Arquidiócesis de Barquisimeto

Artículos semanales de formación, reflexión y espiritualidad.

EL CANSANCIO DEL SACERDOTE

P. Pbro. Gerson Enrique Ortiz Bonilla

02/03/2026

Una reflexión sobre el ministerio sacerdotal en nuestro contexto venezolano, a la luz de la Palabra de Dios y el magisterio del Papa Francisco. Esta contemplación nos invita a descubrir cómo el descanso auténtico se convierte en camino de santificación y fecundidad pastoral.

  1. EL CONTEXTO VENEZOLANO: UN PAÍS PROFUNDAMENTE AGOTADO

Venezuela no está rota, está profundamente agotada y nosotros, como parte de este pueblo, compartimos ese agotamiento. Hay cansancios que no vienen del cuerpo sino de la historia, cansancios que nacen de sostener esperanza, miedo, pérdida y fe, todo al mismo tiempo, durante años.

El cardenal Martini, en uno de sus ejercicios espirituales dirigidos a sacerdotes se centró en el libro de Job. Todas sus meditaciones servían como una profundización y comprensión del pasaje de Lc 22:28, aplicado a la vida y ministerio del sacerdote: Ustedes son los que han perseverado conmigo en mis pruebas. Allí él comenta: “cada uno vive las pruebas de las personas que le han sido confiadas: la gente de la parroquia, los jóvenes, aquellos hacia quienes tenemos deberes pastorales específicos. Cada uno está inmerso de alguna forma en los sufrimientos de su propia gente, de sus propios hermanos, de cuantos amamos. Son todas las pruebas de Jesús el Mesías, el Hijo del hombre, cabeza del pueblo mesiánico y de la humanidad; de ellas participamos íntimamente y con todo el realismo, no únicamente con la fantasía.”

“Habéis perseverado conmigo en mis pruebas”. Las pruebas no son simplemente objetivas, como si fueran piedras u ondas que se revuelven contra nosotros. Diciendo “conmigo”, Jesús las carga de un sabor distinto, subraya un aspecto afectivo, personal, muy profundo. Las sufrimos con él, amándole, en intimidad con él. Él nos pide entrar en este camino para identificarlas y comprenderlas mejor; de hecho es importante poder mirarlas cara a cara. Con frecuencia nos sentimos oprimidos, fatigados, frustrados por alguna cosa. El Señor nos invita a dar un nombre a nuestras dificultades, a enumerarlas y después a comprender cómo afrontarlas junto con él. Porque es sabiduría fundamental del hombre y del cristiano aprovechar la utilidad de las pruebas y así vivir la vida con fidelidad. Y cuanto más ama uno, cuanto más sirve y se hace disponible, tanto mayores son las pruebas. Si, por el contrario, nos encerramos en nuestro propio ambiente, si somos misántropos, si no salimos del egoísmo, experimentaremos únicamente la prueba de la frustración personal.

No es falta de fe que a veces sintamos que no podemos más. Es que hemos creído incluso cuando no había respuestas visibles. Hemos confiado cuando el suelo temblaba. Hemos esperado cuando el cansancio pedía rendirse.

“Fuimos abrumados sobremanera más allá de nuestras fuerzas, de tal modo que aun perdimos la esperanza de conservar la vida. Pero tuvimos en nosotros mismos sentencia de muerte, para que no confiásemos en nosotros mismos, sino en Dios.”— 2 Corintios 1:8-9.

Cuando la Alegría se Vuelve Clandestina

La Autocensura Emocional Cuando un país vive bajo amenaza constante, la conciencia colectiva aprende que expresarse no es seguro. Alegrarse, celebrar o sentir esperanza deja de ser un derecho y se convierte en un riesgo percibido.

El Miedo a lo Bueno Desarrollamos una creencia profunda: después de algo bueno viene algo malo. Esta creencia nació para sobrevivir, pero hoy limita el disfrute, bloquea la esperanza y mantiene el cuerpo en alerta constante.

La Celebración en Silencio La alegría se vuelve clandestina, pero sigue viva. Como sacerdotes, debemos reconocer este fenómeno en nosotros mismos y en nuestro pueblo, para poder acompañar con verdad y compasión.

La Vida en Suspenso: No Habitar el Presente

Muchos venezolanos, incluyendo sacerdotes, vivimos con la sensación de que todo puede cambiar de un momento a otro. El que está en Venezuela no sabe si es momento de invertir o esperar. El que está fuera en una misión o estudios no sabe si regresar o quedarse. Al final, casi nadie habita su presente plenamente.

