Arquidiócesis de Barquisimeto

Artículos semanales de formación, reflexión y espiritualidad.

El último de la fila

P. Juan Aldaz

28/02/2024

¿A quién le gusta ser el último de la fila? Por supuesto que a nadie. Generalmente, el último es el que más tiene que esperar (que pasen todos los demás) y casi siempre se queda sin nada o con las sobras.

El modo de pensar común es exactamente el contrario: es mejor ser los primeros, ganar, subir, escalar, destacarse,  tener más, poder más.

En estos días de Cuaresma, el Evangelio habla claro: Jesús transita no por la vía del triunfo sino de la Pasión, del padecer; no por la vía del encumbramiento sino por la del abajamiento, no por la vía de buscar los primeros puestos (como lo fariseos y letrados) sino por la vía del servicio.

Y esto no es fácil de entender ni de practicar.

El mismo Evangelio nos da cuenta de la actitud de la madre de Santiago y Juan, quien se acerca a Jesús para pedir que sus hijos sean colocados a la derecha y a la izquierda del Señor en el Reino de los Cielos.

Avispada la vieja, es normal que una madre quiera LO MEJOR para sus hijos y por eso ella piensa que lo mejor es estar bien conectados en “el Reino” de Jesús. Y por eso, la señora se adelanta a los demás apóstoles (no vaya a ser que sus hijos queden de últimos y no les toque nada)

Y Jesús no afloja. Confirma una vez más que seguirlo a Él es otra cosa.

O sea, nosotros que nos creemos tan buenos, que estamos convencidos que nos falta apenas un milímetro para que nos inscriban en el catálogo de los santos, estamos apenas en kindergarten con respecto al Evangelio.

No queremos estar de últimos, y si nos toca, lo hacemos de mala gana.

Pero “Jesús ha ocupado siempre el último lugar y nadie se lo podrá quitar” (San Carlos de Foucauld)

Jesús, despojándose de su toda la pompa y grandeza de su Divinidad, bajó a nosotros y no solo bajó, sino que su predilección está con los pequeños, los humildes, los pobres, los pecadores (Uf, que suerte tenemos) y para que no quede dudas, bajó hasta el fondo, hasta la Cruz desnuda de todo y de todos.

Siendo “último”, Jesús es LIBRE, porque no tiene ambiciones ni preocupaciones (de cargos, de títulos, ni de opiniones de los demás). El que es espiritualmente último, será verdaderamente rico y satisfecho… porque al final de la fila ESTÁ JESUS (y los que están “adelante” no se han dado cuenta)