En esta presentación se tocarán sus tres puntos mariológicos esenciales inter relacionados entre sí: 1. la acción evangelizadora, 2. la primacía de la gracia, 3. La pastoralidad de la Iglesia, a la luz de la acción del Espíritu Santo en cada uno de los puntos citados.
LA ACCIÓN EVANGELIZADORA
Evangelizando con María por obra del Espíritu Santo
El cometido de la Iglesia, recibido de Nuestro Señor Jesucristo, es el debe conducir al hombre al conocimiento del Evangelio, que lo ignora sin culpa propia: esto es el derecho sagrado de evangelizar que realizamos en el camino de la fe sin la que es imposible agradarle a Dios (Heb 11, 6) (CEC n. 848). Es el Espíritu Santo el protagonista de toda misión eclesial que conduce la Iglesia por los caminos de la evangelización, (Redemptoris Missio 23).
Con la fuerza del Espíritu Santo podemos vivir en la Iglesia el Pentecostés continuo para el anuncio profético de Cristo que se renueva continuamente, y es perenne ha dicho el papa Benedicto:
“ la Iglesia es un Pentecostés permanente, el Espíritu Santo se derrama sin cesar sobre las personas y comunidades. Se da un Pentecostés permanente. Es una Iglesia que vive en Pentecostés.”, (https://mercaba.org/Libros/Ampuero/1_un_pentecostes_permanente.htm).
La Iglesia de esta nueva fase evangelizadora, por obra y gracia del Espíritu Santo, que el Papa Francisco quiere que llevemos adelante, reclama de nosotros discípulos misioneros una nueva manera de ser Iglesia marcada por actitudes fundamentales como la alegría, la misericordia, el diálogo, la escucha, el encuentro, el éxodo, la parresia, el fervor, la esperanza, la amabilidad. Es el estilo femenino de lo mariano en la evangelización de una Iglesia Familia de Dios y de las familias Iglesia doméstica:
“Hay un estilo mariano en la actividad evangelizadora de la Iglesia. Porque cada vez que miramos a María volvemos a creer en lo revolucionario de la ternura y del cariño. En ella vemos que la humildad y la ternura no son virtudes de los débiles sino de los fuertes, que no necesitan maltratar a otros para sentirse importantes. Mirándola descubrimos que la misma que alababa a Dios porque «derribó de su trono a los poderosos» y «despidió vacíos a los ricos» (Lc 1,52.53) es la que pone calidez de hogar en nuestra búsqueda de justicia. Es también la que conserva cuidadosamente «todas las cosas meditándolas en su corazón» (Lc 2,19).”, (Evangelii Gaudium, n. 288).
Lo paternal, lo maternal, la filiación y la fraternidad, destruidos por del escándalo del pecado original, son redimidos con la reedificación de la gracia. Lo perdido por Adán y Eva, pecadores en su rebeldía, es regenerado por Cristo esposo y la Iglesia esposa en los hijos de Dios por las aguas bautismales. Por eso el principio original de lo divino es recuperado, la primacía de Dios en el misterio de la Encarnación se afirma por la primacía de la gracia (CEC, n. 304).
En María, la llena de gracia, en su sí, hágase en mi según tu voluntad, podemos vislumbrar la dinámica de la economía de la salvación que libera al hombre de la esclavitud del pecado. Por la gracia del Espíritu Santo la persona humana se recupera toda y puede llegar a ser plenamente si mismo en libertad y verdad en comunión con todos, en plena reciprocidad de amor (CEC, n. 1829). Por esto la gracia es principio de transformación y de acción y requiere de una colaboración constante a responderle (Rom 15, 15; Flp 2, 12s, Ibid. Voz Gracia… 368).
Cuando se habla de justificación y gracia, “se entiende que la primera obra de la gracia del Espíritu Santo es la conversión que obra la justificación según el anuncio de Jesús al comienzo del Evangelio. Movido por la gracia, el hombre se vuelve a Dios y se aparta del pecado, acogiendo así el perdón y la justicia de lo alto.”, (CEC n. 1989), siguiendo el esquema original de la salvación: Anuncio Kerigma, catequesis kerigmatica, vida cristiana y “se establece la colaboración entre la gracia de Dios y la libertad del hombre.”, (CEC n. 1993).
María es la perfecta colaboradora al plan de Dios, participa plenamente de los misterios de Cristo y de la Iglesia en su vida y promueve la vida de la gracia en demás hermanos en la profunda y continua misión del Espíritu Santo en el mundo para la construcción del reino.
“María sabe reconocer las huellas del Espíritu de Dios en los grandes acontecimientos y también en aquellos que parecen imperceptibles. Es contemplativa del misterio de Dios en el mundo, en la historia y en la vida cotidiana de cada uno y de todos. Es la mujer orante y trabajadora en Nazaret, y también es nuestra Señora de la prontitud, la que sale de su pueblo para auxiliar a los demás «sin demora» (Lc 1,39). Esta dinámica de justicia y ternura, de contemplar y caminar hacia los demás, es lo que hace de ella un modelo eclesial para la evangelización. Le rogamos que con su oración maternal nos ayude para que la Iglesia llegue a ser una casa para muchos, una madre para todos los pueblos, y haga posible el nacimiento de un mundo nuevo. Es el Resucitado quien nos dice, con una potencia que nos llena de inmensa confianza y de firmísima esperanza: «Yo hago nuevas todas las cosas» (Ap 21,5).“, (Evangelii Gaudium, n. 288).
Sobre todo, la figura de la mujer, Nueva Eva, asociada en la fecundidad de la gracia a la redención al hombre renovado en Cristo, Nuevo Adán,
Con María es más fácil caminar, dice un canto eclesial conocido. La Pastoral Mariana, fruto de la inter pastoralidad de comunión, participación y misión, trata de concentrar la labor catequética kerigmatica, celebrativa y pastoral para llevar al pueblo cristiano a una plenitud de unidad dinámica, viviendo la gradualidad pastoral del poco a poco en la vida cristiana eclesial, partiendo de su devoción y culto mariano en sus orientaciones bíblicas, antropológicas, litúrgicas y pastorales ecuménicas y para llegar cada vez más cerca al horizonte donde “el Espíritu y la Novia dicen: Ven, Señor Jesús”, (Ap 22, 17).
