Arquidiócesis de Barquisimeto

Artículos semanales de formación, reflexión y espiritualidad.

Corazones Ardientes

P. Gerson Ortiz Misionero Sacerdote del Verbum Dei

09/11/2023

Hace días, escuché una canción en la radio que decía, me calentaste el cuerpo como un volcán y me dejaste el alma fría como un glaciar. La letra de esta canción, me recordaba, lo que Cleofas y su amigo expresaron, después de su encuentro con Jesús en el camino, no ardía nuestro corazón mientras nos explicaba en el camino las escrituras.  Una mirada atenta a nuestro mundo nos muestra que lamentablemente, aún hay muchos corazones fríos como un glaciar. Esa frialdad se manifiesta en las obras: guerras, divisiones, violencia doméstica, conflictos de todo tipo. Recientemente, al frente de nuestra parroquia Santa Cruz, en el sector voz de Lara, una desgracia espantosa nos conmovió a todos. Un alma fría y despiadada descargó su frialdad, su glaciar, contra la que era  la madre de sus hijos y luego acabo con su propia vida, después de amenazar con quitar la vida de sus propios retoños. Esta desgracia me ha hecho reflexionar mucho, sobre la urgencia que tiene nuestro mundo de escuchar la Palabra Viva de Dios, la única que es capaz de calentar las brasas de nuestro corazón y darle el sosiego y paz que de manera desesperada busca.

 

Como a Cleofas y a su amigo, Jesús no cesa de salir por los caminos del mundo para encontrarse con nuestros corazones y hacerlos arder con el fuego de su amor. Hoy como ayer resuenan sus palabras y deseo, he venido a prender fuego a la humanidad y cuanto desearía que estuviera ardiendo. Los Santos, que recientemente celebramos su fiesta, pueden ser descritos en las palabras del santo padre Hurtado, santo chileno, que decía, un cristiano es un fuego encendido que enciende a otros fuegos. Me consuela mucho ver a un gran número de laicos que están dejando que sus corazones ardan, y prendidos en el amor del Señor, salen al encuentro de otros corazones. Recientemente en nuestra parroquia se han abierto distintas escuelas de la palabra, es decir, espacios donde se pone el centro en Dios, en la escucha de su palabra, para dejar que ella moldee y transforme sus vidas. Esta experiencia enciende las ascuas que parecían apagadas y una vez encendidas, el dinamismo es imparable, se busca inevitablemente compartir este fuego con otros corazones.

 

A ti querido lector, te invito a que te abras al fuego de su amor, y como tantos hombres y mujeres a lo largo de la historia, seas ese fuego que enciende otros fuegos, seas como en el caso de Moises, esa zarza que arde y no se consume. Porque el fuego de Dios no calienta nuestros cuerpos y deja frías nuestras almas, sino que por el contrario, envuelve todo nuestro ser y nos hace irradiar a donde quiera que vayamos el fuego de su amor.