Arquidiócesis de Barquisimeto

Artículos semanales de formación, reflexión y espiritualidad.

Vicaría de DDHH: la Iglesia en defensa de la dignidad humana - PARTE II

P. Raúl Herrera, s.j.

22/11/2023

El punto de convergencia entre la opción de fe cristiana y la opción por los Derechos Humanos está precisamente aquí: en el sentimiento que despierta ese grito en quien lo escucha y lo acoge, más allá de cualquier ideología o credo religioso. Se trata, pues, de atender en el plano existencial este sentir como raíz común que entrelaza la fe cristiana y la opción por la defensa de los Derechos Humanos.

Desde la encíclica Rerum novarum[1], pasando por las subsiguientes y teniendo como fundamento ésta, a saber: “Quadragesimo anno[2], los Radiomensajes de Pío XII[3] en medio de los terribles años de la Segunda Guerra Mundial y los de la reconstrucción de los países, profundizó la reflexión del Magisterio sobre un nuevo orden social, gobernado por la moral y el derecho,  centrado en la justicia y la paz. Mater et Magistra[4], Pacem in terris[5], la Constitución pastoral Gaudium et spes[6], Dignitatis humanae[7], Populorum progressio[8], Octogesima adveniens[9], Laborem exercens[10], Sollicitudo rei socialis[11]y la Centesimus annus[12], etc., la Doctrina Social de la Iglesia (DSI) ha sido fiel a la defensa de la vida en los procesos históricos a los largo de todos esos años. “Las enseñanzas de Juan XXIII[13], del Concilio Vaticano II[14], de Pablo VI, han ofrecido amplias indicaciones acerca de la concepción de los Derechos Humanos planteada por el Magisterio”[15].

Veamos lo que al respecto nos ha legado san Juan Pablo II en su encíclica ‘Centesimus annus’:

“El derecho a la vida, del que forma parte integrante el derecho del hijo a crecer bajo el corazón de la madre después de haber sido concebido; el derecho a vivir en una familia unida y en un ambiente moral, favorable al desarrollo de la propia personalidad; el derecho a madurar la propia inteligencia y la propia libertad a través de la búsqueda y el conocimiento de la verdad; el derecho a participar en el trabajo para valorar los bienes de la tierra y recabar del mismo el sustento propio y de los seres queridos; el derecho a fundar libremente una familia, a acoger y educar a los hijos, haciendo uso responsable de la propia sexualidad. Fuente y síntesis de estos derechos es, en cierto sentido, la libertad religiosa, entendida como derecho a vivir en la verdad de la propia fe y en conformidad con la dignidad trascendente de la propia persona”[16]

Los documentos antes señalados “constituyen los principales hitos del camino de la DSI desde los tiempos de León XIII hasta nuestros días”[17]. Detrás de ello está “la preocupación pastoral por proponer a la comunidad cristiana y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad los principios fundamentales, los criterios universales y las orientaciones capaces de sugerir las opciones de fondo y la praxis coherente para cada situación concreta”[18], procurando aclarar que no se puede avanzar en el desarrollo humano si se prescinde del mejoramiento del espíritu del reconocimiento de la dignidad de la persona.

 

Raúl Herrera, s.j.

 

[1] León XIII promulga la primera encíclica social, Rerum  novarum (1892). Esta examina la condición de los trabajadores asalariados, especialmente penosa para los obreros de la industria, quienes padecían grandes miserias. El tema central de la encíclica es la instauración de un orden social justo, en vista  del cual se deben identificar los criterios de juicio que ayuden a valorar los ordenamientos socio – políticos existentes y a proyectar líneas de acción para su oportuna transformación.

[2] Pío XI publica la encíclica Quadragesimo anno con motivo del cuarenta aniversario de la Rerum novarum, en medio de la gran depresión ecónomica de 1929 y del afianzamiento de los regímenes totalitarios en la Europa de la posguerra, a la vez que se agudizaba la lucha de clases. La encíclica advierte la falta de respeto a la libertad de asociación y confirma los principios de solidaridad y colaboración para superar las antinomias sociales.

[3] Cf. Pío XII, Radiomensajes navideños: sobre la paz y el orden internacional, de los años 1939: AAS 32 (1940) 5-13; 1940: AAS 33 (1941) 5-14; 1941: AAS 34 (1942) 10-21; AAS 38 (1946) 15-25; 1946: AAS 39 (1947) 7-17; 1948: AAS 41 (1949) 8-16; 1950: AAS 43 (1951) 49-49; 1951: AAS 44 (1952) 5-15; 1954: AAS 47 (1955) 15-28; 1955: AAS 48 (1956) 26-41; sobre el orden interno de la Naciones, de 1942: AAS 35 (1943) 9-24; sobre la democracia, de 1944: AAS 37 (1945) 10-23; sobre la función de la civilización cristiana, del 1º de septiembre de 1944: AAS 36 (1944) 249-258; sobre el regreso de Dios en la generosidad y la fraternidad, de 1947: AAS 40 (1948) 8-16; sobre el año del gran retorno y del gran perdón,  de 1949: AAS 42 (1959) 121-133; sobre la despersonalización del hombre, de 1952: AAS 45 (1953) 33-46; sobre la función del progreso técnico y la paz de los pueblos,  de 1953: AAS 46 (1954) 5-16.