Por esto el Catecismo de la Iglesia Católica nos presenta a la B.V. Santa María como modelo de inspiración, motivación y ella es nuestra Madre en el orden de la gracia:
967 Por su total adhesión a la voluntad del Padre, a la obra redentora de su Hijo, a toda moción del Espíritu Santo, la Virgen María es para la Iglesia el modelo de la fe y de la caridad. Por eso es “miembro supereminente y del todo singular de la Iglesia” (LG 53), incluso constituye “la figura” [typus] de la Iglesia (LG 63). Por eso hablamos de una evangelización Cristo céntrica y ecelsiotipica al estilo de María.
968 Pero su papel con relación a la Iglesia y a toda la humanidad va aún más lejos. “Colaboró de manera totalmente singular a la obra del Salvador por su obediencia, su fe, esperanza y ardiente amor, para restablecer la vida sobrenatural de los hombres. Por esta razón es nuestra madre en el orden de la gracia” (LG 61).
969 “Esta maternidad de María perdura sin cesar en la economía de la gracia, desde el consentimiento que dio fielmente en la Anunciación, y que mantuvo sin vacilar al pie de la cruz, hasta la realización plena y definitiva de todos los escogidos. En efecto, con su asunción a los cielos, no abandonó su misión salvadora, sino que continúa procurándonos con su múltiple intercesión los dones de la salvación eterna […] Por eso la Santísima Virgen es invocada en la Iglesia con los títulos de Abogada, Auxiliadora, Socorro, Mediadora” (LG 62).
María es motivo de promoción de la evangelización para una iglesia que crece de cambio y en cambio. María está unida a la gracia de la evangelización por obra del Espíritu Santo desde el misterio de la Encarnación (Lc 1, 26), el comienzo de la vida de la Iglesia (Hechos 1, 14), de forma continua hasta que Cristo vuelva.
Con estas actitudes emprendemos la salida misionera llevando la propuesta del Evangelio de manera sencilla, profunda e irradiante, como una iglesia que encuentra nuevos caminos. Muchas veces el que se fue de la Iglesia no lo hizo por razones doctrinales, sino vivenciales; no por motivos estrictamente dogmáticos, sino pastorales; no por problemas teológicos, sino metodológicos de nuestra iglesia (DA n. 225). La cercanía afectuosa es el déficit humano que muchas veces nuestra gente hace saber de quienes estamos en las comunidades. No olvidemos: “se atrapan más moscas con una gota de miel que con un barril de vinagre”. la dulzura, el amor, la amabilidad son los preámbulos de toda Evangelización.
Significan que hay bastantes circunstancias teológicas y pastorales, que por obra y gracia del Espíritu Santo operante, son aprovechables, y donde puede suceder esta evangelización, como el arte, la cultura, las ciencias, la religiosidad popular, la inculturación del evangelio, y a nivel eclesial, los cantos litúrgicos, las procesiones, las peregrinaciones, convivencias, retiros, las visitas de hogares, las reuniones de los sectores parroquiales, donde acontece la evangelización, la inter pastoralidad de la pastoral de conjunto, los movimientos, comunidades parroquiales, congregaciones religiosas, Asociaciones de fieles etc. Con María y como María, se construye la Iglesia viva en constante evangelización y pastoralidad.
Que entendemos por Los Lugares y Acontecimientos
Originalmente Melchior Cano elaboró en su obra De Locis Theologicis (Salamanca, 1563), la lista de “las diez fuentes para la demostración teológica: la Sagrada Escritura, la Tradición Apostólica, la autoridad de la Iglesia católica, la autoridad de los Concilios ecuménicos, la autoridad del sumo pontífice, la doctrina de los Padres de la Iglesia, la doctrina de los doctores escolásticos y canonistas, la verdad racional humana, la doctrina de los filósofos y la historia.”, (https://es.wikipedia.org/wiki/Melchor_Cano).
La evangelización, por lo tanto, se fundamenta doctrinalmente en la Revelación, la Tradición y el Magisterio y se enriquece con el aporte catequético, mistagógico, litúrgico, antropológico, interdisciplinario científico, la inculturación y la pastoralidad para seguir ampliando la difusión del reino de Dios en el mundo, en la historia hasta que Cristo vuelva.
Se necesita atreverse a caminar juntos, discerniendo juntos a vivir una re-compresión de la evangelización, diríamos paradójicamente evangelizando la evangelización, viviendo la pastoralidad de las pastorales en comunión, participando del compromiso eclesial y doctrinal, misionando al servicio de los necesitados de luz en la oscuridad, a partir del concilio vaticano II hasta ahora, en el ob-audire de la obediencia a Cristo y a la Iglesia, (Reflexiones sobre la renovación teológica, En conversación con Monseñor Piero Coda, secretario de la Comisión Teológica Internacional, 27 de julio de 2023).
Hay bastantes circunstancias teológicas y pastorales donde puede suceder esta evangelización como el arte, la cultura, las ciencias, los cantos litúrgicos, las procesiones, las peregrinaciones, convivencias, retiros, donde acontece la evangelización, la inter pastoralidad de la pastoral de conjunto, los movimientos, comunidades parroquiales, congregaciones religiosas, Asociaciones de fieles etc. El Espíritu Santo promueve, renueva y purifica continuamente la religiosidad popular, la devoción mariana
La investigación mariológica-mariana actual concentra su labor catequética kerigmática, celebrativa de nueva evangelización, para llevar al pueblo cristiano a una plenitud de unidad en la vida cristiana eclesial, partiendo de su devoción y culto mariano en sus orientaciones bíblicas, antropológicas, litúrgicas y pastorales ecuménicas (MC).
María en el kerigma primitivo
La Bienaventurada Virgen María, madre de Dios y nuestra, desde el comienzo se encuentra en el anuncio del kerigma primitivo específicamente Hechos 1, 14 y Gálatas 4, 4 (como lo precisan Juan García Paredes, María Mercedes Navarro y R.E Brown, K. P. Donfierd, J.A. Fitzmeyer, J. Reumann, en su estudio sobre la presencia de María en el Kerigma Primitivo, María en Gálatas y Hechos: https://es.scribd.com/document/529728490/Mari-a-en-el-kerigma-primitivo-Mari-a-en-Ga-latas-y-Hechos-final-docx).
Hay mucho que cuestionan la importancia de lo mariológico mariano o a causa del exceso de un marianismo espiritualista en el mundo católico, o a causa del reduccionismo de otras denominaciones e iglesias cristianas, cuando se niega la dogmática mariológica en su plenitud en correlación con el misterio de Cristo y de la Iglesia. En realidad, ha sido y es siempre una cuestión de interpretación y de aceptación del rol maternal de María en referencia a la eclesiología correspondiente, (la teología de la Iglesia), y en relación con la pneumatología (la teología del Espíritu Santo), y ambas disciplinas subyacentes a la eclesiogensis cristológica, (la Teología de Cristo), desde el comienzo y en el desarrollo de la doctrina de la iglesia. Por esto la catequesis mariológica y mariana tradicional de los Padres de la Iglesia, siempre ha sido expresión del apoyo a la catequesis kerigmatica mariológica original que brota de los textos vetero y neotestamentarios.
