Mi conexión a Internet anda como puede, a veces hay días que funciona estupendamente, otros días anda a ratos y no pocos anda sin ganas y no anda para nada. Mi Internet parece casi humano, anda como muchas personas, incluidos tú y yo a veces
Conversando con algunas personas de Iglesia, llegamos a la comprobación de que también nuestro Internet “con Dios” sufre de similares fallas. No siempre es una conexión vibrante, llena de entusiasmo; a veces es lenta, pesada, difícil, incluso parece que “se cae”.
Y sin querer, nos puede atrapar lo que san Ignacio llama “el mal espíritu”; la “depre” espiritual.
Te comparto una clave para salir de esa situación: así como cuando a nuestro Internet le da la depresión, vamos a la casa del vecino a conectarnos; así también la salida de la desgana espiritual pasa por buscar la comunidad.
Para sobrevivir y salir adelante, es necesario el amor, ser y estar con los otros.
A quien está en depresión espiritual, quien tiene la señal caída, la presencia, el compartir y la oración DE LOS DEMAS, le puede sostener, hasta que vuelva la señal.
Más de una vez, la señal “se nos va a ir”, y esto sucede mucho cuando hay tormenta (y vaya que el mundo está tormentoso y la vida está revuelta)
Para que vuelva la señal, no hay otra forma sino estar juntos, apoyarnos, para rezar, para sostenernos o simplemente para estar ahí.
Jesús lo ha dicho: “Donde dos o tres están reunidos en mi Nombre, Yo estoy allí en medio de ellos” (Mateo 18,20). Palabra de Dios, garantizada.
Al que está en soledad, en fuerte depresión psicológica o espiritual, verdaderamente caído, las palabras no le ayudan, simplemente tenemos que acompañarle, que sienta nuestro afecto (mientras oramos por él)
Y en esto, los sacerdotes (yo el primero) tenemos que aprender a saber estar. Nuestras parroquias y grupos se vuelcan mucho en las actividades externas, pero poco dedicamos al acompañamiento espiritual profundo, liberador, sanador. Y esta carencia se siente en los fieles, nuestros hermanos, porque este “arte” no se aprende en los libros.
Me confieso púbicamente: en estos días, a través de internet, un sacerdote compartió que no se sentía bien (el tipo es humano). Impulsivamente, mi respuesta fue muy “académica”, muy teórica, muy “de libro”. Luego, viendo una película del Papa Francisco, me di cuenta (utilizando una expresión muy argentina) que mi respuesta fue una perfecta “boludez”.
Una carga pesada, se lleva más fácilmente entre varios. He aquí el secreto. Procuremos que nuestras parroquias, y grupos, además de entusiastas en el hacer, sean también verdaderamente fraternales, familiares, no solo funcionales y rede-sociales.
Nadie está exento de que se caiga su señal. Muchos sufren, (también aquellos que misteriosamente experimentan la presencia del diablo, a través de obsesiones, opresiones o vejaciones, que también debemos discernir y acompañar)
Por eso, “Sobrellevad los unos las cargas de los otros. Así cumpliréis la ley de Cristo” (Gálatas 6,2)