Psicológicamente esto se llama “fatiga por incertidumbre”. Nuestra vida está sucediendo ahora, no cuando la situación mejore. Jesús nos advirtió: “No se afanen por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal” (Mt 6:34).

Pregunta para reflexionar: ¿Qué decisión pastoral has pospuesto esperando a “ver qué pasa”? ¿Qué proyecto de evangelización espera en un cajón hasta que “las cosas mejoren”?

San Pablo nos recuerda: “Mira, ahora es el tiempo favorable; ahora es el día de salvación” (2 Corintios 6:2). No “cuando mejore la situación”, no “cuando haya más recursos”, no “cuando regrese la gente que emigró”. Ahora es el momento de ejercer nuestro ministerio con plenitud.

El Sistema Nervioso Agotado del Pastor

Manifestaciones Físicas

  • Insomnio o sueño no reparador
  • Hipervigilancia constante
  • Irritabilidad desproporcionada
  • Dificultad para concentrarse en oración o estudio
  • Fatiga permanente sin alivio
  • Problemas digestivos y tensión muscular
  • Apatía emocional progresiva

 

El Desgaste en las Diferentes Etapas del Ministerio

0-10 años de ordenación

El idealismo confrontado: Crisis de identidad sacerdotal, comparación con otros estilos ministeriales, agotamiento por querer “salvarlo todo”, dificultad para establecer límites saludables.

10-20 años de ordenación

La llanura peligrosa: Sensación de estancamiento, tentación de cinismo pastoral, cuestionamiento del impacto real del ministerio, fatiga por compasión acumulada.

20-30 años de ordenación

La sabiduría fatigada: Agotamiento acumulativo, duelo por proyectos que no pudieron concretarse, necesidad de redefinir expectativas, sabiduría mezclada con cansancio existencial.

Más de 30 años de ordenación

El testigo resistente: Limitaciones físicas evidentes, memoria de “mejores tiempos” que puede generar amargura, necesidad de pasar la antorcha sin sentirse desechado, sabiduría invaluable que debe ser honrada.

  1. FUNDAMENTO BÍBLICO: LA PALABRA QUE SOSTIENE AL PASTOR
  1. JUAN  4 UN DIOS QUE TAMBIÉN SE CANSA

El Evangelio nos presenta una imagen sorprendente en Juan 4: un Dios cansado. Jesús llega a Sicar, en Samaria, fatigado del camino, sediento bajo el sol del mediodía. Esta escena nos invita a reflexionar sobre nuestro propio ministerio pastoral y los desafíos que enfrentamos día a día.

¿Cuántas veces no nos hemos sentido exhaustos después de una larga jornada de confesiones, visitas a enfermos, reuniones pastorales y celebraciones litúrgicas? El cansancio es parte integral de nuestra vocación sacerdotal. Como Jesús, recorremos los caminos, llevando la Palabra y los sacramentos a comunidades cercanas y lejanas.

Pero el Evangelio nos revela algo fundamental: Jesús no oculta su cansancio. Se sienta junto al pozo, reconoce su sed, acepta su humanidad. Este gesto es una invitación para nosotros, pastores de almas, a no vivir con la máscara de la invulnerabilidad. Reconocer nuestra fatiga no es debilidad, sino autenticidad.

La Pedagogía Divina del Descanso

La Lección de Jesús

Jesús nos enseña una lección sencilla pero profunda: cuando estés cansado, descansa. ¡Qué pedagógica es esta enseñanza para nosotros, pastores que a menudo nos sentimos obligados a estar siempre disponibles!

El Señor mismo, siendo Dios, se permite el descanso. No es irresponsabilidad, no es negligencia pastoral: es sabiduría. No descansamos para nunca más cansarnos, sino para aprender del cansancio y continuar la entrega con renovado vigor.

Descanso Auténtico

El descanso auténtico no significa abandonar el ministerio, sino sostenerlo sabiamente. Es cultivar espacios de:

  • Oración personal profunda
  • Fraternidad sacerdotal genuina
  • Estudio y formación permanente
  • Recreación sana y humanizante
  • Cuidado de la salud integral

Todo esto no nos aleja de nuestro ministerio, sino que nos prepara para vivirlo con mayor plenitud y amor.

Descansar en Territorio Hostil

Un detalle significativo del relato de Juan 4: Jesús descansa en Samaria, territorio considerado hostil por los judíos. No espera condiciones ideales, no busca el lugar perfecto. Simplemente se sienta junto al pozo, en medio de la hostilidad religiosa y cultural que caracterizaba aquel lugar.