Esto implica entonces que también María, a igual que Cristo y los discípulos luego, fue también punto de discusión en el contexto de la iglesia primitiva, en los primeros anuncios y enseñanzas acerca de su maternidad divina eclesial y participación al misterio pascual y el lugar de ubicación definitiva: Nazaret, Jerusalén, Éfeso. Por ejemplo, solo el evangelio de Juan la ubica al pie de la cruz. ¿Qué significado pueden tener estas referencias mariológicas en san Juan el discípulo amado?
Esta clave kerigmatica catequética celebrativa, solo se comprende desde el acontecimiento correlativo de las bodas de Cana (Jn 2, 1-12), que también son interpretadas como una catequesis mistagógica pre eucarística con el signo del agua-vino-sangre, signo unido luego al signo sacrificio de la cruz y la madre a su pie, donde en ambas está presente la maternidad intercesora participativa de comunión y misión eucarística maternal desde el cielo.
Consideramos que a partir de su gloriosa Asunción en cuerpo y alma glorificados (Ap 12, 1-17 y Gal 4, 26-28), acontecimiento mistagógicamente velado y desvelado en la Sagrada Escritura, en la catequesis de los Padres y en el Magisterio posterior, es que se manifiesta plenamente el sentido espiritual, literal, alegórico, moral, anagógico de la Escritura, (Catecismo Iglesia Católica, n. 117), de las referencias Asociada al signo de contradicción Ella participa del destino del Hijo del hombre (Lc 2, 33-35).
En el Magníficat ella misma proclama de sí misma y de su propia maternidad: Todas las generaciones me proclamaran bienaventurada, (Lc 1, 46-56 en respuesta a cualquier duda y critica anti mariológica. A pesar de esto María ha sido y es signo de pertenencia e identidad en la fe católica desde el comienzo, en el anuncio del evangelio que la involucra al misterio de Cristo y del misterio de la Iglesia naciente.
Por una enseñanza mariológica catequética kerigmatica y mistagógica
“¿No es este el carpintero, el hijo de María y hermano de Santiago, Joset, Judas y Simón? ¿Y no están sus hermanas aquí entre nosotros? Y se escandalizaban a causa de él.” Este texto de San Marcos 6, 3, para algunos se puede interpretar de forma contradictoria como si fuera un texto anti mariológico que cuestiona, a pesar de su maternidad divina, la virginidad perpetua de María y el sentido de su maternidad espiritual que se realiza al pie de la cruz: “Es allí tu madre”, (Jn 19, 25-27).
El pueblo no podía negar de conocer los familiares inmediatos de Jesús, porque vivían con ellos, pero desconocen el secreto mesiánico y lo rechazan volviéndose hostiles. El texto de Marcos quiere en realidad poner en evidencia la controversia sobre Jesús de Nazaret, con una intención difusa del no reconocimiento y aceptación de su ser el Mesías. La respuesta de Jesús es contundente: “Un profeta solo en su patria, entre sus parientes y en su casa carece de prestigio”, (Mc 6, 4). La reflexión hermenéutica inter textual bíblica y de concordancias como Lc 4, 16-30+, son la clave de interpretación mariológica, (que implica cristológica y eclesiológica a la vez). Se realiza en el acto doctrinal, (Dei Verbum, nn. 7-10: Sagrada Escritura, Tradición, Magisterio), un movimiento que abarca lo catequético-kerigmatica-mistagógica mariológica que nos ayuda a comprender, vivir y trasmitir plenamente la maternidad espiritual de María desde la maternidad divina, que solo a la luz del acontecimiento pascual y pentecostal se pone de manifiesto.
Fue una comprensión post pascual de un hecho profetizado y pre anunciado. Así es como siempre actúa el Espíritu Santo en el corazón de los discípulos: “Lo reconocieron a partir el pan”, guiándonos de misterio a misterio de la fe. Lo celebramos en nuestra vida cristiana y sacramental y evangelizamos desde adentro hacia fuera. Todas las referencias bíblicas mariológicas responden al mismo principio catequético-kerigmatico-mistagógico que responde al crecimiento de la conciencia de la iglesia sobre la comprensión de sí misma a la luz del misterio de Cristo. En eso maría es signo escatológico y pastoral de la pedagogía divina revelada.
Solo la acción catequética kerigmatica de enseñanzas y reflexiones apropiadas, permite la comprensión potencial del texto bíblico y su valor mistagógico, litúrgico y evangelizador paro los que desconocen a Jesús. De hecho, el Catecismo de la Iglesia Católica en los numerales 500-501 nos presenta la correcta enseñanza de la María, la Madre de Dios, siempre virgen y madre de los discípulos de Cristo:
El Símbolo de los Apóstoles presenta el punto dogmático sobre María: “… Que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen…”, que fue según la tradición histórica elaborado por los mismos apóstoles (La expresión «Credo de los apóstoles» se menciona por primera vez en una carta del Sínodo de Milán con fecha de 390, refiriéndose a una creencia en esta época según la cual cada uno de los Doce Apóstoles contribuyó un artículo a los doce artículos del credo; en Wikipedia).
Ella está presente desde el comienzo en el misterio de la Encarnación redentiva: desde la concepción y el nacimiento, infancia, vida pública, y Pascua de Jesucristo y luego en el nacimiento de la Iglesia en Pentecostés, y guarda como memoria activa de la Iglesia todo en su corazón (Lc 2, 51) mientras que el Cristo interior crece en sabiduría en los corazones cristianos.
Es mencionada en los Evangelios, en la Carta a los Gálatas, en el libro de los Hechos y como figura escatológica de la Iglesia en el libro del Apocalipsis. Su presencia maternal es fuente y expresión de una catequesis kerigmatica original, modelo de anuncio y contenido del mismo anuncio que anuncia y hace presente el Evangelio (Directorio para la Catequesis, n. 58), que da a conocer la realidad de la Nueva Eva, unida al Nuevo Adán, el misterio de Cristo y de la Iglesia.
