Vicaría de DDHH[1]: la Iglesia en defensa de la dignidad humana.
La Sociedad Mundial transita hoy hacia una verdadera comunidad de intereses y entre ellos, sin duda, el respeto pleno a los derechos de la persona, de su vida, de su dignidad, de todos esos derechos que le permiten vivir y progresar en paz, constituye un interés común. No obstante, esto ocurre en medio de situaciones difíciles y complejas en el proceso de las democracias deficitarias del planeta, y con un resquebrajamiento de los sistemas económicos de corte neoliberal aunado a las pérdidas humanas, los conflictos armados, los diálogos inconclusos por la paz, la exacerbada industria armamentista, armas de destrucción masiva, capaces de poner fin a la especie humana, el resurgimiento del marxismo de corte totalitario en algunos países, entre otras cosas; reflejan que el camino que hemos de transitar está lleno de obstáculos que dificultan la paz de los pueblos, el respeto de los DDHH y el fortalecimiento de los sistemas democráticos.
La Iglesia Católica a través de su Doctrina Social ha manifestado su solidaridad con los problemas más acuciantes de los hombres y mujeres de nuestro tiempo, y que podríamos sintetizar diciendo que ella, la Iglesia, se ha puesto al lado de las víctimas siguiendo el mandato de su Maestro y Señor, Jesucristo. En definitiva, ella ha procurado, entre luces y sombras, defender la vida digna de todos los seres humanos.
Los DDHH tienen como fundamento precisamente la dignidad de la persona humana. La Iglesia “experta en humanidad” tiene la obligación de favorecer, defender y predicar esa condición digna de todos los seres humanos, convocar a la concordia y el respeto, exigir su defensa y respeto, basados en la justicia y el derecho, la construcción de la paz y la convivencia fraterna.
Queremos hacer un acercamiento al aporte de la Iglesia a los DDHH a través de su Doctrina Social. Las encíclicas constituyen el cuerpo doctrinario que define la posición de la Iglesia Católica sobre distintos temas a lo largo del tiempo; en consecuencia, nos centraremos en su aporte al tema de los DDHH.
“El Magisterio de la Iglesia no ha dejado de evaluar positivamente la Declaración Universal de los Derechos del Hombre, proclamada por la Organización de las Naciones Unidas el 10 de diciembre de 1948, que Juan Pablo II ha definido como, “una piedra miliar en el camino del progreso moral de la humanidad”[2]. La Iglesia desde sus comienzos ha permanecido fiel al mandato de “amor al prójimo”, a pesar de sus contradicciones; a través de su Doctrina Social, desde los tiempos de la encíclica Rerum novarum de León XIII hasta nuestros días, habiendo sistematizado en un cuerpo doctrinario contenido en sus distintas encíclicas sociales que conforman la DSI.
En el Catecismo de la Iglesia Católica leemos: la Iglesia “cumple su misión de anunciar el Evangelio, enseña al hombre, en nombre de Cristo su dignidad propia y su vocación a la comunión de las personas; y le descubre las exigencias de la justicia y de la paz, conformes a la sabiduría divina”[3]. Y esto es así, porque la misión de la Iglesia es la continuación de la misma misión de Jesucristo, que “pasó por ahí haciendo el bien, sanando enfermos y expulsando toda clase de mal” (Hchs 10, 38).
Ella es “experta en humanidad”, expresión acuñada por el Papa Juan XXIII en la encíclica “Mater et magistra[4]” y posteriormente empleada por el Papa Pablo VI. ´Experta en humanidad´ significa que defiende al ser humano, del que asegura conocer su origen y su fin al ser creado imagen y semejanza de Dios. La acción de la Iglesia se encarna en la realidad histórica acompañando e iluminando, con su palabra, las distintas dimensiones humanas que en ella se expresan: “…La ley nueva del amor abarca la humanidad entera y no conoce fronteras, porque el anuncio de la salvación en Cristo se ‘extiende hasta los confines de la tierra’ (Hch 1, 8)”[5].
