Arquidiócesis de Barquisimeto

Artículos semanales de formación, reflexión y espiritualidad.

01 noviembre- Solemnidad de todos los Santos

P. Juan Aldaz

30/10/2024

La palabra “Santidad”, como mandato, tarea y objetivo, es una palabra específicamente cristiana. Numerosos textos de la Biblia nos dicen claramente que tenemos que ser santos.

 Pero es importante aclarar los términos, para evitar desviaciones y confusiones en torno al tema.

De entrada, tenemos que dejar claro que la Santidad es un atributo de Dios. Solo Dios es Santo. Pero a continuación, debemos decir que Dios, que es Amor y Bondad Infinita, quiere comunicarnos, darnos, hacernos participar de Su Santidad.

Efectivamente, así lo decimos en la Misa: “Santo eres en verdad Señor, fuente de toda santidad (Plegaria II). Afirmamos la santidad de Dios y al mismo tiempo, reconocemos que El es la fuente de toda (nuestra) santidad.

Dicho de otra manera, Dios nos quiere santificar, hacernos santos.

Y esto por tres razones: 1) Porque todo padre (y Dios lo es de modo perfectísimo y permanente) quiere dar a sus hijos lo mejor que él tiene, sus mayores tesoros. 2) Porque Dios se glorifica (como todo padre) cuando sus hijos alcanzan metas. 3) Porque la santidad es necesaria para entrar al Cielo y poder estar plenamente con Dios.

Como hijo(a) de Dios que eres, no tengas miedo en decir “Quiero ser santo”, para dar esa alegría a mi Padre Celestial y para alcanzar mi graduación, que es el Cielo.

La santidad es una escuela, que durará toda nuestra vida en este mundo. Jesús, que es el Maestro, nos pone las diversas “materias”: los sacramentos, la oración, la lectura espiritual, las mociones y consolaciones espirituales,  los sacrificios, la cruz, los deberes que tenemos que cumplir diariamente, el servicio, las personas que nos mortifican, las enfermedades, las ocasiones de hacer el bien sin recompensa (que es amor perfecto)… todo sirve para nuestra santidad, si lo vemos con los ojos de la FE, es decir, como acción de Dios.

En dos platos: la santidad es que se cumpla la voluntad de Dios en ti y que llegues (con su ayuda) al amor perfecto. (Por eso, el camino de santidad es muy propio para cada uno, pues Dios que sabe, sabe lo que cada uno necesita para su propia santificación)

San Carlos de Foucauld lo sintetizó bellamente con su famosa “Oración de Abandono”, que alcanza la paz en el corazón:

Padre, me pongo en tus manos, haz de mi lo que quieras, sea lo que sea, te doy las gracias, lo acepto todo, con tal que Tu Voluntad se cumpla en mí y en todas tus criaturas. No deseo nada más, Padre, yo te ofrezco mi alma y te la doy con todo el amor de que soy capaz, porque deseo darme, ponerme en tus manos, sin medida, con una infinita confianza, porque Tú Eres Mi Padre”

Avanzar en la santidad es ser libre, interior y exteriormente de toda atadura (de palabras, de juicios, de cosas, incluso de personas) y verlo todo con la mirada compasiva de Dios.

Ser santo es súper emocionante, porque es ser verdaderamente original (no fotocopia, no sumiso). Por eso, los santos son a veces incomprendidos… pero terminan siendo admirados y seguidos.

Animémonos todos a ser santos… y nos vemos en el Cielo.

 

P. Juan José Aldaz