Es una maternidad mesiánica que se realiza en el cumplimiento de las promesas de los antiguos profetas, y la ley de Moisés. En específico el libro de los Hechos 1. 14 por su visión del aporte de la comunidad post pascual, nos hacen reflexionar sobre María en su dimensión de madre, discípula y madre de los discípulos, al igual que Pablo en la Carta a los Gálatas no muestra el sentido pleno de la realización de las promesas mesiánicas en la maternidad de María.
Es el misterio de María discípula misionera y primera catequista d ellos misterios de la Concepción, de la infancia, de la Visitacion y Presentación. Ella vive un itinerario catequético kerigmatico mistagógico de fe con su propia vida y persona, de madre se transforma en discípula en la visita a la sinagoga y en madre de los discípulos.
El mismo Nuevo Directorio en los numerales 55 y siguientes, nos explica la naturaleza de la catequesis «es un acto de naturaleza eclesial, (es decir realizado por la iglesia), que nace del mandato misionero del Señor «Mt 28, 19-20, y tiene como objetivo que el anuncio de su Pascua resuene continuamente en el corazón de cada persona, para que su vida se transforme, (es decir es una catequesis mistagógica y personalizada que nace del corazón evangelizado para evangelizar los otros corazones, (EG n. 163-169). Es una etapa del proceso de evangelización para los que han recibido el anuncio del kerigma del misterio de la salvación Rom 10, 14-17 y asi lograr un progresivo camino de formación e instrucción según el Espíritu (EG n. 162: Rom 8, 5). A lo largo de su vida y testimonio de fe como madre y discípula María atestigua una relación con el Espíritu Santo que la va plasmando en el camino del tiempo como aquella que movida por Dios se
Podemos comprender, como nos lo explica el Nuevo Directorio de Catequesis en el numeral 58, que el kerigma es como fuego del Espíritu Santo que se dona en forma de lenguas y nos hace creer en Jesucristo. Él nos revela con su muerte y resurrección y nos comunica la misericordia infinita del Padre (EG n. 164).
Un llamado a la actualización de la acción catequética
El documento sobre la Sinodalidad (numeral 120) tiene una sola referencia bíblica mariológica en Hechos 1, 14.
La suficiente explicación de lo que brota de este principio hermenéutico catequético kerigmatico mistagógico es que en María se realiza profundamente el pentecostés perenne de la Iglesia Semper renovanda est, y da lugar a la figura comunional de María que como Divina Pastora Madre del Buen Pastor, da un impulso de conjunto y comunión participación y misión, que se irradia desde el ámbito pastoral en la pastoral mariana propiamente dicha, de la pastoral familiar, de la pastoral educativa, de la pastoral juvenil, vocacional, sacerdotal, catequética y litúrgica, musical, de los migrantes, de los presos, de Caritas, de la pastoral de los derechos humanos, porque tenemos una madre que intercede siempre por nosotros.
¿No estoy aquí que soy tu madre, dijo en Guadalupe?, y: Vayan a los blancos para que le echen agua en la cabeza para ir al cielo, dijo en Coromoto. También las apariciones confirmadas por la Iglesia son de carácter catequético mistagógico, que corroboran, como revelaciones privadas la revelación publica para mejor inculturar el anuncio con María la perfecta catequista, discípula y misionera de la Palabra hecha carne en nuestras vidas (Nuevo Directorio n. 100).
No le tengamos miedo a la religiosidad y piedad mariana de nuestro pueblo, purifiquémoslo para renovarlo y fortalecer así la nueva evangelización con María con una autentica catequesis kerigmatica mistagógica renovada e inculturada.
María, el Espíritu Santo y la renovación de la Iglesia
La Iglesia por el Espíritu Santo, se encuentra convocada actualmente en el llamado a la sinodalidad, con María virgen, esposa y madre, para vivir nuevamente la comunicación del Pentecostés y la fuerza de la evangelización original de nuestros corazones:
“La Iglesia rejuvenece por el poder del Evangelio y el Espíritu continuamente la renueva, edificándola y guiándola «con diversos dones jerárquicos y carismáticos» [Lumen Gentium n. 4]”, (Congregación para la Doctrina de la fe, Iuvenescit Ecclesia n. 1).
Siempre la solemnidad de Pentecostés, y a lo largo de todo el tiempo litúrgico anual, viviendo un perenne Pentecostés, se vive una experiencia personal y comunitaria, eclesial, que toma fuerza en nuestro interior que promueva nuestra actuación en comunión, participando de la misión del Espíritu que procede del Padre y del Hijo, para superar confusiones, dificultades, expectativas y quejas en estos tiempos de crisis cambios:
“El Espíritu Santo mueve, consuela, reanima, ilumina, mueve, luego vendrá también la desolación, el sufrimiento, la oscuridad, pero el principio para regularse en la oscuridad es la luz del Espíritu Santo”, (C.M.Martini, Evangelizar en la consolación del Espíritu, 25/09/1997).
Con María y como María madre de la Iglesia estamos preparándonos para vivir el significado místico profundo del misterio de la fe que los discípulos de todos los tiempos viven desde el comienzo. Muy bien dijo Karl Rahner hablando de la espiritualidad del futuro, anunciaba en un escrito cargado de un cierto profetismo:
“Ahora bien, tal valor personal sólo es posible a partir de una profunda experiencia individual de Dios y de su Espíritu. Podemos decir, pues, que el cristiano del futuro será un místico o no será cristiano.” (Karl Rahner, Ser cristiano en la iglesia del futuro, Christsein in der Kirche der Zukunft, Orientierung 44, 1980, 65-67).
Nos podemos preguntar: ¿Invoco al Espíritu Santo con frecuencia, me encomiendo a su presencia en mi vida, decisiones, actuaciones, me abro sin prejuicios, a la aceptación de su estar en mi conciencia, a su luz esclarecedora para vivir en la Consolación que me ofrece? ¿Me abro a la actuación de la intuición en el Espíritu para discernir y decidir frente a los imprevistos de la vida y en la lucha espiritual cotidiana de la conversión? ¿Me inspira María, la Mujer de comunión, participación y misión, ¿con su perenne sí a la gracia del Espíritu Santo?
Anuncio, catequesis kerigmatica, celebración de vida: María y la Palabra en acto en su corazón, el Corazón de la Iglesia naciente.
El texto del libro de los Hechos nos describe el momento previo y el acontecimiento en si del evento pentecostal. Antes de ascender a los cielos ya testigos de su resurrección, los discípulos, y seguramente con María y las mujeres, estaban reunidos con el Señor, que al despedirse ante de la gloriosa Ascensión, le recomienda estar a la espera.