Hermanos sacerdotes, ¿no es esta una lección poderosa para nuestro contexto? Enfrentamos ambientes que no siempre son favorables al ministerio sacerdotal: indiferencia religiosa creciente, secularización, crisis económicas y sociales, incomprensión hacia la Iglesia, escasez de recursos materiales. A veces sentimos que ministramos en “territorio hostil”.

La lección de Samaria: El descanso auténtico no depende exclusivamente del entorno ideal. Podemos encontrar paz interior incluso cuando las circunstancias externas no son óptimas. El descanso verdadero nace de la confianza en Dios, de saber que estamos donde Él nos ha llamado a estar.

Esto no significa resignación pasiva ante las dificultades, sino mantener la paz del corazón en medio de ellas. Podemos trabajar por mejorar las condiciones de nuestro ministerio mientras, simultáneamente, encontramos en Dios nuestro verdadero descanso.

La Humildad de Pedir Ayuda

La escena junto al pozo nos revela una dimensión crucial: Jesús pide ayuda. “Dame de beber”, dice a la samaritana. No es una petición meramente simbólica; Jesús tiene sed real, necesidad real. Y no teme manifestarla a una mujer samaritana, alguien considerada “inferior” por doble motivo: género y procedencia.

Quizá esta es una de las lecciones más difíciles para nosotros los sacerdotes. Nuestra formación, nuestra función pastoral, la proyección que los fieles tienen de nosotros, todo parece empujarnos hacia la autosuficiencia. Se espera que seamos quienes damos respuestas, consuelo, dirección. ¿Cómo admitir entonces que nosotros también necesitamos?

Acompañamiento espiritual Todos necesitamos un director espiritual que nos escuche, oriente y acompañe en nuestro camino sacerdotal.

Fraternidad sacerdotal Cultivar amistades auténticas con hermanos sacerdotes donde podamos ser nosotros mismos.

Apoyo profesional No temer buscar ayuda psicológica cuando sea necesario para nuestra salud integral.

Comunión diocesana Participar activamente en los espacios de encuentro y formación que ofrece la diócesis.

Pedir ayuda no es señal de debilidad sino de madurez humana y cristiana. Es reconocer que somos vasos de barro que portan un tesoro, pero que el vaso también necesita cuidado.

  1. JEREMÍAS 12:5 — EL ENTRENAMIENTO DIVINO DEL PASTOR

“Si los que corren a pie han hecho que te canses, ¿cómo competirás con los caballos? Si te sientes confiado en una tierra tranquila, ¿qué harás en la espesura del Jordán?” — Jeremías 12:5

La Queja del Profeta Jeremías llegó a Dios con su queja legítima: “¿Por qué prosperan los malos mientras yo sufro por ser fiel?” Había sido traicionado por su propia familia, rechazado por su pueblo. Esperaba consuelo inmediato, una solución rápida.

La Respuesta Divina Dios le respondió con una pregunta desconcertante que redefine toda comprensión del ministerio. La respuesta divina no fue eliminar el problema, sino revelar la magnitud de la misión. Los conflictos actuales eran apenas el entrenamiento para batallas mayores. Dios no minimizaba su dolor presente, pero lo situaba en una perspectiva más amplia: “Esto es solo el comienzo de lo que te he llamado a vivir.”

Los de a Pie versus Los Caballos

Los de a Pie Representan nuestros desafíos cotidianos: la agenda sobrecargada, las críticas de feligreses, los conflictos en el equipo pastoral, la soledad del presbiterio, las dudas personales que nadie ve.

Los Caballos Simbolizan las pruebas mayores que Dios permite para purificar nuestro ministerio: crisis de fe más profundas, persecuciones reales, el martirio blanco de la entrega total, el despojo de toda seguridad humana.

La pregunta de Dios a Jeremías es también para nosotros: Si te agotas administrando una parroquia tranquila, ¿qué harás cuando te envíe a un contexto hostil? Si te cansas con las críticas pequeñas, ¿cómo enfrentarás la oposición sistemática?

Pero aquí está la clave: Dios no hace estas preguntas para desanimarnos, sino para fortalecernos. Nos dice: “Confío en que, con mi gracia, puedes más de lo que imaginas. No te subestimes. Yo te estoy preparando para algo grande.”

  1. JUAN 21:11 — LA RED QUE NO SE ROMPE

“Subió Simón Pedro y sacó la red a tierra, llena de ciento cincuenta y tres grandes peces; y aun siendo tantos, la red no se rompió.”

 Esta escena está cargada de simbolismo para nuestro ministerio. Pedro, después de haber negado a Jesús, vuelve a su oficio original: la pesca. Jesús le da una instrucción aparentemente absurda: echar la red después de una noche de fracaso total. El resultado es abrumador: 153 grandes peces.

