendida como relación filial con el Padre, como Jesús. Yo rezo porque CREO y rezo porque AMO, y creo y amo porque he tenido la EXPERIENCIA de un Dios vivo y verdadero en la oración. Por el contrario, si no rezo, es claro que no creo en Dios (aunque lo diga) y mucho menos tengo amor hacia Él.

Además, la oración es necesaria porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo. (Efesios 6,12-13)

En este sentido, tienes la “prueba” de la importancia de la oración y de su efecto, en el hecho de que cuando vas a orar, experimentas dificultad, desgana (que no te sucede cuando vas a otras actividades, incluso de iglesia). ¿No será que a “alguien” le afecta más tu oración que tu “actividad” y por eso, busca desalentarla?

En una ciudad, si se seca la represa, el agua no llega (así tengamos la mejor y más moderna red de distribución). Y tenemos mucha gente espiritualmente seca. Recordemos las palabras del Papa San Pablo VI: “La Iglesia es ante todo, una sociedad de oración”

Por eso, la solución para los males del mundo es primero, volver a la fuente (que es Dios), en la oración. Bien lo expresa el ORDEN de las palabras en el  lema de San Benito: “Ora et Labora” (Reza y trabaja). Presta atención a cuál palabra va PRIMERO.

Si estamos conectados a la Fuente, el agua de la Vida, prometida y ofrecida por Jesús (Juan 4,14) llegará a todos y a todas las demás cosas (planes, actividades, trabajos).

Finalmente, oramos para que se haga en nosotros la Voluntad de Dios, es decir, para que Dios haga Su Obra en nosotros y nosotros nos alineemos con El, ya que Su Voluntad es “buena, agradable, perfecta” (Romanos 12,2) Ese es el objetivo FINAL y así lo quiere Dios PARA TODOS.

Juan José Aldaz