Así nosotros ahora, después de dos mil años, aguardamos la palabra dicha, así como María aguardaba cuidadosamente en su corazón, es decir sin descuidar los detalles, todo lo que iba sucediendo en su vida a la luz de la espera del cumplimiento (Lc: 2, 52).
Ella impregna la Palabra de Dios con la virginidad de su corazón incontaminado del error y de la duda, por la fuerza interior de su esencia femenina, maternal y creyente, para poder trasmitirla y compartirla con los demás y generar con el Espíritu esa actitud expectante de toda la iglesia a la espera entre la primera venida y la segunda venida de Cristo.
“Él les contestó: «A vosotros no os toca conocer el tiempo y el momento que ha fijado el Padre con su autoridad”, es decir, nos invita a no tener actitudes de búsqueda engañosa y curiosa buscando de investigar el futuro antes de la culminación de los tiempos prefijados, cuando se comprenda a su debido momento lo preanunciado. María no dejó nunca de esperar en su corazón de madre, siempre abierto a la presencia del Dios del amor que la ponía loca.
Podemos comprender lo que nos dice el texto que hemos referido. Es una invitación a las dos actitudes fundamentales: el reunirse y la actitud de la espera, si queremos tener una manera autentica como los primeros discípulos.
Jesús entonces después le promete: “sino que recibiréis la fuerza del Espíritu Santo, que vendrá sobre vosotros, y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra.”, (Hechos 1, 7-8).
Otro elemento fundamental: es interesante que los discípulos se dirijan al Cenáculo, lugar conocido por las reuniones entre Jesús y los discípulos, por la institución eucarística en la última cena y lugar de las apariciones pospascuales a todos los discípulos.
Como hemos dicho está presente maternalmente María, junto a las mujeres y los familiares de Jesús además de los discípulos, como factor fundamental filial y fraternal de comunión en el mismo espíritu y en la misma oración adorante.
Es el cenáculo lugar de encuentro de comunión, participación, misión, frente al miedo, la duda, la angustia el desconcierto. Allí es donde los discípulos renuevan el encuentro eucarístico espiritual y comunitario que es esencial pascual y post pascual cada vez que se reúnen por la fuerza del Espíritu Santo:
“El Paráclito «que actúa ya en la creación (cf. Gn 1, 2), está plenamente presente en toda la vida del Verbo encarnado». Jesucristo «fue concebido por la Virgen María por obra del Espíritu Santo (cf. Mt 1, 18; Lc 1, 35); al comienzo de su misión pública, a orillas del Jordán, lo ve bajar sobre sí en forma de paloma (cf. Mt 3, 16 y par.); en este mismo Espíritu actúa, habla y se llena de gozo (cf. Lc 10, 21), y por Él se ofrece a sí mismo (cf. Hb 9, 14)”.
La dulzura mite, penetrante, sutil, irrefrenable de la presencia del Espíritu actuante entre los corazones, empieza poco a poco a ganar los ánimos para la perfección de una plenitud de invocación, vocación, convocación. Todo esto provoca al Espíritu a su manifestación cuando encuentra corazones dispuestos como María a su acción continua como una espada que penetra cada vez más las profundidades el corazón y así poder el espíritu trasparentar las intenciones ocultas de muchos corazones (Lc 2, 35).
¡Oh! Es el misterio pascual del amor en acción entre despedida y bienvenida, entre presencia y ausencia, entrelazando el cielo con la tierra, entre el misterio divino trinitario y la creación, guiándonos hacia su manifestación completa. Es la pedagogía del mismo Espíritu, que ocultamente se pone al descubierto, dejándose María llevar por Él.
Allí está presente la voz y el gemido escondido de su propio Hijo que clama: “Abba Padre”, (Rm 8, 14-17), y Ella con su escucha interior lo sigue fielmente, manteniendo el ritmo del amor correspondido. Así es como lo hacen las madres escuchando sus bebes arrullados en sus brazos, entre los temores de la noche oscura de la fe. Allí es donde todos aprendemos a ser hijos y hermanos en el mismo Espíritu filial que nos toca y fluye.
“En los llamados “discursos de despedida” recopilados por Juan, Jesús establece una clara relación entre el don de su vida en el misterio pascual y el don del Espíritu a los suyos (cf. Jn16, 7). Una vez resucitado, llevando en su carne las señales de la pasión, Él infunde el Espíritu (cf. Jn 20, 22), haciendo a los suyos partícipes de su propia misión (cf. Jn 20, 21)”.
El Pentecostés perenne de la Iglesia, se mantiene como llamas de fuego sopladas por el Espíritu efluente, de unas brasas que nunca se apagan desde el corazón encendido de María, la Iglesia, nosotros.
“Será el Espíritu quien enseñe después a los discípulos todas las cosas y les recuerde todo lo que Cristo ha dicho (cf. Jn 14, 26), porque corresponde a Él, como Espíritu de la verdad (cf. Jn 15, 26), guiarlos hasta la verdad completa (cf. Jn 16, 13). En el relato de los Hechos, el Espíritu desciende sobre los Apóstoles reunidos en oración con María el día de Pentecostés (cf. 2, 1-4), y los anima a la misión de anunciar a todos los pueblos la buena noticia», (Iuvenescit Ecclesia n. 11). Este es el camino mariano de la Sinodalidad para el rejuvenecimiento de la Iglesia.
Pregunta: ¿Como vivo con María, los misterios de la vida de Cristo y de la Iglesia Naciente, y como puedo descubrir el enlace amoroso y misericordioso que el Espíritu Santo va interrelacionando con el misterio de mi camino personal y comunitario parroquial y de la Iglesia Universal?
María modelo antropológico del discípulo misionero, que encarna la Palabra y es movido por el Espíritu Santo.
Se entreteje la presencia maternal de María Nueva Eva, en la comunidad primitiva de los discípulos hombres y mujeres nuevas. Meditemos con la persona de María, así como lo hizo Ella, aguardando todo en su corazón, de manera atenta, es decir como dice el Papa Francisco de las mujeres y claro de María la virgen santa Madre de Dios y nuestra:
“Es preciso valorar más su capacidad de relación y de donación, y que los hombres comprendan mejor la riqueza de la reciprocidad que reciben hacia la mujer, para recuperar esos elementos antropológicos que caracterizan la identidad humana y con ella, la de la mujer y su rol en la familia y en la sociedad, que no deja de ser un corazón latente. Y si queremos saber qué es la humanidad sin la mujer, qué es el hombre sin la mujer, lo tenemos en la primera página de la Biblia: es soledad. El hombre sin la mujer está solo. La humanidad sin la mujer está sola. Una cultura sin la mujer está sola. Donde no está la mujer, hay soledad, soledad árida que genera tristeza, y toda clase de daño a la humanidad. Donde no está la mujer, hay soledad”.