Pero lo verdaderamente milagroso no son solo los peces, sino que “la red no se rompió”. Aquí está el secreto del ministerio fecundo: no es la habilidad del pescador, sino la resistencia de la red. Y esa red somos nosotros, tejidos por la gracia de Dios.

La Tensión sin Ruptura Como sacerdotes, constantemente sentimos que la red va a romperse. Las demandas pastorales son tantas, las expectativas tan altas, las necesidades tan urgentes. Sentimos el peso de 153 grandes peces tirando de nosotros en direcciones opuestas.

La Promesa de Dios Pero Dios nos dice: “La red aguanta porque no está tejida solo con tus fuerzas humanas. Está entrelazada con hilos de gracia divina. Puedes estirarte sin romperte porque Yo soy quien sostiene la estructura.”

 

  1. HEBREOS 4:7 — ESCUCHAR SU VOZ HOY

“Ojalá escuchemos hoy su voz. No endurezcan sus corazones.” — Hebreos 4:7

El autor de Hebreos nos confronta con una invitación urgente: entrar en el descanso de Dios. Pero este descanso no es algo futuro, reservado para el cielo. Es una realidad presente, disponible “hoy”. La palabra clave es “escuchar”. El descanso comienza con la disposición a oír la voz de Dios en medio del ruido ministerial.

La Ilusión del Control Creemos que si dejamos de preocuparnos o de actuar frenéticamente, todo se desmoronará. Nos cuesta soltar el timón y confiar en que Dios es el verdadero Piloto.

El Corazón Endurecido El cansancio acumulado, las decepciones pastorales, las heridas no sanadas crean una costra que nos impide escuchar esa voz suave y delicada del Espíritu Santo.

La Tiranía del Hacer Vivimos en una cultura que mide nuestro valor por nuestra productividad. Descansar se siente, erróneamente, como perder el tiempo o ser irresponsables.

El Ruido Interno A veces el obstáculo no está afuera sino adentro: la ansiedad que no cesa, los pensamientos repetitivos, las preocupaciones que giran en círculo ahogan la voz de Dios.

  1. MARCOS 6:30-44 — EL DESCANSO INTERRUMPIDO

Los apóstoles regresan de su misión intensa, agotados, sin tiempo ni para comer. Jesús, con empatía total, les dice: “Vengan conmigo a un lugar solitario y descansen un poco.” Es el plan perfecto: un retiro, silencio, restauración. Pero al bajar del bote, hay miles de personas esperándolos. El descanso planeado se convierte en jornada de trabajo extendida.

Esta escena es profundamente familiar para todo sacerdote. Planeamos un día libre, un retiro espiritual, unas vacaciones merecidas. Y justo entonces: una llamada urgente, una crisis pastoral, una necesidad que “no puede esperar”. Nuestro primer impulso es la frustración: “¿Por qué, Señor? ¿No ves que necesito descansar?”

La lección revolucionaria: El verdadero descanso no siempre es ausencia de actividad. A veces, el verdadero descanso es estar con Él, sin importar las circunstancias externas. El trayecto en el bote, aunque breve, fue ese momento de intimidad. El descanso comenzó no cuando llegaron a tierra, sino cuando Jesús los apartó.

Paradójicamente, servir desde la gracia puede ser más revitalizante que dormir desde el agotamiento. Cuando nuestro servicio fluye de la compasión de Cristo en nosotros, no nos vacía sino que nos llena. Este es el descanso del amor: encontrar gozo en el don de sí mismo.

III. EL MAGISTERIO DEL PAPA FRANCISCO: CLAVES PARA EL SACERDOTE

Tres Rostros del Cansancio Sacerdotal

En su homilía del Jueves Santo de 2015, el Papa Francisco identifica tres tipos de cansancio que experimentamos los sacerdotes. Cada uno tiene sus características propias y requiere una respuesta diferente. Estos tres cansancios no son excluyentes, sino que a menudo se entrelazan en la vida del sacerdote.

El Cansancio de la Gente Fatiga fecunda que surge del contacto directo con el pueblo de Dios. Es el cansancio lleno de frutos y de alegría, con olor a oveja y sonrisa de padre.

El Cansancio de los Enemigos Fatiga del combate espiritual. El demonio y sus secuaces trabajan para acallar la Palabra. Este cansancio es más arduo porque incluye defender al rebaño.

El Cansancio de Uno Mismo La fatiga peligrosa. Es la desilusión de uno mismo, el “querer y no querer”, el coquetear con la mundanidad espiritual. El más peligroso de todos.

