Es una invitación que brota del corazón mismo de Dios: la llamada a construir juntos la Iglesia que Él sueña. La Comunión no es una tarea que debemos fabricar con nuestras fuerzas — es un don que ya hemos recibido y que estamos llamados a vivir con más plenitud cada día. Como el ciego de Jn 9, el Señor se acerca a nosotros, nos toca con sus manos y nos dice: “Ve a lavarte a la piscina de Siloé.” El camino está abierto. La sanación es posible.
Ver · Sentir · Actuar: El Don de los Ojos Nuevos
El relato del ciego de nacimiento (Jn 9:1–41) no es solo un milagro — es el espejo donde Dios nos invita a mirarnos con ternura y honestidad. Los discípulos que caminaban junto a Jesús tampoco veían al ciego. Estaban ocupados buscando culpables: “¿Quién pecó, él o sus padres?” Pero Jesús hizo algo distinto: vio, sintió compasión y actuó. Esa es la gracia que el Señor nos ofrece hoy — ver con sus ojos, sentir con su corazón y movernos con la fuerza de su Espíritu.
Lo que Jesús vio. Un ser humano amado, una oportunidad para la gloria de Dios, un hermano que espera ser visto de verdad. La invitación del Plan Pastoral Arquidiocesano comienza aquí: en nuestra propia mirada. Antes de hablar de estructuras o proyectos, el Señor nos pide que le entreguemos nuestra manera de ver — a los hermanos sacerdotes, a los laicos, a los que piensan diferente, a los que nos antecedieron en el ministerio.
Reconciliación y Conversión: La Piscina de Siloé que nos Espera
“Con tu acción eficaz puedes conseguir, Señor, que el amor venza al odio, la venganza deje paso a la indulgencia, y la discordia se convierta en amor mutuo.”
— Prefacio de la Reconciliación II
La Comunión no es una estrategia pastoral ni un eslogan diocesano. Es la naturaleza más profunda de la Iglesia, anclada en el amor trinitario. No la fabricamos — la recibimos como regalo de Dios. El Concilio Vaticano II nos recuerda que la Iglesia es “pueblo reunido en virtud del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo” (LG 4). Todo hunde sus raíces en la Trinidad: en ese amor que se da, se recibe y se comparte sin reservas. Esa es la fuente de la que bebemos, y esa es la razón por la que la Comunión es posible — no por nuestra perfección, sino por su gracia.
Las piscinas de Siloé están en medio de los pecadores, no en los templos limpios. Allí donde hay más herida y más oscuridad, allí nos envía el Señor. Y la buena noticia es que Él nos precede — ya está allí, esperándonos. La reconciliación presbiteral, la reconciliación con los laicos, la reconciliación con quienes piensan diferente: todo esto es parte de la misma obra de Dios que nos invita a participar.
El fruto de la luz (Ef 5:8–14)
Bondad en el trato cotidiano. Justicia en el reconocimiento de los dones ajenos. Verdad en la evaluación honesta de nuestra comunión real — no de la que queremos aparentar.
Sinodalidad: Que Comience en Nuestra Reunión del Clero
El verdadero laboratorio sinodal de la Arquidiócesis de Barquisimeto es nuestra reunión del clero. Si ahí no hay sinodalidad real — si no hay escucha genuina, discernimiento compartido y libertad para el disenso fraterno — no existirá en ningún otro nivel de la vida diocesana. Todo lo que vivimos entre nosotros, lo sembramos en la Iglesia. Por eso, renovar el espíritu de nuestras reuniones presbiterales es una prioridad pastoral de primer orden.
Cuando la reunión del clero está impregnada de un espíritu auténticamente sinodal, ese espíritu se derrama hacia las parroquias, los arciprestazgos y todos los espacios de la vida diocesana. El cambio no comienza en los documentos — comienza en la sala donde nos reunimos como hermanos. La propuesta concreta incluye: encuentros Inter parroquiales como celebraciones comunes de comunión visible; Asambleas Arciprestales anuales como espacios de sinodalidad real entre presbiterio y agentes de pastoral; y una Pastoral de Conjunto que comparte recursos humanos, formativos y pastorales, porque no somos competidores — somos corresponsables.
Reuniones del clero renovadas. Espacios impregnados del Espíritu sinodal — con escucha, metodología y libertad fraterna.
Arciprestazgos como comunión visible. Encuentros interparroquiales, celebraciones comunes, procesiones y una Asamblea Arciprestal Anual que evangeliza por sí sola.
Arquidiócesis: comunidad de comunidades
Desde la conversión personal y la sinodalidad presbiteral, la comunión se derrama sobre toda la Arquidiócesis y testimonia a Venezuela.
“No lo olvides: Dios es Comunión, la Trinidad es Comunión, la Iglesia es Comunión. La Comunión no es opcional — es la misión.”
Como el ciego de nacimiento, el Señor nos está formando de nuevo con sus manos. No es nuestro plan — es su obra. Nuestra tarea es ir a la piscina de Siloé cuando Él nos lo mande, y regresar con los ojos abiertos para ver a los hermanos como Él los ve. Venezuela necesita ver Iglesias donde se vive lo que se proclama — sacerdotes que se reconcilian, trabajan juntos y construyen comunión cada día. La Comunión comienza hoy. Comienza aquí. Comienza en ti.