Es importante entender que el Espíritu no actúa sin la actuación y la esencia de cada persona humana, porque estamos hechos a imagen y semejanza de Dios: macho y hembra lo creó. El espíritu reunifica la persona, espíritu, cuerpo y alma, pasado, presente y futuro, vida y muerte, dolores y alegrías.
Por esto es necesaria la presencia consciente de cada uno de nosotros y así aprender a ser y hacer Iglesia en comunión con el mismo espíritu de unidad. María, como mujer, creyente, pregunta todavía, y nosotros con Ella frente a las dificultades del creer, esperar y amar: ¿Como va ser posible eso? Es necesario mirar esta actitud que María y las mujeres nos muestran. Dice a continuación el Papa Francisco:
“También ustedes como mujeres poseen ese don y esa tarea, en cada uno de los ámbitos donde están presentes, sabiendo que, sin ustedes, esos ámbitos están solos. No es bueno que el hombre esté solo, por eso la mujer. María les enseña a generar vida y a protegerla siempre, relacionándose con los demás desde la ternura y la compasión, y conjugando tres lenguajes: el de la mente, el del corazón y el de las manos, que tienen que ser coordinados”.
Se plantea la manera de cómo se establece la comunicación entre el espíritu, nuestra conciencia en el amor que despierta al corazón y activa nuestra mente. Es un lenguaje propiamente humano inspirado y activado por la acción del Paráclito consolador. El papa Francisco describe con propiedad lo que podemos aprender de María, de la mujer de nuestras madres a la luz de una verdadera comunicación activada por la presencia del espíritu:
“Lo que piensa la cabeza lo sienta el corazón y lo hagan las manos; lo que siente el corazón esté en armonía con lo que se piense en la cabeza y hacen las manos; lo que hacen las manos tengan armonía con lo que se siente y lo que se piensa. Esto lo he dicho en otras ocasiones, creo que las mujeres tienen esa capacidad de pensar lo que sienten, de sentir lo que piensan y hacen, y de hacer lo que sienten y piensan. Las animo a seguir ofreciendo esa sensibilidad al servicio de los demás.”, (La identidad antropológica de la mujer, la Virgen de Fátima y la intimidad con el Espíritu Santo según el Papa Francisco).
Así con María y como María, esposa del Espíritu Santo, Sagrario del Espíritu, signo escatológico de la iglesia redimida y glorificada, podemos aprender, uniendo mente, corazón, a vivir la presencia continua del Espíritu en el misterio de Cristo y de la Iglesia naciente.
Reconozcamos su presencia amorosa consoladora desde nuestro bautismo, nuestra confirmación, la eucaristía y la reconciliación frecuentes, en nuestra unción sacerdotal como pueblo sacerdotal y ministros del altar, en nuestra vida sacramental por la acción del Paráclito.
Él es el que nos va guiando día a día hacia la verdad completa de nosotros mismos según el camino de conversión, entrega y oblación.
Esto es la manera que vive cada uno en el ofrecimiento de sus sacrificios espirituales, unido al ofrecimiento permanente de sí mismo como María, la corredentora, y así coopera con el mismo Espíritu cooperador a la obra de la redención. Aceptarnos en Cristo, con Cristo y por Cristo, asumiendo el significado pascual de nuestras vidas.
Preguntas a reflexionar: Cuando Isabel dijo: ¿Quién soy yo para que la madre de mi Señor venga a mí?, seguramente María se recordó de lo que había discurrido con el Ángel cuando le hablaba y lo que ella silenciosamente meditaba en su corazón: ¿Quién soy yo, quien es Dios para mí? ¿Quiénes son los otros para mí? ¿Qué significado tiene mi vida hoy, acá donde me encuentro, que me pide el espíritu para seguir en mi camino de conversión personal, pastoral, social? ¿De qué manera coopero a la obra redención?
LA PRIMACIA DE LA GRACIA
María modelo antropológico del ser persona in gratia
María la mujer, llena de gracia, bendita entre todas las mujeres nos ayuda a comprender el significado y la realización por obra y gracia del Espíritu Santo del itinerario catequético y mistagógico kerigmatico, que Ella misma vive como discípula y misionera de la Palabra hecha carne, en la realización de la gracia y de la cooperación a la gracia de su propia vida.
María desconoce conscientemente la gracia, sola la vive. Es en el anuncio del Ángel cuando ella la reconoce al reconocerse a sí misma: cómo va a ser posible esto. Recibe el don de si misma que se la había dado desde el momento de su concepción.
En toda maternidad humana es el hijo que se reconoce a si mismo reconociendo a su madre legitima en el orden natural. Jesús en el orden sobre natural se manifiesta a si mismo como el Hijo del Padre dado que el Padre lo manifiesta a todos como su propio Hijo: Tú eres mi hijo yo te engendrado hoy… dice el salmo 2, 7. Jesús se reconoce a si mismo como el Hijo del Padre y de María. Es Él quien revela a su propio padre y a su propia madre, reconociéndose en cada uno de ellos, amamantándose dulcemente de sus pechos, alegrándose de su ternura, del perfume maternal de su olor femenino entre caricia y sonrisas y del sabor paternal del abrazo divino.
María de su parte se reconoce a sí misma, agraciada por Dios, como aquella que ha recibido una donación de Dios inmerecida, por la misericordia del Padre, y no por propios esfuerzos y méritos, sino como fruto de la bondad del Padre que nos regala a su propio hijo para que todos recibiéramos la condición de hijos por el Espíritu de filiación (Gal 4, 6). Y por eso su alma se alegra y proclama la grandeza del Señor, porque ha hecho maravillas.
Podemos decir que María comienza en la Encarnación el camino de la redención, aceptando la economía de la gracia en su persona, unida al deseo de la redención de los hombres por los cuales su hizo se hizo hombre en su seno: Hágase en mi según tu palabra. Esto motiva la entrega total de su ser como mujer virgen y esposa y madre, involucrando a José de su condición de castidad en el mismo misterio de esponsalidad mesiánica de ambos.
Desde el comienzo María experimenta el misterio de la presencia del Padre en el Hijo por el Espíritu Santo, misterio del amor hecho carne.