La Iglesia a través de su Doctrina Social busca expresar “los principios de reflexión, los criterios de juicio y las directrices de acción como base para promover un humanismo integral y solidario…”[6] Este humanismo tiene como fundamento la búsqueda de la justicia y del desarrollo humano pleno en la verdad y en el bien del destino común de todos los seres humanos. El mandamiento de amor a Dios y al prójimo, está en el centro de este humanismo. La DSI pretende contribuir a fortalecer el amor cristiano. A este propósito podemos recordar las palabras del santo Papa Juan Pablo II, en las que plantea situaciones humanas urgentes y dramáticas, a las que la humanidad en general y el cristiano en particular, deben responder desde el compromiso de fe, apoyándose en la DSI:
“¿Cómo es posible que, en nuestro tiempo, haya todavía quien se muere de hambre; quien está condenado al analfabetismo; quien carece de la asistencia médica más elemental; quien no tiene techo dónde cobijarse? El panorama de la pobreza puede extenderse indefinidamente, si a las antiguas añadimos las nuevas pobrezas, que afectan a menudo a ambientes y grupos no carentes de recursos económicos, pero expuestos a la desesperación del sin sentido, a la insidia de la droga, al abandono en la edad avanzada o en la enfermedad, a la marginación o a la discriminación social… ¿Podemos quedar al margen ante las perspectivas de un desequilibrio ecológico, que hace inhabitables y enemigas del hombres vastas áreas del planeta? ¿O ante los problemas de la paz, amenazada a menudo con la pesadilla de guerras catastróficas? ¿O frente al vilipendio de los derechos humanos fundamentales de tantas personas, especialmente de los niños?”[7].
Esta voz que clama en el desierto, sigue escuchándose hoy en el clamor de miles y miles de pobres en el planeta esperando la ayuda solidaria de sus hermanos. Es ese grito el que en definitiva nos debe mover las entrañas y todo nuestro ser, en defensa de la dignidad de las víctimas de violaciones de sus Derechos Humanos por parte del Estado. “La opción por los derechos humanos no nace de una teoría ni de una doctrina particular…La misma Declaración Universal es producto de una larga y compleja madeja de gritos y “ayes” de millones de personas a lo largo y ancho del planeta y de la historia. Es respuesta a esos gritos… Por eso será siempre un camino errado acercarse a esta lucha por la vigencia de los derechos humanos desde una teoría o desde una doctrina… deberá partir de una experiencia, de un dolor ajeno sentido como propio”[8]. A este gran desafío nos enfrentamos como Vicaría de DDHH de la Arquidiócesis de Barquisimeto.
Raúl Herrera, s.j.
[1] La Vicaría de Derechos Humanos de la Arquidiócesis de Barquisimeto está en un proceso de construcción. Desde abril de 2023, Mons. Victor Hugo Basabe designó como responsable de la misma al P. Raúl Herrera, s.j
[2] Conferencia Episcopal de Venezuela; “Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia”, Varios editores, Caracas 2006, p.101
[3] Catecismo de la Iglesia Católica, 2419.
[4] ‘Mater et Magistra’ es una carta encíclica del Papa Juan XXIII que fue promulgada el 15 de mayo de 1961.
[5] Conferencia Episcopal de Venezuela; “Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia”, Varios editores, Caracas 2006, p.18
[6] Ídem, p.19
[7]Conferencia Episcopal de Venezuela; “Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia”, Varios editores, Caracas 2006, p.19
[8] Pérez Aguirre, L.; “La opción entrañable”, Bogotá, Edic. Pailinas, 1991, pág. 3, citado por Giraldo Javier, s.j., en “Derechos humanos y cristianismo. Trasfondo de un conflicto”, edit. El Buho, (20102), Bogotá, pág. 229.