[4] Carta Encíclica del Papa Juan XXIII. Fue promulgada el año 1961. En ella trata de actualizar los documentos ya conocidos de sus predecesores y dar un paso más en el compromiso de toda la comunidad cristiana. Los aspectos claves son la comunidad y la socialización: la Iglesia está llamada a colaborar con todos los hombres en la verdad, en la justicia y en el amor, para construir una auténtica comunión.

[5] Juan XXIII. En esta encíclica se pone de relieve el tema de la paz, en una época marcada por la proliferación nuclear.  Contiene la primera reflexión de fondo de la Iglesia sobre los derechos humanos; es la encíclica de la paz y de la dignidad humana. ‘Pacem in terris’ se detiene sobre los poderes públicos de la comunidad mundial, llamados a examinar y resolver los problemas relacionados con el bien común universal en el orden económico, social, político y cultural.

[6] Esta Constitución pastoral del Concilio Vaticano II, es una respuesta significativa de la Iglesia a las expectativas del mundo contemporáneo.  Aquí se muestra el rostro de una Iglesia “íntima y realmente solidaria del género humano y de su historia” (Conc. Vat.II, Const. past. Gaudium et spes, 1: AAS 58 [1966] 1026) que camina con toda la humanidad y está sujeta, con todo el mundo, a la misma suerte terrena, pero que al mismo tiempo es “como fermento y como alma de la sociedad, que debe renovarse en Cristo y transformarse en familia de Dios” ( Conc. Vat.II, Const. past. Gaudium et spes, 40: AAS 58 [1966] 1058).

[7] Concilio Vaticano II, declaración “Dignitatis humanae”. En ella se proclama el derecho a la libertad religiosa.

[8] Pablo VI, Carta encíclica Populorum progressio; puede ser considerada una ampliación del capítulo sobre las relaciones económico-sociales de la Gaudium et spes, con sus matices y novedades. Pablo VI considera que “el desarrollo es el nuevo nombre de la paz” (Populorum progressio, 76-80: AAS 59 [1967] 294-296). Desarrollo integral del hombre y desarrollo solidario de la humanidad. Pablo VI celebra, a partir de 1968, en la Iglesia el primer año de la Jornada Mundial de la Paz.

[9] Pablo VI (1970), escribe esta carta apostólica Octogesima adveniens con motivo de los ochenta años de la Rerum novarum. El Papa reflexiona sobre la sociedad post-industrial con todos sus complejos problemas, poniendo de relieve la insuficiencia de las ideologías para responder a ello.

[10] Juan Pablo II, con motivo de cumplirse noventa años de la Rerum novarum, publica la encíclica ‘Laborem exercens’ (AAS 73 [1981] 577-647). Esta dedicada al trabajo como bien fundamental de la persona, factor primario de la actividad económica y clave de toda la cuestión social. Presenta una espiritualidad y una ética del trabajo, en el contexto de una profunda reflexión teológica y filosófica.

[11] Juan Pablo II, conmemora el vigésimo aniversario de la Populorum progressio con la encíclica “Sollicitudo rei sociales”. En ella aborda el tema del desarrollo bajo una doble dimensión: 1. La situación dramática del mundo contemporáneo, bajo el perfil del desarrollo fallido del Tercer Mundo, y 2. El sentido, las condiciones y las exigencias de un desarrollo digno del hombre (cf. Congregación para la Educación Católica, Orientaciones para el estudio y enseñanza de la doctrina social de la Iglesia en la formación de los sacerdotes, 26, Tipografía Políglota Vaticana, Roma 1988, p. 31.)

[12] Juan Pablo II, promulga su tercera encíclica social con motivo del centenario de la Rerum novarum. La “Centesimus annus” muestra la continuidad doctrinal de cien años de Magisterio social de la Iglesia. Juan Pablo II profundizará en el principio cristiano de la solidaridad como fundamento de la organización social y política, con especial aprecio por la democracia y la economía libre.

[13] Cf. Juan XXIII, Carta encíclica Pacem in terris: AAS 55 (1963) 259-264.

[14] Cf. Concilio Vaticano II, Const. past. Gaudium et spes, 26: AAS 58 (1966) 1046-1047.

[15] Conferencia Episcopal de Venezuela;  “Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia”,  p. 102-103.

[16] Juan Pablo II, Carta enc. Centesimus annus, 47: AAS 83 (1991) 851-852; cf. También Id., Discurso a la Asamblea General de las Naciones Unidas (2/10/1979), 13: AAS 71 (1979) 1152-1153.

[17] Conferencia Episcopal de Venezuela;  “Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia”,  p.75.

[18] Congregación para la Educación Católica, Orientaciones para el estudio y enseñanza de la doctrina social de la Iglesia en la formación de los sacerdotes, 27, Tipografía Políglota Vaticana, Roma 1988, p. 32