Para adentrarnos en la primacía de la gracia en la labor evangelizadora, pastoral y litúrgica de la Iglesia es importante comprender la relación entre Jesús, lleno de gracia y de verdad (Jn 1, 14), y María la llena de gracias (Lc 1, 26) y de María con las mujeres, los discípulos y los familiares de Jesús en el Cenáculo (Hechos 1, 14), es indudablemente necesaria la relectura del misterio de Cristo y del misterio de la Iglesia a partir de este enfoque con la acción del Espíritu Santo
Podemos puntualizar un esquema sencillo partiendo de las referencias neotestamentarias de carácter mariológico, acompañado por la visión mistagógica y espiritual de la figura femenina bíblica y universal a la vez en el contexto cristocentrico y ecelsiotipico emergente desde los acontecimientos y lugares de la vida cotidiana de María que denotan la presencia y la acción del Espíritu de un proceder de gracia en gracia, guardando todo en su corazón (Lc 2, 51):
Unas conclusiones desde esta relectura de la persona de María:
La primacía de la gracia y María
Según el derecho civil laboral se explica que: “el principio de primacía de la realidad significa preferir los hechos que ocurren en la realidad, antes que las descripciones en documentos (como apariencia)”,
(https://lpderecho.pe/principio-primacia-realidad-definicion-explicacion-teorica practica).
En el lenguaje teológico el principio de primacía se refiere al misterio originante y original de la gracia de la salvación que por Cristo todos recibimos y por lo cual todos vivimos.
“La noción “primacía de la gracia”, usada por el magisterio pontificio más reciente, es de capital importancia para la vida cristiana y la acción evangelizadora de la Iglesia. Leída de cara a los desafíos del mundo actual y en el contexto de la renovación de la teología de la gracia, plasmada en el mismo magisterio pontificio, esta “primacía”, desde su significación teológica y antropológica, nos permite comprender el modo cómo Dios, comunión vida en el amor, se nos acerca y se hace presente en el mundo, para impulsarnos a construir la historia en el bien y en la verdad.”, (Tibaldo Zolezzi, La “primacía de la gracia”, principio esencial de la visión cristiana de la vida, Teol. vida vol.59 no.3 Santiago 2018, http://dx.doi.org/10.4067/s0049-34492018000300373).
El articulo mencionado tiene una excelente bibliografía de varios documentos pontificios donde se cita la primacía de la gracia, el Espíritu Santo, la evangelización entre otros complementarios, se citan algunos a modo de referencia sobre el tema tratado por el autor:
“San Juan Pablo II se refirió a ella como a un “principio esencial de la visión cristiana de la vida”, Novo Millennio Ineunte, 38: AAS 93 (2001) 293; Evangelii Gaudium, 112: AAS 105 (2013) 1066; Pastores Dabo Vobis, 36; Pastores Gregis, 12; Benedicto XVI, Carta Apostólica, San Juan de Ávila, sacerdote diocesano, doctor de la Iglesia universal.
También apareció en la Relatio synodi de la III Asamblea General Extraordinaria del Sínodo de los obispos, celebrada en octubre de 2014 (cfr. Relatio synodi 2014, 31: AAS 106 [2014] 899); Fijamos nuestra atención en el magisterio pontificio de los últimos cincuenta años, tal como se ha expresado en el conjunto de las encíclicas escritas desde el pontificado de Pablo VI (Ecclesiam Suam, 1964) al de Francisco (Laudato Si’, 2015), también damos especial consideración a aquellos documentos en que aparece explícitamente la expresión que centra este trabajo; Evangelii Gaudium, 53; Laudato Si’, 115-123; Evangelii Gaudium, 94; Congregación para la Doctrina de la Fe, Carta Placuit Deo, 2-4. Gaudete et Exsultate, 35-62; Evangelii Gaudium, 93-97; Dominum et Vivificanten, 54; Gaudete et Exsultate, 50.”, (Ibid. Tibaldo Zolezzi, La “primacía de la gracia” …, Bibliografía General).
María la primacía de la gracia en el anuncio kerigmatico
La presencia hermenéutica de la B.V. María emerge en las Sagradas Escrituras desde los distintos núcleos bíblico-teológico-interpretativos, que la van configurando de una manera diacrónica progresiva, revelativa narrativa y sincrónica, al mismo tiempo, relacionada al misterio de Cristo y de la Iglesia. Es un desarrollo Cristo céntrico fundamentado en la revelación de quien es el Mesías anunciado y realizado y Ecelsiotipica, es decir en plena relación con el misterio del Padre en el Hijo por el mismo Espíritu con su maternidad en el orden de la gracia.
Su relación con el misterio de la Encarnación Redentiva es prefigurada en el Antiguo Testamento en Genesis 3, 15, de cuya descendencia vendría aquel que le pisaría la cabeza a la serpiente, en los profetas, en los salmos como la realización de la Hija de Sion, luego en los evangelios en el núcleo de los evangelios de la infancia de Lucas y Mateos, y unida al misterio pascual en el evangelio de San Juan en Cana de Galilea, al pie de la cruz, y en la Apocalipsis con la figura eclesial de María, la mujer vestida de sol, cuyos hijos son perseguidos por el dragón (Ap 12, 1-17)
Según varios autores se puede hablar de un núcleo del kerigma primitivo mariano en relación a luego en de los sinópticos de la presencia de María en la sinagoga en Marcos 3, 31-35, en el Libro de los Hechos 1, 4, 14 es decir en Pentecostés a la espera del Espíritu Santo, en la Carta a los Gálatas 4, 4-6 que presenta de forma condensada el misterio del kerigma inicial en seis pasos revelativos escatológicos que ponen en evidencia el camino de la gracia en el proceso performativo personal de María:
Jesús se enfrenta en su obrar y en su predicación a dos retos fundamentales de su contexto bíblico histórico: los paganos y los judíos incrédulos. Los Apóstoles además de seguir las huellas del maestro en su apostolicidad y discipulado se encuentran también con un tercer desafío: los neo conversos, su originalidad neo cristiana en un ambiente cultural diferente.
El Espíritu Santo que nos mueve a todos desde la valoración de la importancia del anuncio de kerigma, conduce a la iglesia progresivamente a redescubrimiento de la preminencia de la gracia en el anuncio kerigma, la catequesis kerigmatica y la celebración de la vida cristiana.
Y de allí la gradual importancia que adquiere la figura de María la llena de gracia es decir la agraciada y la agraciante que muestra el camino de la gracia y en el proceso de evangelización in crescendo y así responder a las necesidades apremiantes de la obra de la salvación in crescendo hasta que Cristo vuelva. En María, como en toda la Iglesia, se da el movimiento dinámico en el Espíritu de la gracia, entre recepción, donación y colaboración que promueve la colaboración a la gracia en proceso de conversión personal, pastoral, social que promueve la solidaridad, la comprensión, la acción evangelizadora desde la iniciativa del plan de salvación de Dios, los frutos del Espíritu Santo en el Pueblo de Dios y el verdadero camino interior de la pastoral de la santidad y de la santificación.
