Nuestro camino por la vida en este mundo es un DESIERTO. Y el desierto es duro, largo, fatigoso bajo el sol, con peligros, dudas, cansancio y además, si no tenemos una dirección clara, con mucha facilidad nos perdemos y finalmente podemos morir.
Afortunadamente, en este camino por el desierto, Jesús nos ofrece una luz, una meta (eso es lo que hemos escuchado en el segundo domingo de Cuaresma, el domingo de la Transfiguración).
Cuánta gente anda por la vida, sin metas, sin dirección, sin sentido.
Y cuando esto pasa, aparece un gran peligro: la idolatría (Tercer domingo de Cuaresma). La idolatría, en cualquiera de sus formas, es una búsqueda de seguridad.
Los relatos bíblicos son bien claros. Cuando el pueblo se sintió solo en el desierto, inmediatamente buscó fabricarse un ídolo, para darle sentido a su soledad y sentirse seguros.
El problema es que cuando elegimos cualquier idolatría, inmediatamente Dios se retira, desaparece, porque el ´ídolo ocupa su lugar.
Idolatramos (consciente o inconscientemente) muchos ídolos: personas, cosas, lugares, incluso aparentemente “buenas”.
Cuantas veces, aun dentro de la Iglesia, caemos en la idolatría de personas, grupos, movimientos, espiritualidades, formas de hacer… como los judíos idolatraban “el templo” y habían convertido el culto en un ídolo comercial.
Y eso nos roba la paz, porque los “ídolos” (artísticos, sociales, políticos, religiosos, familiares, virtuales) son exigentes, nos consumen, nos manipulan, nos esclavizan y nos hacen sentir (hasta casi convencernos) que sin ellos no podremos vivir.
Los ídolos (que nos hacemos o que otros nos hacen) deben caer, porque son mentirosos. Y Toda idolatría (en el fondo) es diabólica y muy, muy sutil.
Pero cuando los ídolos caen, solo entonces, aparece la libertad y aparece el VERDADERO rostro de Dios, que no esclaviza ni oprime, sino que libera. “PARA SER LIBRES NOS LIBERÓ CRISTO” (Gálatas 5,1)
Te invito a que descubras, en el desierto de tu vida, ¿qué ídolos (cosas, personas, actividades) te tienen atrapado, manipulado, asfixiado?
Aplica las reglas de discernimiento (san Ignacio de Loyola) para que desenmascares a los ídolos de tu vida.
Sigue a Jesús, que te acompaña (Transfiguración) en el desierto, y llegarás a la meta.
No tengas miedo a la libertad.