Soy optimista por una sola razón: porque Jesucristo ES REY DEL UNIVERSO.
“A Él se le dio el honor, el poder y el reino. Su Poder es eterno y no cesará. Su reino no acabará” (Daniel 7,13-14)
“Por eso Dios lo exaltó y le dio el Nombre sobre todo nombre, de modo que al Nombre de Jesús, toda rodilla se doble, en el cielo, en la tierra, en los abismos, y toda lengua proclame JESUCRISTO ES SEÑOR”. (Filipenses 2, 9-11)
Y entonces, ¿por qué las cosas en el mundo van tan mal?
Cuando un ejército se ve derrotado, sabe que ya no puede ganar la batalla, ¿qué hace? En su retirada, va destruyendo todo lo que pueda y matando todo lo que encuentre, para de alguna manera “quitarle” algo al ejército vencedor.
En esas estamos: las fuerzas demoníacas del mal saben que están perdidas y que en definitiva, no vencerán. Pero tampoco se resignarán ni se entregarán ni pedirán clemencia. En su derrota, destruirán todo lo que puedan.
Y aquí entramos nosotros, los seguidores de Cristo Rey.
No esperaremos pasivamente que el enemigo de Cristo actúe impunemente, llevando a tantos a la perdición eterna, seremos apóstoles activos, con nuestro testimonio, con nuestra palabra, con nuestra oración, con nuestros sacrificios, para salvar a muchos, que están “en oscuridad y sombras de muerte” (Lucas 1,79)
Soy optimista porque creo firmemente en la palabra de Jesús: “Yo estaré con ustedes todos los días” (Mateo 28,20) y además, sé que las pequeñas cosas son decisivas.
Un virus es algo muy pequeño, imperceptible, pero puede desencadenar una infección en el cuerpo y terminar (si no se actúa) siendo mortal.
Si una infección es detectada y se pone a tiempo la medicación adecuada, el enfermo se cura.
San Pablo nos dice que todos los bautizados formamos un cuerpo. Esto en clave católica se llama el “Cuerpo Místico”, tema muy bien tratado en la encíclica de Pio XII (29 de junio 1943).
De modo que cuando tú rezas (aunque no tengas ganas) estás fortaleciendo a todo el cuerpo místico y estás ayudando a otros miembros que tal vez están espiritualmente débiles o enfermos. Igualmente cuando te confiesas, comulgas o haces algún sacrificio.
No tienes que hacer cosas especiales. Todos, un niño, una ama de casa, un estudiante en su trabajo diario, una profesora, una estilista, una secretaria, un técnico, un médico, un chofer… también un sacerdote, un seminarista, una religiosa… en nuestra vida diaria, podemos ayudar espiritualmente a las almas.
Qué importante es que todos descubramos esta realidad del “Cuerpo Místico” que es la Iglesia. Y que pasemos a ser católicos activos, en nuestro sitio diario, ya, aquí y ahora.
De esta manera, detenemos el avance del mal y ayudamos a nuestro Señor a reinar en las almas.
Es momento de despertar, sin miedo. Despertar tomando conciencia del gran poder que tenemos como cristianos católicos, Dios y toda la Iglesia triunfante (la Virgen, los Santos, todas las almas benditas, los Ángeles y Arcángeles) están con nosotros. Y sin temor, pues “¿Quién como Dios?, Nadie como Dios”
Repito: tu oración diaria (sea poca o mucha), tus sacramentos, tus actos de amor, de paciencia, tus dolores, el cansancio del trabajo… todo eso, vale mucho. Varias santas, por ejemplo, santa Teresita del Niño Jesús o santa Faustina, nos han enseñado el inmenso valor de esas “pequeñas cosas” ofrecidas a Jesús, muchas veces sin que nadie las vea o las conozca.
¿Quieres una prueba de que eso vale mucho? Te la doy: inmediatamente el diablo intentará desanimarte al no ver resultados o que las cosas empeoran, desconsolarte, perturbarte, atribularte, ponerte obstáculos y mil tentaciones. ¿Por qué crees que lo hace? Porque no quiere que ganes almas para Jesús.
Por eso, un verdadero católico es un guerrero espiritual. Y recibirá EL PREMIO de manos de Su Señor.
Renovemos pues hoy nuestra elección: elegimos a Cristo Rey y nos consagramos en las manos de la Virgen, para junto con Ella y su Divino Hijo, acelerar la derrota definitiva de Satanás y la libertad de todas las almas.
Juan José Aldaz