LA PASTORALIDAD DE LA IGLESIA CON MARÍA
Jesús es el Buen Pastor que nunca deja solas sus ovejas encomendadas en el camino de Sinodalidad en Comunión, Participación y Misión. María y la comunidad de discípulos siempre estuvieron a su lado, aun en el momento crucial de la cruz (Jn 19, 25) y luego en las primeras persecuciones. Desde el comienzo María acompaña a los hijos de la Iglesia en la lucha frontal entre el bien y el mal hasta que Cristo vuelva.
Es la presencia de la preminencia de la gracia que permanece hasta la parusía (Ap 12, 1-17). Por eso la dimensión mariana de la evangelización es profundamente pastoralista, es decir fomenta la iglesia desde su originalidad y esplendor inicial y la renueva continuamente entre dolores y de alegrías como el parto de la mujer a la espera del parto cósmico (Rom 8, 22-23).
Con María en el Pentecostés desde siempre y en la Pastoral Sinodal de la Iglesia
Para los Apóstoles y de los discípulos, María es garantía de unidad con Cristo por su maternidad divina y espiritual, es punto de referencia de la acción del Espíritu Santo a nivel singular personal y a nivel eclesial, en la Anunciación Encarnación, en el misterio pascual y en Pentecostés, es motivo de animación espiritual en la oración en común, en la unidad entre los discípulos y con Pedro.
La efusión del Espíritu Santo sobre los primeros discípulos el día de Pentecostés los encontró concordes y asiduos a la oración, junto con María, la madre de Jesús, las santa mujeres y los familiares de Jesús (cf. Hch 1, 14).
Ella era perfecta en la acogida y en el hacer fructificar las gracias singulares de las cuales fue enriquecida en manera sobreabundante por la Santísima Trinidad; en primer lugar, la gracia de ser la Madre de Dios. Todos los hijos de la Iglesia pueden admirar su plena docilidad a la acción del Espíritu Santo; docilidad en la fe sin fisuras y en la límpida humildad. María da testimonio plenamente de la obediente y fiel aceptación de cualquier don del Espíritu.
Todos los dones y frutos del Espíritu Santo se hacen presentes en la esencia de caminante en el corazón de María, que proclama las grandezas del Señor y se alegra en su espíritu, conjugándolo con el espíritu de Señor (Lc 1, 46-56). Ella es la que muestra el camino, la Odigitria, la mistagoga, la pedagoga, la catequista, es el sagrario de los misterios y tesoros divinos guardados en su interior, persona, en su vida.
El camino espiritual de María, que es el de la Iglesia toda, se mantiene en los tres pasos fundamentales que marcan la vida de la Iglesia: es primera madre del Hijo, luego discípula del Señor y al final la madre de los discípulos, ella es nuestra madre. Ella marca nuestra vida de cristianos, católicos, devotos, creyentes, misioneros, catequistas, lectores, acólitos, servidores y cooperadores del misterio de la salvación operante, viva y activa a la espera de Cristo en su venida gloriosa.
Además, como enseña el Concilio Vaticano II, la Virgen María «con su amor materno cuida de los hermanos de su Hijo, que peregrinan y se debaten entre peligros y angustias y luchan contra el pecado hasta que sean llevados a la patria feliz».
María, la eterna joven en espíritu, nos acompaña como hermana, hija, amiga, madre, en nuestro caminar diario siempre movida por el Espíritu y por eso animándonos a vivir en el espíritu, ella nos educa a compartir la gracia esperada, recibida y promovida en nuestras vidas. Así nos renovamos:
Debido a que «ella se dejó conducir por el Espíritu, en un itinerario de fe, hacia un destino de servicio y fecundidad», que «hoy fijamos en ella la mirada, para que nos ayude a anunciar a todos el mensaje de salvación, y para que los nuevos discípulos se conviertan en agentes evangelizadores».”, (Iuvenescit Ecclesia n. 24).
La B.V. Santa María es conocida como la Madre de Dios y de la Iglesia y recurrimos a Ella llenos de confianza en que, con su ayuda eficaz y con su poderosa intercesión, los carismas distribuidos abundantemente por el Espíritu Santo entre los fieles sean dócilmente acogidos por ellos y den frutos para la vida y misión de la Iglesia y para el bien del mundo.
Como madre sigue esperado y esperanzada como en Pentecostés, el parto cósmico entre dolores de parto, siempre pronta a la llegada del Señor (Rom 8, 22, ss), para la lucha espiritual de sus hijos y de la Iglesia con la victoria final (Ap 12, 1-17).
Pregunta a reflexionar: ¿Es para mí y para mi comunidad fe, la presencia orante, contemplante, de discípula, misionera de María que encarna la Palabra, un factor alentador, intercesor, motivador como Iglesia en salida, para aprender a vivir más en comunión, participación y misión?
Reencontrarse con Cristo en nuestras vidas es siempre un caminar junto con María según la moción del Espíritu Santo en nosotros y entre nosotros. Aprendamos a escuchar para ver y creer, dejándonos tocar el corazón, y así renovar nuestras promesas bautismales en este perenne Pentecostés de una sinodalidad abierta, continua, fecundada continuamente por el Espíritu.
La devoción a María Madre de Dios y Madre Nuestra, es fuertemente viva entre la gente en especial en Venezuela, y por ejemplo en la DIocesis local con la devoción a la imagen de la Divina Pastora, en la devoción Coromotana, la celebración especial de la devoción a Nuestra Señora del Carmen Patrona de la Arquidiócesis de Barquisimeto, y en los tiempos litúrgicos, especialmente en Adviento y Navidad como en Semana Santa.
Por esta razón, tomando en cuenta la importancia de esta presencia devocional y de religiosidad popular mariana se pensó en la elaboración y organización de una PASTORAL propia que uniera los movimientos y comunidades (que se definen y son marianos), integrarlos y formarlos más adecuadamente de acuerdo a la DOCTRINA CATÓLICA sobre el lugar y culto de la B.V. María madre de Dios y Nuestra.
Un potencial fuerte de Nueva Evangelización según el Catecismo de la Iglesia Católica, y el Nuevo Directorio de Catequesis, al Magisterio actual, a los documentos del CELAM, del Concilio Plenario de Venezuela, de Aparecida y de la Sinodalidad.