Supongamos que alguien quisiera meterse en un equipo de futbol, pero dijera esto: “Yo quiero formar parte de este equipo, pero quiero que me dejen jugar con las manos y no quiero ser portero, porque eso es muy aburrido”
Por supuesto, eso no tiene sentido. El futbol se juega con los pies, y hasta con cualquier parte del cuerpo, menos con las manos. Si la persona en cuestión quiere jugar con las manos, tendrá otras opciones (baloncesto, voleibol, hasta balonmano o beisbol) pero futbol no. Y a nadie en el universo futbolístico se le ocurrirá cambiar las reglas solo porque alguien así lo quiere.
Lo mismo pasa con la Iglesia. Ser cristiano católico es una opción personal, una decisión. No es obligado. Pero una vez que yo entro a formar parte del “equipo”, acato las reglas y juego en conjunto. No meto autogoles ni juego “en contra”.
Volvamos al futbol. Es interesante notar que las reglas se han ido perfeccionando para mejorar el juego, pero las reglas básicas originales no han cambiado, se mantienen.
Las reglas básicas de la Iglesia católica también se mantienen, porque su fundamento es la Sagrada Escritura, que todos los católicos reconocemos y aceptamos como Palabra de Dios.
Si cambiamos las reglas, pues será otra cosa, pero no será futbol, y hasta habría que buscar otro nombre.
El “Sínodo de la Sinodalidad” no es por tanto, para cambiar las reglas, sino para “jugar” (evangelizar) mejor.
Su propósito es que todo el equipo participe, como está descrito en el primer sínodo-concilio celebrado en Jerusalén (Hechos 15, 1-33). Veamos los pasos:
Como se ve con toda claridad, en el seno de la Iglesia, la participación y la autoridad (Apostólica) funcionan en forma coordinada.
Ni es la asamblea que decide (al estilo de quien grita más o tiene más votos), ni tampoco los Apóstoles unilateralmente, sin antes escuchar, reflexionar y orar.
Y la decisión comunicada a las comunidades, expresa unas reglas: abstenerse de los ídolos y de la impureza. Reglas por supuesto, libremente obligatorias, es decir, obligatorias para todo el que libremente quiera ser parte de la Iglesia.
Algunos quieren “torcer” y entorpecer el proceso sinodal iniciado por el Papa, unos quieren ir más allá (de lo que las reglas de la Palabra de Dios permite), otros quieren ir más atrás (volviendo a reglas desactualizadas).
Lo importante es no quedarnos ahí. Es interesante que inmediatamente después de la reunión en Jerusalén, el siguiente movimiento de Pablo y Bernabé es volver a visitar a los hermanos de las ciudades donde habían proclamado la Palabra del Señor (Hechos 15,36)
Se ratifica el punto: lo importante es evangelizar, más y mejor.
Qué bonito es cuando en un equipo todos juegan y a todos se les da la oportunidad de salir a la cancha, respetando las cualidades y la posición de cada uno.
Un equipo así es más efectivo y se convierte más que un equipo, en una familia, una hermandad.
Ese es el camino que como Iglesia católica estamos invitados a profundizar. No a cambiar las reglas (que al final, no servirá para mucho), no a jugar cada uno en solitario, sino a jugar todos, para jugar mejor, para ganar más.
El futbol tiene reglas, la Iglesia también. Lo importante es jugar y ganar. Si quieres jugar, eres bienvenido. Y si no quieres, no pasa nada (tú te lo pierdes).