  1. El Cansancio de la Gente: Fatiga Fecunda

Un Cansancio Lleno de Vida

Francisco describe este cansancio como “el bueno, cansancio lleno de frutos y de alegría”. Es el agotamiento que proviene del contacto directo con el pueblo de Dios: las familias que traen a sus niños, los enfermos que buscan consuelo, los jóvenes que se entusiasman, las parejas que se preparan para el matrimonio.

El Evangelio dice que Jesús, rodeado de multitudes, no tenía ni tiempo para comer. Pero lejos de hastiarse, parecía renovarse. Este es el misterio del amor pastoral: cuando se sirve con el corazón, el contacto con la gente no nos vacía sino que nos llena.

Olor a Oveja y Sonrisa de Padre

“Es el cansancio del sacerdote con olor a oveja…, pero con sonrisa de papá que contempla a sus hijos o a sus nietos pequeños.” — Papa Francisco

No es el agotamiento del burócrata encerrado en su oficina, ni del clérigo distante que mira desde arriba. Es el cansancio del pastor que ha estado entre sus ovejas, que ha compartido su vida, que huele a ellas porque ha vivido con ellas.

  1. El Cansancio de los Enemigos: Fatiga del Combate

Francisco nos habla de un segundo tipo de cansancio: “el cansancio de los enemigos”. El demonio y sus secuaces trabajan incansablemente para acallar o tergiversar la Palabra de Dios. Aquí el cansancio es más arduo porque no sólo se trata de hacer el bien, sino de defender al rebaño y defenderse uno mismo contra el mal.

Este combate espiritual agota de un modo particular. El maligno es más astuto que nosotros y puede destruir en un momento lo que construimos con paciencia durante años. Esta experiencia de ver cómo el mal deshace nuestro trabajo pastoral produce un cansancio que puede llevarnos al desánimo.

La Clave: Aprender a Neutralizar

El Papa nos ofrece una clave fundamental: aprender a neutralizar. No se trata de pretender arrancar toda la cizaña ni de defender como superhombres lo que sólo el Señor puede defender. La Evangelii Gaudium nos advierte contra “la acedia egoísta” que nos paraliza ante la espesura de la iniquidad.

La Promesa del Señor Para este cansancio, Jesús nos da su palabra: “No temáis, yo he vencido al mundo” (Jn 16:33). Esta promesa no elimina el combate, pero nos da la certeza de la victoria final. No luchamos solos ni luchamos en vano.

Descansar en la Batalla Incluso en medio del combate espiritual, podemos descansar. No es un descanso que abandona la lucha, sino que reconoce que la batalla es del Señor. Descansamos en su victoria ya consumada en la Cruz.

  1. El Cansancio de Uno Mismo: La Fatiga Peligrosa

“Y por último está también ‘el cansancio de uno mismo’. Es quizás el más peligroso.”

— Papa Francisco, Homilía Jueves Santo 2015

Los otros dos cansancios provienen de estar expuestos, de salir de nosotros mismos para ungir y trabajar. Este cansancio, en cambio, es más auto-referencial. Francisco lo describe como “la desilusión de uno mismo pero no mirada de frente”. No es el reconocimiento sereno y alegre de que somos pecadores necesitados de perdón, sino algo más oscuro y paralizante.

Se trata del cansancio que da el “querer y no querer”, el haberse jugado todo y después añorar los ajos y las cebollas de Egipto, el jugar con la ilusión de ser otra cosa. A este cansancio, Francisco lo llama “coquetear con la mundanidad espiritual”.

La Nostalgia del Pasado Añorar constantemente “los ajos y las cebollas de Egipto”, soñar con una vida diferente, lamentar la elección vocacional hecha.

La Auto-referencialidad Vivir centrado en uno mismo, en las propias necesidades, en la propia imagen, en lugar de estar centrado en Cristo y su pueblo.

La Mundanidad Espiritual Buscar reconocimiento, estatus, comodidades que no corresponden al estilo de vida evangélico. Impregnarse de los valores del mundo.

La Pérdida del Primer Amor Ya no hacer las cosas por amor a Cristo y a su pueblo, sino por rutina, por obligación, o por otros motivos menos nobles.

El libro del Apocalipsis nos da la causa profunda: “Has sufrido, has sido perseverante… Pero tengo contra ti que has dejado tu primer amor” (Ap 2:3-4). Aquí está el núcleo del problema: hemos perdido el amor primero, ese amor que nos hizo decir “sí” a la vocación.

 

Pbro. Gerson Enrique Ortiz Bonilla