Arquidiócesis de Barquisimeto

Artículos semanales de formación, reflexión y espiritualidad.

A que no sabias esto

P. Juan Aldaz

12/08/2024

¿Sabías que en los textos del Concilio Vaticano II hay un Documento dedicado exclusivamente a los LAICOS?

Efectivamente, el PUEBLO DE DIOS está formado conjuntamente por clérigos y laicos, todos hemos sido bautizados en un mismo Espíritu para formar un solo cuerpo” (1 Corintios 12,13).

Por ello es importantísimo y necesario que TODOS hagamos conciencia de la importancia de los laicos, y esto por dos razones:

  1. Porque son MAYORIA en la Iglesia. De hecho, si vamos a los números, de 1.390.000.000 de católicos en el mundo entero, solamente 648.000 son religiosas y el clero (incluidos Obispos, sacerdotes y diáconos) 462.500.  Esto indica que el elemento laical es mayor al 99 %
  1. Porque tienen una misión ESPECÍFICA, vinculada a evangelizar las llamadas “realidades temporales”, es decir, todos los ámbitos humanos (familia, educación, cultura, deporte, política…). Para ellos es también el mandato de Jesús: Vayan por todo el mundo (Mateo 28,19)

 

¿Qué diremos de un carro con motor de ocho cilindros, al que le funcione un solo cilindro? Es imposible que camine o a lo sumo, lo hará a brincos y lentamente.

Apliquemos el ejemplo a la realidad de la Iglesia. Tenemos una gran fuerza (en los laicos), pero apagada. Por supuesto, el elemento clerical es importante, tiene su función y no la podemos descartar; pero es urgente potenciar el laicado.

No se trata solamente de darles “ministerios” (que sin duda en muchas partes son necesarios como colaboradores de los sacerdotes); ni de reducir el apostolado de los laicos a “actividades religiosas” (que también sin duda son necesarias). Tampoco es suficiente integrarse a “grupos” que terminan en más de un caso, convirtiéndose en solo gestores de actividades parroquiales o grupales.

Una verdadera promoción del laicado católico requiere:

  1. SANTIDAD: Primero que nada, como cristianos, todos los bautizados estamos llamados a agradar a Dios con una vida santa (1 Pedro 1,13-14), pues “Sin santidad, nadie verá al Señor” (Hebreos 12,14). Santidad es hacerlo todo (lo cotidiano) para agradar al Señor (Colosenses 3,23), obedeciendo a Dios y no a los hombres (Hechos 5,29). Para estar en el mundo pero no ser mundanos y dejarse arrastrar por las olas.
  2. FORMACION: en ningún ámbito puede pedirse rendimiento si no hay una buena preparación. Los laicos requieren (y tienen derecho) a una buena formación integral (bíblica, teológica, moral, espiritual, social), que los capacite para vivir profundamente su condición de bautizados y de misioneros, sin necesidad de “competir” con el clero ni de asumir papeles medio clericales. La postura de madurez en la Iglesia es que cada uno ocupe su lugar y se desarrolle como lo que es: el laico como laico y el clérigo como clérigo, ninguno encima o debajo del otro, sino un único cuerpo DE CRISTO Y PARA CRISTO.
  3.  ACOMPAÑAMIENTO: Muchos laicos, con una tremenda buena intención de servir a Dios, se sienten SOLOS. Experimentan problemas en su vida cotidiana, no pocos tienen experiencias de intimidad con Dios que requieren discernimiento e iluminación y no hallan compañeros de camino (pastores) que les escuchen y les ayuden. Esto lo insiste mucho el Papa Francisco en su primera Encíclica “la Alegría del Evangelio”, números 169-173

 

Y estos tres aspectos anteriormente señalados (santidad-formación-acompañamiento), estos sí son responsabilidad primaria del CLERO. Para eso estamos, antes que otra cosa.

Ni el clero debe volverse laico, ni el laicado debe clericalizarse. Ni tampoco “casar” una competencia entre unos y otros, tipo ¿Quién manda a quién? Los laicos no son simplemente “ovejas”, ni “súbditos” de una especie de clase inferior, ni “mano de obra”. Son compañeros de camino, cooperadores en la obra del Evangelio. TODOS hemos sido llamados por el Señor y la Iglesia brillará y será más eficaz, si cada uno ocupa su puesto, en armonía y cumple las tareas específicas que le tocan.

¿No mejorarían nuestras parroquias y la misma Venezuela con un laicado fuerte, bien preparado, espiritualmente sólido, cristianamente activo, también en el ámbito civil?

Ya lo dijo el Concilio Vaticano II (1965), y el Concilio Plenario de Venezuela (2006), pero algunos como que no se han enterado. Es buen momento para despertar y ponernos todos a trabajar.

 

P JUAN JOSE ALDAZ

UNION DEL APOSTOLADO CATOLICO